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LA RONDA ESPAÑOLA

El viento y el Movistar ponen a Roglic contra las cuerdas

El Astana salva al jersey rojo en una etapa que llegó a Guadalajara con una hora de adelanto y con Quintana como segundo de la general

SERGI LÓPEZ-EGEA
11/09/2019

 

La gente corría por las calles de Guadalajara. Les habían dicho que la Vuelta llegaba a las 5 y media de la tarde. Así que pensaron que tenían tiempo para tomar el café con calma... hasta que encendieron la tele y vieron que los corredores ya estaban por los alrededores. Muchos fueron los que se perdieron la entrada de Philippe Gilbert al frente del grupo de fugados, en el que estaba Nairo Quintana. Nadie, absolutamente nadie, en un día de locos, en una jornada de ciclismo con cinco estrellas para enmarcar, podía ni siquiera imaginar que una etapa de 220 kilómetros se iba a finiquitar a un promedio de 50,6 por hora. Si van en ciclomotor funden el motor. Una hora antes de lo previsto ya estaban en la meta.

Las ramas y las hojas de los árboles de Guadalajara se movían violentamente. Encargados de la carrera tenían que sujetar las vallas de la llegada para que no se las llevara el viento. El aire corrió este miércoles como si fuese un ciclista de la Vuelta y como si quisiera tratar de noquear a Primoz Roglic en plena ofensiva del Movistar, todo o nada. Y si no era con Alejandro Valverde que fuese con Quintana. Si el jersey rojo estuvo contra las cuerdas solo se salvó del desastre porque por un día tuvo la tremenda fortuna de encontrar al Astana como aliado inesperado. Si no es por Superman, que también andaba cortado, olvidándose de absurdos acuerdos de banderas y nacionalidades, que trataba de salvarse también de la quema del conjunto español, Quintana podía haber llegado a Guadalajara a mucha mayor distancia que los cinco minutos y medio que consiguió y seguramente siendo el líder de la carrera.

Había también nerviosismo en Aranda de Duero, donde nació la etapa. Estaban todos avisados. Iba a hacer viento, casi huracanado y encima soplando de lado que es cuando se parte el pelotón. "Todo fue muy rápido. El corte se originó por la izquierda". Valverde explicaba que él circulaba por el lado contrario del pelotón. No así Quintana que se metió en la fuga. A las primeras de cambio todos cortados, con los Deceuninck de Gilbert como colaboradores de un Movistar que no solo situó a Nairo en la escapada, sino también a ImanolErviti, Nelson Oliveira y José Joaquín Rojas.

Roglic había sido sorprendido. El corte no solo era peligroso, sino lo siguiente. Circulaba Nairo resfriado, con tos y con malas piernas "pero cuando no funcionan se pedalea con el corazón". Tiraban por delante. Sufrían por detrás. Roglic estaba contra las cuerdas aunque no lo reconociera tras llegar a Guadalajara. "No me he asustado. He mantenido la calma. Veremos en Madrid si he salvado la Vuelta en esta etapa", explicó con desinterés y pocas palabras.

EL INSTANTE CLAVE DE LA ETAPA

Y hasta hubo un instante, a 35 kilómetros de meta, en que la situación todavía pudo empeorar aún más para Roglic. Vio Valverde la llegada de un repecho y demarró. Tras él lo hizo Antonio Pedrero y poco después, siguiendo órdenes del campeón del mundo, Marc Soler se puso a tirar como un loco. No perjudicaban a Quintana, ni mucho menos. Más bien lo contrario. Roglic se había cortado. Soler aceleraba. Roglic se levantaba del sillín, esprintaba y apretaba como si fuera una contrarreloj para no morir a manos del Movistar. Los alcanzó. Se salvó de la hoguera. Levantó, al igual que los Movistar, el pie para respirar y Quintana con los suyos volvió a ganar segundos que pudieron ser más minutos de no coger el Astana el timón de la Vuelta con Roglic aislado y sin compañeros a los que poder recurrir.

Llegó Quintana sin poder respirar del esfuerzo. "¡Dejadlo recuperar!", chillaba un miembro de la Vuelta a los periodistas que lo rodeaban. Media hora más tarde aún había ciclistas cruzando la línea de meta... los que se salvaron de quedar eliminados porque ampliaron el cierre de control. Y este jueves, con muchos corredores cansados y desarmados, llega la Sierra de Guadarrama. ¡Sálvese quién pueda! 

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