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DUELO ANTE EL ATLÉTICO

Retorno amargo de Griezmann entre silbidos y ratas

La vuelta del francés al que fuera su estadio se produjo entre una pitada masiva, cánticos altisonantes y una pancarta contra su caballerosidad

ALEJANDRO GARCÍA
02/12/2019

 

Griezmann cumplió con todos los preceptos del mal retornado al Wanda Metropolitano, con ratas de peluche, boicot en la placa de los aledaños, una pitada monumental cada vez que tocó el balón y una pancarta que decía: “Querías ser tener un nombre y se te olvidó ser hombre”, que el fondo acompañó con gritos recurrentes deseándole la muerte. “El público tiene su opinión”, dijo Guillermo Amor en una timorata defensa de su jugador. No quisieron opinar de ellos Saúl o Simeone, pero La Liga denunciará los insultos al Comité de Competición. "Escuchar algo así es fuerte", puso de relieve después Rakitic.


Pancarta contra Griezmann en el fondo del Wanda Metropolitano.

El francés dejó en el Atlético de Madrid tantos goles como millones, más de cien, pero también un documental ingrato con sus dos aficiones (la que era y la es) y una duda permanente sobre su futuro que terminó por erosionar de forma permanente la relación con la grada alética y por enterrar todos sus méritos como rojiblanco. 

El Metropolitano saltaba como un resorte a silbar cada vez que el balón se acercaba a la zona del 17, como si hubiera provocado alguna desgracia en el Atlético. Siguió así hasta el final, cuando la emoción del partido podía sobrepasar el interés en las deudas por cobrar. Un invidente en la grada podría haber contado sin problemas las intervenciones de Griezmann en el partido, aunque le hubiera inducido a error el golpe por el que fue sustituido Piqué, que levantó ampollas. “Le he visto bien, aunque era un partido complicado para él desde el punto de vista emotivo”, amplió después Ernesto Valverde. “El público le ha picado un poco”, dijo el técnico por no ser incisivo. 

Posible sanción
Se reprodujeron gritos de aficionados deseando la muerte a Griezmann, antes y después de que la megafonía pidiera que se detuvieran ante una posible sanción de antiviolencia. La grada no sabía que aún tenía que aparecer otro objetivo para focalizar todas su iras lugar lejos de Griezmann, en el 10 de Messi.

El jugador que era el hilvanador principal de juego en el Atlético, en el Barcelona es una isla en la banda a la que no llega ningún atisbo de fútbol. Mientras el Atlético presionaba con todo la salida del Barça y confinaba a su rival a su campo, Griezmann debía pensar que llegarían momentos mejores. Llegaron, cuando se frenó el vendaval inicial de los de Simeone y to apaciguó, también el ímpetu de la grada, salvo con el francés.

El Barça no consiguió imponerse futbolísticamente antes del descanso, y Griezmann un hombre ausente en la dinámica de juego de los de Valverde. Entre la desconfianza de Junior, la presión que incomodó la existencia de De Jong y la poca conectividad del ataque catalán, Griezmann no encontró la ocasión de desbordar desde la banda, tampoco de enlazar juego con el centro del campo, ni de ser determinante cerca del área rival. En una incursión por la zona central propició un chutazo de Luis Suárez, pero regresó a la banda a paso ligero, como si su expedición a la zona central estuviera vetada.

Guiño y pancarta
Ajeno a todo, como casi siempre, Griezmann había vuelto al Wanda Metropolitano con ese aire despreocupado con el que se marcha, con más o menos asiduidad, a ver en directo la NBA. Apareció por los pasillos de la que fue su casa con el mate en una mano y una reverencia en la otra, la que hizo al pasar por una imagen gigante de Simeone que tocó en una especie de guiño, como si nada hubiera pasado, al estilo de los jugadores del Liverpool que acarician el cartel de This is Anfield antes de saltar al campo. 

Cuando el Barça igualó el partido no fue gracias a la incidencia de Griezmann, En ese momento parecía que se relajaban los pitos, entonces el fondo sacó la artillería que había preparado. “Querías ser tener un nombre y se te olvidó ser hombre”, decía una pancarta que el estadio aplaudió hasta que regresaron los gritos de: “Griezmann muérete”.

El francés tuvo su mejor ocasión poco después, antes de otra reacción de la grada y de sus compañero Luis Suárez, que manifestó su desacuerdo con la media tijera del francés.

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