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TÓMATELO EN SERIE

'Little voice', vivir y cantar en la gran ciudad

J. J. Abrams produce este drama romántico y musical con temas originales de la compositora pop Sara Bareilles

 

Sean Teale y Brittany O’Grady en una imagen de ’Little voice’. -

JUAN MANUEL FREIRE
09/07/2020

Ni cajas misteriosas ni altos conceptos: 'Little voice', la primera serie producida por J. J. Abrams para Apple TV+, que se estrena este viernes, queda lejos de la isla de 'Perdidos' y cerca del Nueva York de 'Felicity', su primera serie (cocreada con Matt Reeves). Las similitudes no acaban en ese paisaje urbano: siguen con la inocencia de su heroína (de gran pelo rizado, como Keri Russell en la citada serie) y en la capacidad de la susodicha para complicarse la vida emocional con más de un hombre a la vez.

Creación de la cantautora pop Sara Bareilles y la directora y guionista Jessie Nelson, ya colaboradoras en el musical basado en la película 'La camarera', este drama romántico sigue las peripecias de Bess (Brittany O'Grady, vista en 'Navidad sangrienta'), una joven aspirante a cantautora pop que no parece hecha para estos tiempos: sus sentimientos son puros; sus intenciones, siempre buenas, y sus canciones, demasiado sinceras e íntimas para ser tocadas en compañía de una banda.

Bess es tan buena samaritana que casi nunca parece tener tiempo para ella misma. Garabatea sus canciones entre las rendijas de aire que le dejan sus diversos trabajos (clases de música, paseos caninos, la barra de un club donde, a veces, canta versiones de temas pop de los ochenta) y sus intentos de arreglar la vida a todo el mundo (su padre, su hermano discapacitado mental, su mejor amiga). También le quitan horas sus problemas con los hombres: el que tiene novia, el que toca con ella o el ingeniero de sonido algo mayor y depredador.  

Incluso cuando las cosas se ponen turbias, el mundo de 'Little voice' resulta de lo más acogedor y cómodo, como el tipo de canciones que compone Bareilles, también para esta serie. En esta canción no existe apenas amago de distorsión, ni las letras caen en la ambigüedad. Es una amable defensa de la amabilidad en la que, a menudo, incluso directores surgidos de una joya como 'Ramy' (Christopher Storer, Cherien Dabis) pueden confundir sensibilidad con sensiblería.