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POLIDEPORTIVO

Las mujeres, contra el espejismo olímpico

Tras el fulgor de Río, la cobertura de sus gestas regresará al 5% habitual en prensA. La recompensa por medallas es igualitaria, pero ellas sufren la falta de patrocinadores

 

La selección femenina de baloncesto, medalla de plata en los Juegos de Río. - EFE

JOAN CARLES ARMENGOL
28/08/2016

El deporte español acaba de regresar de los Juegos Olímpicos de Río 2016 con un nuevo éxito de sus mujeres. Hace cuatro años, en Londres, los resultados del sector femenino ya superaron ampliamente al masculino, con 11 de las 17 medallas protagonizadas por las chicas. En la ciudad brasileña se ha repetido el histórico 'sorpasso', y 9 de las 17 medallas han sido para ellas.


Mireia Belmonte, Maialen Chourraut, Carolina Marín, Ruth Beitia, Eva Calvo, las selecciones de baloncesto y rítmica o Lydia Valentín han copado la actualidad y han ocupado tanto o más espacio en los medios de comunicación como sus homólogos masculinos, encabezados por el abanderado Rafael Nadal, Pau Gasol y sus compañeros del básquet, los piragüistas Saúl Craviotto y Marcus Cooper Walz o el taekwondista Joel González.

Pero esta situación no es la habitual, eso es sabido. ¿Habrá que esperar otros cuatro años para que el deporte femenino viva otra primavera mediática como esta? La respuesta, desgraciadamente, es que seguramente será así.

POCA REPERCUSIÓN
Las mujeres españolas, en general, y en el ámbito deportivo, en particular, tienen que luchar como mínimo tanto como ellos para obtener resultados parecidos que luego, sin embargo, alcanzan una repercusión mucho menor. Los datos están ahí. Se podrá achacar a razones históricas, culturales, sociales o las que sean, pero la realidad es que el eco de sus éxitos en infinitamente inferior, a excepción de esa tregua olímpica de cada cuatro años.

Las mujeres solo aparecen en un 5% de la prensa deportiva. Este contundente titular pertenece a una investigación de la Universidad Carlos III de Madrid firmada por la profesora Clara Sainz de Baranda, fundamentada sobre datos de los últimos 30 años. En los periódicos deportivos de Madrid, además, la tendencia es al retroceso, al contrario que en los dos de Barcelona. Además, parte de este espacio se dedica no a las propias protagonistas del deporte sino a las denominadas «invitadas», que por lo general son parejas, familiares, famosas o aficionadas, en informaciones donde «se suele presentar a la mujer como arquetipo decorativo o como objeto de deseo».

Estas cifras no se corresponden para nada con la importancia que la práctica deportiva está alcanzando. En Catalunya, un 44% de mujeres asegura practicar deporte asiduamente, cerca ya del 57% de los hombres. En España, el número de deportistas federadas va aumentando año a año, si bien las mujeres aún no alcanzan la cuarta parte del total (21,5% en el 2015). También debe mejorar la presencia femenina en los órganos de dirección de clubs y federaciones (solo el 10%, según fuentes del Comité Olímpico Español), así como en los equipos técnicos (entrenadoras, preparadoras, etc.), que es del 23%. En este aspecto, es muy raro un equipo masculino entrenado por una mujer, cuando el caso contrario es habitual.

Las mujeres lo tienen más difícil, eso es una obviedad. Pero en las últimas décadas se han dado pasos de gigante para que puedan competir en pie de igualdad y obtener, ante el mismo resultado, el mismo premio. Las becas ADO que obtienen los deportistas de élite que preparan las grandes competiciones son igualitarias (con un tope de 60.000 euros al año para campeones olímpicos), así como las recompensas estipuladas por el COE para los medallistas en Río (que han mantenido los niveles de Pekín y Londres): 94.000 euros para el oro, 48.000 para la plata y 30.000 para el bronce, en pruebas individuales. Gracias a ese baremo, Mireia Belmonte (con un total de 124.000 euros) se ha embolsado más que Saúl Craviotto (105.000), porque el oro de este era en una prueba por parejas (el K2 200 metros) que otorgaba a cada componente 75.000 euros en vez de 94.000.

LAS CARENCIAS
Belmonte, en este sentido, es una privilegiada, porque a sus premios (fruto de sus espectaculares resultados) une la pertenencia a un club profesional (UCAM Murcia) y una serie de contratos de patrocinio con empresas que le dan unos buenos dividendos. Pero, en general, las deportistas -al carecer de una repercusión continuada, no disfrutar de espectadores abundantes y con apenas derechos de televisión en sus competiciones ligueras- se ven abocadas a subsistir con las escasas ayudas públicas y las becas ADO o federativas a las que puedan tener accesos por sus resultados.

«El deporte femenino tiene un nivel muy alto y es una pena que a pesar de eso siga teniendo menos peso mediático», se queja Miriam Casillas, olímpica en triatlón. Es evidente que el nivel es muy alto, porque con menos del 45% global de presencia en el equipo olímpico de Londres 2012 y Río 2016, las mujeres obtuvieron el 60% de las medallas (20 de 34).