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Un secuestro en Africa Contacto en el búnker..

"¿Cómo va el Barça?"

Vilalta preguntó por la marcha de su equipo de fútbol en el emotivo primer encuentro de los rehenes con el negociador.

B. M.B. M.
28/08/2010

 

En los nueve meses que duró el cautiverio de Albert Vilalta y Roque Pascual (Alicia Gámez fue liberada el pasado marzo), el mediador Mustafa Chafi tuvo un único contacto directo con los cooperantes. Y, aún hoy, se emociona hasta las lágrimas al rememorar aquel encuentro. "Recuerdo que Albert me preguntó cómo iba su equipo de fútbol, el Barcelona... Aquello fue muy difícil para mí. Quería llorar, pero no podía hacerlo delante de ellos y de los secuestradores. ¡Era tan duro ver a esa gente amable, que no habían hecho nada y que habían sido apartados de sus familias, y tener además que reír con las bromas de sus torturadores! Era una situación terrible".

Había pasado un mes y medio desde el asalto que sufrió la caravana. El negociador viajó hasta el bastión de Mojtar Belmojtar con medicamentos para Pascual, que se hallaba enfermo a causa de una afección cardiaca. "Le subió mucho la tensión y estuvo a punto de morir. Yo sabía que estaba muy mal y por eso le pedí a Belmojtar que me permitiera ver a los rehenes. Me respondió que eso era imposible, pero yo le dije que no me movería de allí hasta que los viera". El Tuerto reunió a sus hombres, que mayoritariamente se opusieron a la pretensión de Chafi, pero Belmojtar acabó accediendo ante el mediador.

En el refugio

"Me taparon los ojos con una venda y, tras circular medio día en coche, caminamos durante una hora. Luego descendimos al refugio y me quitaron la venda. Vi una especie de pasillo y a un terrorista sentado sobre una cama. A mi izquierda había una habitación con tres camas, y allí estaban los tres rehenes españoles. El estado de Roque era terrible", rememora.

Tan grave era el estado de salud del cooperante, explica Chafi, que los terroristas ya habían cavado un hoyo en el desierto, convencidos de que iba a morir. Pese a que los salafistas se oponen al contacto con las mujeres, el mediador quiso estrechar la mano de Gámez para que los rehenes entendieran que él no era como sus captores. A continuación, les entregó unas cartas de sus familiares y los cooperantes catalanes rompieron a llorar. "Me sentía fatal --apunta Chafi--. Era como si yo les hiciera llorar".

El negociador se dirigió a Gámez y Vilalta, que hablaban francés, y les explicó los esfuerzos que el Gobierno español estaba llevando a cabo para lograr su liberación (al parecer, los terroristas les habían convencido de lo contrario). "´Miradme --les dije--. Os prometo que volveréis con vuestras familias, que no vais a morir aquí´. Y Roque, que a duras penas me entendía y se encontraba muy débil, se desmontó y empezó a llorar. ´Tened mucho coraje --insistí--, y os prometo que seréis libres´".

La promesa de Chafi se cumplió al cabo de siete meses.