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la atalaya

San Francisco (y VII)

 

Fernando Valdés Fernando Valdés
13/01/2020

Quiero explicar, contando toda esta historia poco conocida, el modo en que se produjeron algunos sucesos, ensalzados por unos y denigrados por otros, en relación con el salvamento del llamado Tesoro Artístico custodiado en Madrid durante la Guerra Civil. Los Ordeig, padre e hijo, estaban ciertamente implicados en una conspiración antirepublicana. A punto estuvo de costarles la vida a los dos. Y, aunque los tribunales de la República exoneraron al padre y condenaron al hijo, lo cierto es que el segundo se salvó por los pelos y, el primero, sufrió un atentado el mismo día de ser liberado en Barcelona y sobrevivió casi por milagro.

Tengo la impresión, llevo trabajando algún tiempo con los papeles del Servicio de Información Militar republicano, que en San Francisco el Grande no acabaron de dar con el total de la trama, y excarcelaron a gentes muy implicadas, pero muy cautas. Los Ordeig actuaban sin coordinación total con los técnicos de la Junta de Incautación. Muchos de los personajes que he citado a lo largo de estas columnas trabajaban en contra del gobierno legal de la República y quedan testimonios sobrados sobre su sistemático boicoteo de las órdenes procedentes del Ministerio de Instrucción Pública y de la Junta Delegada de Defensa. La documentación de los agentes secretos franquistas lo mencionan y, cosa curiosa, citan a quienes eran o no adictos a los rebeldes y, en paralelo, los del SIM republicano confiaban plenamente en algunos técnicos, en apariencia leales y hasta con carnet de la CNT, que en realidad pertenecían a algunas de las redes falangistas camufladas en la corrompida atmósfera de aquel confuso Madrid. Cuando acabó la Guerra solo salieron a la luz algunas de las hazañas de los quintacolumnistas relacionados con la protección del Patrimonio. Otros se callaron y lanzaron una cuidadosa cortina de humo sobre sus actividades. Al mayor de los Ordeig se le repuso en su cargo y se le concedió la Medalla de Sufrimientos por la Patria y sus cartas de aval en favor de varios de sus antiguos compañeros valieron su peso en oro.

No conocemos aún todo lo ocurrido. Me parece, sin considerar otros aspectos, que unos tuvieron la fama y otros cardaron la lana.