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dolorosa derrota

Inglaterra llora la derrota en la final de rugby

Las enormes expectativas inglesas para emular la victoria del 2003 acabaron en decepción mayúscula

 

Los jugadores de Inglaterra, con caras largas, tras la derrota ante Sudáfrica. - EFE /EPA / FRANCK ROBICHON (EPA)

ENRIC GIL
02/11/2019

Los ingleses estaban pegados a las pantallas de televisión de todo el país mientras los 15 hombres de blanco desfilaban por el césped a punto de enfrentarse a Sudáfrica en la final de la Copa del Mundo de Rugby. Eran las 9 de la mañana en las islas, el partido se jugaba en Japón, pero a unos 10.000 kilómetros la emoción llegaba a un punto álgido.

Inglaterra hacía 12 años que no llegaba a la final de la Webb Ellis Cup y la posibilidad de ver el capitán Owen Farrell levantándola paró el país. Miles de pubs abrieron temprano para emitir el partido sirviendo pintas matutinas para calentar el cuerpo y distraer los nervios. Solo en Londres, el Evening Standard estimó que fueron unos 2.000 y, junto a ellos, una gran cantidad de clubs de rugby también se llenaron. Decenas de miles de seguidores de la Rosa Roja viajaron a Japón sin entradas con la esperanza de conseguir alguna o, por lo menos, de estar cerca del momento histórico.

JÚBILO TRAS GANAR A LOS ALL BLACKS

Después de eliminar los todopoderosos All Blacks en la semifinal, se confiaba en poder emular la gesta de Sir Clive Woodward en el 2003. Pero las enormes expectativas chocaron con una derrota sin paliativos. En la radio, el periodista de la BBC Matt Dawson resumía el sentimiento popular al final del encuentro: "Estamos acabados, los sudafricanos no estuvieron un paso por delante, sino dos o tres".

En el Black Lion de Manchester, a reventar, los gritos y júbilo inicial acabaron en silencio e incluso algunas lágrimas como las de Amy, una mujer de 30 años que había seguido el partido junto a su padre. "Es nuestra tradición familiar ir al pub a seguir los partidos de rugby de Inglaterra. Hoy era optimista y estábamos entusiasmados, pero esto...ha sido demasiado".

Sin embargo, Sam, un Sir jubilado silencioso de 71 años y con los ojos vidriosos, dice sentir "orgullo" porque el rugby "ha vuelto unir a los ingleses". "Hacía tiempo que no veía gente con tantas esperanzas, hoy ha sido un día de emociones fuertes y esto ayudará el país. Con el tiempo lo valoraremos más".