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EL AMBIENTE EN LAS GRADAS SAUDÍS

Al fútbol con mujeres en Arabia

Una mezcla de muchachas locales y occidentales pudieron ver el Madrid-Valencia con amigos en las gradas y no agrupadas en un reducto como hasta ahora

ALBERT GUASCH
08/01/2020

 

Queda atestiguado: había mujeres en el estadio rey Abudallah de Yeda. Occidentales y saudís. Con abaya, con velo y sin nada (en el rostro, se entiende). Dispersadas por el recinto y no agrupadas en un apartheid de género. Es raro, todo eso lo es, aunque el régimen de la monarquía absolutista de Riad presuma de que ha abierto ya de par en par las puertas a las aficionadas. El régimen, pues, cumplió con Luis Rubiales. Le dio al Madrid-Valencia una estética algo occidental y nadie se sintió incómodo.

Como era un partido raro, Toni Kroos marcó el primer tanto olímpico de la historia de la Supercopa. Suerte que por ahí pasaba Jovic y falló otra ocasión cantada de las suyas en la primera parte. Algo de normalidad. El estadio no se llenó pero todos parecían ir con el Madrid. Normal también.

Pero volviendo a las mujeres, se las vio canturreando y contorneándose en los prolegómenos con una canción de Shakira. Quizá una forma de reconocer la mediación de Kosmos, de Gerard Piqué, en el negocio de esta bizarra Supercopa.

Comer, charlar, reír...

Muchachas locales se encargaron de enderezar el tráfico en las bocas del estadio. Pero no se vio a casi ninguna en el palco de honor, y uno pudo atestiguar esto también porque por error, buscando la ubicación de prensa, acabó en la zona noble del estadio. Ahí donde se sentaban Rubiales, sus adinerados anfitriones, la clase dirigente del Madrid y el Valencia, y todos esos saudís que se levantan cada mañana contando barriles de petróleo.

Y se pudo constatar que cada uno de estos hombres de importancia saudís, sentados en amplias butacas, contaba a su vera con un atento servicio masculino individualizado. Ahora algo de comer, quizá mejor trae algo de beber... Eso aquellos que miraban el partido. Otros optaron por sentarse tras la cristalera en mesas redondas, con sus vestimentas blancas y largas hasta el tobillo, a comer, a departir, a reír, que el precio del petróleo no para de subir. El fútbol, solo un murmuro.

Si se les torció en algún momento el gesto, esto ya no se pudo atestiguar, fue cuando en el descanso unos empleados levantaron desde el centro del campo una pancarta gigante del rey y el príncipe saudís y pareció oírse unos instantes de abucheos. Alguien, sin duda, con ganas de jugarse el cuello. Raro.

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