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LA CULTURA QUE NOS VIENE

Teatro que nos explique

 

Teatro que nos explique - MARCOSGPUNTO

16/10/2020

No ha desaparecido la extrañeza. Sentada en uno de los quioscos de la plaza de España de Mérida, aprovechando los últimos rayos de sol de un otoño que será raro, miraba a los demás, con mascarillas azules, blancas y de tela, bebiendo, echándose gel hidroalcohólico en las manos cuando tocaban el dinero (qué sucio es el dinero), levantándose a echarse un cigarro, casi bajo los soportales y a algún señor mayor que, para toser, se quitaba la mascarilla. Somos eternos alérgicos, pensé.

Al teatro también se va con mascarilla.

El Ministerio de Cultura ha lanzado la campaña #CulturaSegura para animar a la gente a llenar las salas.

En Badajoz comienza hoy el Festival Internacional de Teatro y Danza, con malabares en los abonos, como ha hecho el Festival Nacional de Teatro Vegas Bajas, porque no se puede ocupar todo el aforo. Carmen Machi, Nathalie Poza, Carolina , O Chapitô, Las niñas de Cádiz (maravillosa su reivindicación del acento como seña de identidad de los pueblos cuando recogieron el Max al mejor espectáculo revelación), Tita Iacobelli, Natacha Belova…

Vienen de todas partes para actuar. Peleando, como siempre. Cruzando los dedos. El teatro ha vivido permanentemente en crisis: es una frase tan asumida como definir a Mérida como el marco incomparable.

Pero este año, el año próximo, hay más incertidumbre que nunca. La ha habido en los ensayos, con mascarillas, evitando contactos, dejándolo todo a los ojos (qué difícil es dejarlo todo a los ojos). Contando.
Alberto Conejero traducía del griego cuando le conocí. Escribía sus primeras obras. Unos años después, me comentó que ya se veía preparado para dirigir. Con La geometría del trigo lo hizo. Ganó el Nacional de Dramaturgia y, justo después, caminábamos por las calles de Badajoz antes de la gala del FanCineGay en la que contaría cómo se enamoró de las palabras, y del teatro delante de uno de los mejores lectores que conozco (Pablo Cantero) y de alguien (Javier Herrera) que era educador en otra vida pero que lo dejó todo para dedicarse a este mundo raro y tan hermoso.

En La geometría del trigo están Joan y Laia, una pareja de arquitectos que va de Barcelona al sur (Conejero es también del sur) para rellenar una urdimbre que está vacía. «Creo que te gusta llegar a casa -le dice Joan a ella- y encontrarme en el mismo sitio que el día anterior, con las mismas dudas que el día anterior, con las mismas ganas de llorar que el día anterior y sin la menor idea de qué hacer para cambiarlo».

En todas las familias siempre hay un extraño, nos contaba Vicente Valero en ese libro (Los extraños) que Julián Rodríguez estaba tan contento de editar.

A veces ese extraño es tu padre.

A veces puede que seas tú para el resto.

«He conocido a mis vecinos gracias a la pandemia» es una de las frases que más he escuchado estos últimos meses. Full House, la obra del sábado, que es teatro de calle, se presenta así, precisamente: como una fábula moderna sobre la convivencia en viviendas urbanas. Es, nos dicen, «una pieza diseñada para instalarse en patios traseros de bloques de apartamentos, guarderías, escuelas y otros espacios, donde la intensa vida cotidiana cause fricciones o donde la comunicación y el mutuo entendimiento se haya vuelto difícil». Cuenta la historia de los vecinos Koala, Perro y Caballo. Koala está, simplemente, enamorada del mundo; Perro es un solitario apasionado de la música clásica y Caballo tiene siempre cuatro platos cocinándose al mismo tiempo. «Están tan ocupados consigo mismos y con su día a día que ni siquiera se percatan de las necesidades de los otros». Pero llega Tigre. Y no les vamos a contar más.

Porque esa misma noche también llega O Chapitô. Creo que he confesado mi amor por Jorge Cruz en varias ocasiones: hasta a su distribuidor, César Arias. «César, estoy enamorada de Jorge Cruz». «Yo también». Vaya, pensé: César es bastante más guapo que yo. Pero, ah, nada tenemos que hacer ambos frente a Napoleón, el que quería besar a Josefina debajo del ombligo, «mucho más abajo». Qué harán estos con Napoleón, quiero yo saber. Oh, los grandes personajes.

Como Antonio y Nieves. Ellos son hermanos, cordobeses, europeos, y en 2001 participaron en una competición de baile retro en Torremolinos para ser los primeros de Europa. Parece una comedia, ¿no?

Pero, como de costumbre, es mucho más que eso. El humor ancla y revela más de lo que parece.

Revelaciones habrá en El veneno del teatro, coproducción de Francisco Blanco (también en el escenario, junto a Fermín Núñez) y El Desván.

La semana continuará con Nora (sí; solo hay una Nora, la protagonista de Casa de muñecas, de Ibsen) y con Chaika: reflexiones sobre cómo encajar en alguna parte, sobre la vejez, sobre la pérdida de las facultades mentales, sobre quiénes somos y qué papel desempeñamos en nuestras vidas. Para qué vamos a ir al teatro, con lo bien que estamos, pueden preguntarse. Eso les pasa a Esteban y Marigel, ferreteros: que un día deciden ir y, joder, para qué pensar. Con lo bien que estábamos.

Ah, pero el teatro engancha.

Y nos explica.