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LOS RECUERDOS

El pasaje de los 'panaderos'

El Tour 2018 comienza este sábado en la isla de Noirmoutier donde está el famoso Pasaje del Gois en el que Zülle se cayó en 1999 para despedirse del triunfo en las filas del Banesto

Sergi López-Egea
06/07/2018

 

El Tour se inicia este sábado desde la isla de Noirmoutier. La intención de la organización era partir desde el Pasaje del Gois, pero para evitar coincidir en lo posible con el Mundial de fútbol se decidió retrasar una semana el inicio de la prueba. Y este sábado, a la hora de la salida, la marea cubrirá totalmente el famoso brazo de mar de la región de la Vendée.

En cambio la marea baja estaba instalada en la segunda etapa del Tour de 1999. Chalans-Saint Nazaire, de 176 kilómetros. 5 de julio. Ganó Tom Steels, al esprint, en 3 horas, 45 minutos y 32 segundos, seguido por Jaan Kirsipuu y Mario Cipollini. Alex Zülle se clasificó en la 82º plaza, a 6 minutos y 3 segundos. El 'maillot' amarillo correspondió a Kirsipuu, seguido a 14 segundos por Lance Armstrong (luego descalificado) y a 22 segundos por Stuart O’Grady.

1999, los equipos del Banesto (la antigua denominación del actual Movistar) y el ONCE, como si de un intercambio de cromos se tratara, se prestaron sus jefes de fila. Abraham Olano, que venía de ganar la Vuelta, fichó por el bloque de Manolo Saiz, y Zülle, el ciclista de las gafas, un corredor suizo hábil en todos los terrenos, que estaba suspendido por dopaje, aunque con la pena reducida por su colaboración con la policía, se incorporó al Banesto. Zülle, el año anterior, había sido uno de los integrantes del Festina excluido del Tour, del llamado Tour del dopaje, aunque decidió explicar todo el complot farmacológico a las autoridades francesas.

El fichaje, ese intercambio de cromos (como si el Barça y el Madrid se prestaran las estrellas), acercó al ciclista suizo a un equipo que en el Tour de 1999 se ganó el apodo del 'conjunto de los panaderos'.  Con Zülle, el Banesto no solo tuvo que hacer un trabajo deportivo, sino otro de terapia psicológica. Por esa razón, cuando en el 2012 la Unión Ciclista Internacional (UCI) determinó declarar desiertos los siete Tours conquistados por Armstrong y no entregarlos a los segundos clasificados, sobre todo porque el más destacado y famoso de los secundarios tras el tejano era Jan Ullrich, señalado en la Operación Puerto del 2006 como el principal cliente de Eufemiano Fuentes, la exclusión de Zülle, segundo en París y no entregarle un 'maillot' amarillo 13 años después, y por lo tanto no reconocerlo como ganador de la prueba, seguramente no fue una decisión realizada con total justicia.

El fichaje, ese intercambio de cromos (como si el Barça y el Madrid se prestaran las estrellas), acercó al ciclista suizo a un equipo que en el Tour de 1999 se ganó el apodo del 'conjunto de los panaderos'.  Con Zülle, el Banesto no solo tuvo que hacer un trabajo deportivo, sino otro de terapia psicológica. Por esa razón, cuando en el 2012 la Unión Ciclista Internacional (UCI) determinó declarar desiertos los siete Tours conquistados por Armstrong y no entregarlos a los segundos clasificados, sobre todo porque el más destacado y famoso de los secundarios tras el tejano era Jan Ullrich, señalado en la Operación Puerto del 2006 como el principal cliente de Eufemiano Fuentes, la exclusión de Zülle, segundo en París y no entregarle un 'maillot' amarillo 13 años después, y por lo tanto no reconocerlo como ganador de la prueba, seguramente no fue una decisión realizada con total justicia.

Las palabras de Belda
Porque Zülle, en palabras de Vicente Belda, en 1999 segundo director del conjunto Kelme bajo la disciplina de Álvaro Pino, era el abanderado del 'conjunto de los panaderos', tal como denominaba el técnico alicantino a los corredores del Banesto: panaderos, de pan, de pan y agua. Fácil de comprender. Casi como aliados a aquel dicho que decía que con un plato de espaguetis, un trozo de pan y un vaso de agua no se ganaba el Tour. Pues casi...si no llega a ser por el Pasaje del Gois.

Porque además, las muestras de Zülle del Tour de 1999 reanalizadas por las autoridades francesas antidopaje años más tarde, en el marco de un amplio informe a propuesta del Senado, no presentaron ningún rastro de sustancias prohibidas, a diferencia de las de otros corredores.


Porque Zülle, en palabras de Vicente Belda, en 1999 segundo director del conjunto Kelme bajo la disciplina de Álvaro Pino, era el abanderado del 'conjunto de los panaderos', tal como denominaba el técnico alicantino a los corredores del Banesto: panaderos, de pan, de pan y agua. Fácil de comprender. Casi como aliados a aquel dicho que decía que con un plato de espaguetis, un trozo de pan y un vaso de agua no se ganaba el Tour. Pues casi...si no llega a ser por el Pasaje del Gois.

Porque además, las muestras de Zülle del Tour de 1999 reanalizadas por las autoridades francesas antidopaje años más tarde, en el marco de un amplio informe a propuesta del Senado, no presentaron ningún rastro de sustancias prohibidas, a diferencia de las de otros corredores.

Zülle terminó en segunda posición, a 7 minutos y 37 segundos de Armstrong, aunque todo pudo cambiar si no se cruza el Pasaje del Gois en el camino del ciclista suizo. En la segunda etapa, Zülle perdió 6 minutos, una renta que ya nunca pudo recuperar y que, sin duda, habría cambiado e igualado la lucha por el 'maillot' amarillo entre el suizo del Banesto y Armstrong. 

Las gafas de Zülle
"¿Has encontrado las gafas de Zülle? A Zülle (que padecía una pronunciada miopía), pero tampoco a José Miguel Echávarri, por aquel entonces máximo responsable de la escuadra que hoy dirige Eusebio Unzué, no se le olvidó jamás la caída múltiple que se produjo en la segunda etapa de aquel Tour, en mitad del Paso del Gois, ciclistas desperdigados por todas partes, buena parte de ellos sobre las aguas en marea baja, en la parte izquierda de la estrecha vía hacia el continente, el brazo semisumergido de la isla de Nourmoutier. Echávarri bromeaba en el 2005, edición que comenzó sobre el puente que este sábado cruzarán los corredores y que se construyó en 1971 para evitar que los habitantes de la isla estuvieran incomunicados cuando el Gois quedaba sumergido por el mar.

Echávarri bromeaba entonces como lo ha seguido haciendo con el paso de los años a cualquier persona que conoce, que visita el Gois y a la que pregunta si ha localizado las gafas que perdió Zülle con la caída y sin las cuales pasó un martirio para acabar la etapa. Barro y algas, terreno resbaladizo, vía estrecha y 171 corredores que circulan a 40 por hora. Era lunes y la mañana estab tan fresca como el Tour recién estrenado. En la salida de Chalans charlaban dos de los 'panaderos', navarros, amigos y actualmente técnicos en el Movistar. Eran Chente García Acosta y José Luis Arrieta. Conocían los encantos paisajístos del enclave, un Gois como si fuera un brazo con mar por ambos lados. Pero no estaban para turismo. Habían sido advertidos del peligro que entrañaba ese pasaje, por el que el Tour transitó por primera vez en 1993, co Miguel Induráin al frente del pelotón.

A cuidar del ciclista suizo
'Arri' y Chente eran los dos corredores que debían cuidar del suizo, que no se despistara. La misión era abrirle paso para que estuviera siempre entre las primeras posiciones durante la travesía. Quedarse atrás, encerrarse, era una llamada al desastre. Pero nadie podía imaginar lo que iba a ocurrir. La imagen aérea de la televisión francesa mostraba un pelotón estirado pero cuando la cámara cerraba el plano se veía gente, espectadores, a ambos lados del pasaje. El plano principal mostraba la cabeza del pelotón hasta que el realizador, hábil, cambió la perspectiva en un abrir y cerrar de ojos. Bicis caídas por todos lados. La carretera estaba tan resbaladiza que cuando los corredores más rezagados tocaban el freno para evitar el contacto con sus compañeros tumbados, patinaban y se iban al suelo en medio del Gois o terminaban calados de pies a cabeza, rodeados de caracolas y algas, en un inesperado y nunca deseado baño en aguas del océano Atlántico.

Y como era de esperar, Zülle se cayó. Zülle, que tenía muchos problemas para ver de lejos, perdió sus gafas. Zülle, que se jugaba el Tour, que quería tenerlo controlado con toda la prueba por delante, que ya había visto que Armstrong sería el gran rival, con la humedad, con la brisa del mar, no pudo ver bien. Explicó, aunque realmente tampoco recordaba exactamente lo que pasó ni cómo pasó, que se le empañaron las gafas. Que nada vio. Que se encontró una bici delante. Y que voló hacia el mar. No se golpeó, ni se accidentó de gravedad. Pero tardó unos instantes en reintegrarse al pelotón. Segundos que se hicieron interminables, porque era imposible arrancar. Por el suelo había decenas de bicis formando un atasco. Los gendarmes se lanzaron a la vía a ayudar a los ciclistas. Un lío enorme. Los que driblaron la caída no solo no pararon, sino que escucharon y cumplieron las órdenes que pronto llegaron desde los coches, principalmente desde el vehículo auxiliar del ONCE, una vez comprobó Saiz que la mayor parte de sus efectivos, principalmente Olano, habían salvado el accidente.

"Sin el Pasaje del Gois igual hubiese habido otro campeón"

Alex Zülle

Exciclista profesional
Aquel día, la maniobra del ONCE, que no mandó a parar sobre todo al confirmarse que Zülle iba cortado, comenzó a cimentar la primera victoria del tejano y a hacer perder al suizo cualquier posibilidad de llegar vestido de amarillo a París Los 'panaderos' habían tenido muy mala suerte. "Sin el Pasaje del Gois igual hubiese habido otro campeón. Pero no estoy cabreado por lo que pasó", declaró Zülle más tarde. 

(extracto del capítulo 'Los Panaderos' del libro 'Cuentos del Pelotón', de editorial Cultura Ciclista, publicado por el autor del reportaje en el 2014).

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