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Fallecimiento de Pérez Rubalcaba

Luto en Solares por Alfredo

Vecinos y militantes socialistas de la localidad cántabra en la que nació el político fallecido le recuerdan como un paisano ilustre

 

Minuto de silencio ante la agrupacion socialista de Solares Cantabria por Alfredo Perez Rubalcaba En el centro Pablo Zuoloaga candidato a la presidencia de Cantabra y el secretario general de la agrupacion Borja Sañudo. - J.J. FERNÁNDEZ

JUAN JOSÉ FERNÁNDEZ
10/05/2019

En un fichero de chapa cerrado con llave, los socialistas de la pequeña localidad cántabra de Solares guardan celosamente la ficha de afiliado del militante Alfredo Pérez Rubalcaba, que, como todos y cada uno de los 41 miembros de la agrupación, pagó hasta el pasado 1 de mayo, religiosamente, los seis euros al mes de cuota. "Ahora que ha fallecido, esa ficha firmada por él es nuestro principal documento histórico", dice Borja Sañudo, el secretario general local.

Su partido convocó en la tarde de este viernes un minuto de silencio en homenaje al profesor, exministro y exsecretario general muerto, y se reunieron los militantes después en la única y pequeña sala del local, sentados en corro con las sillas pegadas a la pared, como celebrando un velatorio. Solo que, en este caso, se hablaba alto y muchos sonreían recordando anécdotas, como lo cachazudamente madridista que era, o, en fin, el último mitin de su carrera.

Pérez Rubalcaba dio su última charla política pública en la pista deportiva Monseñor de Cos, en el centro de Solares, hace cuatro años y para apoyar en la campaña de las municipales. "Somos una agrupación pequeña. Qué digo agrupación, casa del pueblo! -enfatiza Eusebio Ceballos, obrero de la siderurgia cántabra ya jubilado y secretario de organización del PSOE local-. Pero con esta casa del pueblo estuvo muy comprometido".

UN LAZO NEGRO

Una foto enmarcada del histórico socialista vizcaino Ramón Rubial preside la estancia. Y pronto colocarán otra del paisano que acaban de perder. Entre tanto han recuperado un viejo cartel electoral de Rubalcaba para sacarlo a la calle y, modesta y apresuradamente, han retorcido un cartón negro para hacer un lazo y ponerlo en la puerta con un clavel rojo pegado con cinta aislante.

En 2005 el político desaparecido decidió cambiar su afiliación de Madrid al pequeño local de Solares. Ahora se cuentan como privilegiados los vecinos que acudieron a una cena-coloquio que hace cuatro años dio el PSOE de Solares a Rubalcaba en el hotel Los Guardeses, su preferido del lugar, vieja y noble casona de los marqueses de Valbuena "donde paraba cuando venía", corrobora el jardinero.

"Se presentó a sí mismo como un servidor de España, y nos habló de la unidad, de un país cuya gente trabaje en la misma dirección, y del valor del diálogo", recuerda Antonia Rubalcaba, prima hermana de Alfredo, de la rama familiar esparcida por Bilbao. Apenada, le define con tres palabras: "Era familiar, era social y era ecuánime. Y nunca tuvo en cuenta las cosas malas que dijeron de él".

ÚLTIMO WASAP

Con los ojos enrojecidos ha estado recibiendo pésames y abrazos Diego Aja, primo segundo del político homenajeado, que se ha venido al homenaje con un niño pequeño de la mano, su hijo. "Es que quiero que vea esto -explica-. Espero que los niños alguna vez puedan ver quién fue Alfredo Pérez Rubalcaba en los libros de texto".

La última comunicación que tuvo Aja con su primo fue un alegre mensaje de whatsapp, en la madrugada del 29 de abril. "Esto se encarrila", le dijo el exlíder del PSOE. "Estábamos muy contentos con el resultado electoral, ya ves. Y ahora, mira".

La noticia del fallecimiento de Pérez Rubalcaba cayó este viernes como la lluvia con que amenaza un nubarrón de los muchos que sobrevuelan Solares, apareciendo por encima del Pico Castillo, que se paseaba de joven el político desaparecido. "Un ictus, joder, es que eso es grave", dice Alfonso, vecino un año menor que él, que solía jugar al tenis con él "hace ya muchos años -aclara-. Y no crea que se dejaba ganar".

Pueblo arriba, unas placas de bronce dan el nombre de Alfredo Pérez Rubalcaba a una calle de Solares, una tranquila avenida flanqueada de chalecillos con jardín, algunos con huerta. Un ayuntamiento gobernado por el PP le dio la calle, con el voto unánime de PSOE y el Partido Regionalista de Cantabria. José, vecino de la zona, paseaba al perro al poco del óbito. "Le conocí, claro -comenta al pasar-. Mi madre compraba en la carnicería del abuelo, que está allá abajo. Era un hombre importante. Cuántos pueblos han tenido alguien como él? A los de Solares nos van a tener envidiuca".