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Desenlace feliz de un largo secuestro Nuevos detalles de la liberación.

Un intercambio de presos cerró la operación en mitad del Sahel

Un vídeo muestra el canje de los dos cooperantes por Omar Saharaui.

 

BEATRIZ MESABEATRIZ MESA 25/08/2010

La entrega de Albert Vilalta y Roque Pascual al mediador mauritano Mustafa Chafi no fue una liberación sin más, sino un intercambio de prisioneros en el que las autoridades de Malí devolvieron a los terroristas a Omar Saharaui, uno de los individuos que participaron en el secuestro de los dos cooperantes. La singular ceremonia celebrada el domingo al mediodía en un punto perdido del desierto del Sahel fue grabada en vídeo por un equipo de televisión de Sahara Media emitido ayer por TV-3.

Las imágenes muestran el momento en el que los voluntarios catalanes reciben la noticia y son intercambiados por Saharaui, con el que llegan compartir vehículo. Los dos secuestrados cruzan miradas y algunas palabras con él. Es muy posible que lo reconocieran porque Saharaui era el guía de los vehículos de la caravana solidaria, la persona que cobró una gran cantidad por conducir a los voluntarios a una trampa y que guió a los terroristas en su escapada.

El jefe de los secuestradores fijó la excarcelación de su colaborador, condenado a 12 años en Mauritania, como una de las facturas a pagar por la liberación y organizó el intercambio en pleno desierto para asegurarse de que España no iba a jugar sucio.

Saharaui sostiene que él no es un terrorista, sino un mercenario que cobró por hacer un trabajo. "Estoy libre desde que he llegado a Malí. No tengo nada que ver con Al Qaeda. Lo mío es hacer negocios. Si usted vende algo a alguien que es de esa organización no significa que sea terrorista", afirmó ayer a France Press. "Saharaui está en su casa y no creo que se sume a los terroristas porque le gusta la belleza y disfruta de la vida", declaró ayer su abogado.

Un experto en terrorismo en el Magreb, Ould Mustafa, opina que la liberación de un simple mercenario supone un peligroso precedente. "Los terroristas tienen ahora un problema interno. Muchos están enfurecidos con el secuestrador de los voluntarios españoles Mojtar Belmojtar porque se ha conformado con un mercenario y sus verdaderos camaradas de la cárcel mauritana siguen entre rejas", advierte.

Inicialmente figuraba sobre la mesa de negociaciones un hombre con las manos manchadas de sangre, Taki Ould Yousef, un salafista preso también en Mauritania, pero el Gobierno de ese país se negó en redondo al chantaje. El secuestrador cambió de nombre y optó por el mercenario. ¿Por qué? Seguramente, pesó la frustrada operación franco- mauritana que terminó con el asesinato de Michel Germaneau.

Según un alto mando de la lucha contra el terrorismo en Nuakchot, la capital mauritana, la célula que capturó a Vilalta y Pascual "quería dar una lección a los franceses", como refleja el comunicado posterior a la liberación. Para Al Qaeda la operación fue igualmente desastrosa. No solo no obtuvo el rescate, también perdió a siete hombres.

DEBILIDAD DE ESPAÑA La liberación ha sido un gran éxito del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero frente a su opinión pública. Sin embargo, el efecto que ha tenido entre los gobiernos de la zona del Sahel es más discutible. Muchos creen que España no tenía otra salida, que optó por el único camino que le quedaba, pero otros cuestionan la imagen de debilidad frente al terrorismo que ha transmitido, lo que convierte a sus ciudadanos en un blanco apetecible.

"Hoy sois joyas muy valiosas y cotizáis muy alto", advierte un notable tuareg del norte de Malí, aunque admite que "cuando se habla de vidas, de personas, no se puede actuar con violencia, sino con diálogo y paciencia.