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ENTREVISTA

Blatter: "Teníamos un plan, pero todo se destruyó en un almuerzo en París"

El expresidente de la FIFA repasa la controvertida elección de Qatar para el Mundial 2022, sus malas relaciones con su sucesor, Gianni Infantino, y se acuerda de Maradona

SEBASTIAN FEST
13/09/2019

 

Cuando se realiza esta entrevista arde Zúrich, una ciudad que no está preparada para una ola de calor. Si ya es difícil encontrar un bar con aire acondicionado, mucho más complejo es comprender qué hace todo un expresidente de la FIFA sentado ahí, al aire libre bajo una sombrilla, en vez de refugiarse en uno de esos salones oscuros y refrigerados que tanto frecuentó durante sus 17 años como rey del fútbol mundial.

Pero Joseph Blatter no se inmuta. A sus 83 años viste unas zapatillas deportivas que generan comentarios elogiosos de un comensal cercano y unas gafas ribeteadas de un verde fosforescente. Sonríe relajado, aunque en la memoria de todos los que lo rodean esté su tormentoso final como presidente de la FIFA, del que ya pasaron cuatro años.

Hasta hace cuatro años, su vida iba de estadio en estadio, los partidos de fútbol eran el centro de su vida, más allá de las intrigas políticas que son el día a día en la cúpula de la FIFA. Hoy ve el fútbol por televisión. Sus días, dice, transcurren leyendo filosofía.

"Ya no tengo que trabajar, pero no puedo parar. Me he vuelto más filosófico, me eligieron dos veces como 'Humanista de año'. ¡Dos veces!".

-¿Más filosófico? ¿Qué hace hoy que antes no hiciera?

Me intereso muy especialmente por los humanistas y filósofos que no escribieron, pero que influyeron mucho. Confucio, Buda, Sócrates, Mahoma, Jesús... Y todos ellos tienen algo en común: nos dicen que somos ángeles de paz, que debemos ser con los demás tan amables como queremos que los demás sean con nosotros. Y algo más: no juzguemos, no somos jueces. Confucio dijo algo más que es muy interesante: si alguna vez fuiste caballo no te transformes en burro.

Blatter no da puntada sin hilo. El "no juzgues" está destinado al Tribunal Federal suizo que tiene en sus manos el caso de presunta corrupción en la elección de Qatar 2022 como sede. Y lo de no transformarse en burro es casi un acto fallido: él fue caballo, imponente corcel pese a su escasa altura, toda su vida. Es Gianni Infantino, su sucesor en la presidencia, el que hoy lo trata como si fuera burro. Y eso a Blatter le duele en el alma. No piensa olvidar ni perdonar.

-Hablemos de Michel Platini, que semanas atrás dijo que a Gianni Infantino nunca le interesó el fútbol femenino, que su entusiasmo solo es una puesta en escena. ¿Qué puede decir usted de eso? 

Me voy a abstener de formular juicios, pero es cierto que Francia hizo de este último Mundial un gran Mundial mientras Infantino estaba en Bahréin, en una conferencia de paz, junto a Jared Kushner, el yerno de Donald Trump. Dinero por paz, era el lema del encuentro. La federación palestina se quejó de que el presidente estuviera allí. ¿Qué hace el jefe del fútbol en un encuentro político económico?

-Dígalo usted, que fue presidente de la FIFA.

 No sé... Cultivar sus amistades.

-Alexander Ceferin, el presidente de la UEFA, cree que a Infantino le gusta demasiado la política. ¿Comparte esa idea?

Sí.

¿Pero no es inevitable que el fútbol y la política se mezclen?

Es totalmente normal que un fenómeno como el fútbol incluya una dimensión política. Pero el fútbol no puede inmiscuirse en la política, debe mantenerse libre de influencia política. Es cierto, sí, que eso no siempre es posible, y yo mismo lo viví el 2 de diciembre de 2010, con la influencia política para la elección de la sede del Mundial 2022 de Qatar.

-Se refiere a Francia.

Me refiero a Platini y al jefe de Estado francés. Acepto que el fútbol es un jugador en el partido de la política. ¡Un jugador! Pero el fútbol no puede dirigir la política. El nuevo presidente cree que el fútbol es una especie de director mundial, porque ve al fútbol como la mayor potencia del mundo. Y ahora está en esa idea de que el fútbol, de que la FIFA debe ser tratada al mismo nivel que una organización de la ONU, como la Organización Mundial de Comercio o la Organización Mundial de la Salud.

-Alguien podría decirle, "todo bien, señor Blatter, pero cuando usted era presidente quería el Premio Nobel de la Paz. 

Yo lo quería, pero no para mí, para la FIFA como institución.

-Si se lo daban a la FIFA habría sido usted el que lo recibiera en un escenario grandioso... 

Seguramente. Trabajamos en forma conjunta con la Fundación Nobel. Teníamos un plan, que en 2010 se eligiera una sede del Mundial en Europa, en Rusia, y otra para Estados Unidos. Apretón de manos por la paz, era nuestro lema... Ese era el plan, y fue destruido con ese almuerzo en París.

-¿Esa fue la razón? ¿El almuerzo en París entre Nicolas Sarkozy, Michel Platini y...?

El entonces heredero del trono de Qatar, que es hoy el emir: Tamim bin Hamad al Thani. 

-¿Qué opina de la situación actual de Platini?

 Su suspensión se termina en octubre. Y él dijo ya que quiere volver. Y hay que decir que la intervención de la justicia francesa por el tema 2022 no es contra él, sino contra Sarkozy. No he tenido contacto con Platini, porque cortó el contacto. Estaba convencido de que yo filtré el famoso pago de dos millones de francos suizos a la fiscalía federal suiza. Es una tontería, tampoco querría pegarme un tiro en el pie. Y es además ilógico que el caso esté en esa instancia, donde fue resuelto a nivel civil en 2011 para transformarse en penal cuatro años más tarde. Y hay muchas preguntas acerca de qué sucedió con las tres visitas del nuevo presidente a la fiscalía federal.

-¿Se refiere a Infantino? 

Gianni Infantino se reunió tres veces con el fiscal federal. De qué se habló es algo que no se sabe, no hay registros. Incluso llegó a una de ellas en un jet privado directamente desde Qatar. Entre tanto el caso ya no está en manos de la fiscalía, debido a su parcialidad. Ahora hay que empezar todo de nuevo, pero todo es incierto.

-¿Cuál es su situación con la justicia hoy? 

Se me abrió un proceso en septiembre de 2015 ante la fiscalía federal suiza, pero hasta ahora no se me tomó declaración. Lo único que sabemos es que se tomó declaración a la gente de Platini para saber cómo llegó a cobrar ese dinero, esos dos millones de francos suizos. Ese pago fue registrado en la contabilidad de la FIFA, se le descontaron las correspondientes cargas sociales y se depositó en un banco suizo. Fue un pago totalmente regular.

Blatter sigue bebiendo agua con gas de una botella que pierde pronto su frescor. Disfruta el hablar y sentar su posición. En sus tiempos de presidente de la FIFA, el equipo de prensa del ente rector del fútbol mundial buscaba reducir al mínimo sus encuentros con la prensa. Con una frase, Blatter les destruía cualquier estrategia de comunicación. "A mí me gusta hablar, pero no me dejan", dijo Blatter a este periodista antes de iniciar una entrevista "clandestina" en 2010 en Vancouver. Un tema recurrente en aquellos años era el de Diego Maradona. Y hoy vuelve a serlo.

-¿Qué recuerda del doping de Maradona en Estados Unidos 94? 

Recuerdo que lo llamaron para el control tras el 2-1 sobre Nigeria. Recuerdo cómo se lo llevó de la mano rumbo al control una enfermera rubia. Julio Grondona me llamó por teléfono y me dijo: "¿Viste lo que pasó? ¡Sortearon a Maradona!". Y yo le dije que sí, qué por qué era importante eso. "Que dios nos proteja", me dijo. 

-Pasaron ya 25 años, ¿tuvo oportunidad de conversar el tema con Maradona?

 No, nunca lo hablamos, y eso que nos vimos unas cuantas veces. Él nunca me preguntó y yo nunca le dije nada.

-Oscar Ruggeri dice que la FIFA quería a Maradona y la Argentina fuera del Mundial. ¿Pudo haber otro camino que no terminara en la sanción a Maradona? 

No sé cómo podría haberse hecho algo distinto... Maradona fue tratado de la misma manera que cualquier otro caso de doping positivo. Y para mí era un jugador fundamental, alguien que ayudó mucho al desarrollo del fútbol desde aquel gran Mundial juvenil que ganó en Japón en 1979.

Suele decirse que Blatter se casó con el fútbol, pero la verdad es que tuvo tiempo para otros asuntos además de la pelota. Se casó tres veces y tuvo múltiples parejas, y en las últimas ocasiones todas ellas fueron 30 años menores que él. Una de ellas, Barbara Käser, era la hija del entonces secretario general de la FIFA, Helmut Käser. Blatter había llegado pocos años antes al organismo rector del fútbol. Se enamoró de la hija de Käser, que se negó a asistir a la boda. Poco después de casarse con su hija, Blatter sucedió a Käser como secretario general de Havelange. Blatter también salió con Graziella Bianca, amiga de su hija y entrenadora de delfines. Fue poco antes de la boda que le envió una carta entre desgarradora y kitsch al Papa Juan Pablo II por la imposibilidad de casarse por Iglesia tras sus dos divorcios: "Dios es el dios del amor. ¿¿Es esta Iglesia también la Iglesia del amor??".

-¿Qué titular elegiría si pudiese resumir quién fue Joseph Blatter?

Eso se lo dejaría a mis miles de críticos. Solo puedo decir que en mis 41 años en la FIFA me dediqué en cuerpo y alma al fútbol. 

-¿Está en paz consigo mismo?

 Sí, me convertí en presidente a los 62 años, una edad a la que la mayoría de las personas se jubilan. Si miro hacia atrás y veo todo lo que pude vivir, lo bien que me fue, incluso físicamente, sin accidentes...

Hay una imagen de los días finales de Blatter en la FIFA, una conferencia de prensa en junio de 2015 en la que un falso periodista lanza sobre su cabeza una nube de falsos dólares. Es una imagen icónica, que sigue apareciendo en los medios con cierta frecuencia cuando la historia tiene que ver con la corrupción en el fútbol. Una imagen que le retuerce el estómago a Blatter. Sus asesores hubieran deseado prohibir la publicación ese mismo día, pero no fue posible.

-Esa foto de usted en medio de una nube de dólares falsos que caen sobre su cabeza se sigue publicando hoy. ¿Qué puede decir sobre ese momento?

Creo que es un asunto que no deja bien parados a los medios, tampoco a la predisposición de los periodistas a trabajar con seriedad el tema. Al fin y al cabo se trató de un acto al borde de la legalidad, una acción planeada por un diario sensacionalista británico. Teníamos ese día la sensación de que algo podía suceder, y por eso reforzamos las medidas de seguridad. Pero el hombre logró ingresar al auditorio de la FIFA con una credencial falsificada.

-¿Mantiene hoy contacto con gente que trabaja en la sede de la FIFA?

 Tengo contacto con gente que trabajó y que trabaja en la FIFA. También con miembros del comité ejecutivo. Dicen que todo cambió.

-Cambió... ¿para bien o para mal? 

Lo que me dicen es que antes ir a una reunión de la FIFA era una alegría y hoy es una obligación. Me lo dice gente que es hoy miembro del Consejo de la FIFA.

-¿Está decepcionado con Infantino? 

El tema Infantino está en la justicia y no puedo hablar sobre un proceso en curso. No debo ser yo quién evalúe a mi sucesor. Pero hubiera esperado más respeto y fair play de su parte, también que cumpliera su palabra. Al fin y al cabo, él me prometió que se iba a ocupar de solucionar los problemas pendientes. Lo que quiero de la FIFA, en primer lugar, es que corrija las noticias que lesionan mi honor y se restaure mi nombre.

-Usted intentó entablar contacto con Infantino, pero entiendo que no fue posible. 

Lo intenté, lo intenté. A través de terceros, escribiéndole directamente... Nada, ni una respuesta.

-Cuando usted menciona problemas pendientes, lo último que se escuchó fue acerca de los 80 relojes que le reclama a la FIFA.

 A mí lo que me interesa especialmente es que se deje de jugar con las cifras. Historias como esa que dice que junto con otras dos personas nos repartimos 70 millones de dólares. Todo eso es falso, hay que corregirlo. Lo de los relojes es una anécdota. Cuando lesionas el honor de un hombre, eso no se ve. Los relojes y otros objetos me los devolvieron en abril. ¡Ya era hora!

-¿Cristiano o Messi? Ahora puede decirlo sin problemas. 

Les dije a los estudiantes en aquella conferencia en Oxford que los dos eran muy buenos, pero que Messi era el niño soñado por cualquier madre y Ronaldo más robótico. Cristiano no estaba feliz, ¡y mucho menos el presidente del Real Madrid!

-¿Qué le dijo Florentino Pérez?

 Es que yo soy socio de honor del Real Madrid...

-¿Sigue siéndolo tras aquello? 

Sí, me han resucitado (ríe). Florentino estaba muy enojado. "¿Cómo puedes tú decir algo así cuando eres miembro de honor del Real Madrid?", me preguntó. Yo le dije que era una cuestión de gusto personal por jugadores. Se enfureció más, me dijo que debía salir de inmediato a aclarar mis palabras. Poco después tuvimos la elección del Balón de Oro. Ganó Cristiano. El fútbol es eso, pasión.

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