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LA PUGNA POR EL CENTRODERECHA

El PP prepara la guerra con Ciudadanos

La dirección popular avisa de que se terminó la contención frente a Rivera y empieza la precampaña

EL PERIÓDICO
24/05/2018

 

"Ya nos han hecho llegar informalmente desde Ciudadanos que tras las municipales y autonómicas del 2019 pedirán sillones, consejerías, incluso alcaldías para cerrar pactos donde no haya mayorías. Así que a poco que mejoren ellos ganarán poder respecto al que ahora tienen y nosotros lo perderemos", explica un dirigente del PP a EL PERIÓDICO para tratar de resumir, en pocas palabras, la ansiedad que provoca en los despachos populares el cuerpo a cuerpo que ha comenzado con el 'ejército' político de Albert Rivera, pero que se va recrudecer y mucho a partir de este jueves, una vez aprobados en el Congreso los Presupuestos que garantizan a Mariano Rajoy, si así lo quiere (y soporta) una legislatura hasta el 2020. Comienza el segundo acto de esta relación entre partidos políticos.

Los conservadores han vivido desde las últimas elecciones catalanas preocupados por Cs. Son la sombra que les acecha por el franco del centroderecha a ellos, los inquilinos de la madrileña calle Génova, acostumbrados a no tener competencia en su terruño electoral. Pero los meses han pasado y la preocupación ha devenido en obsesión. La cosa ha ido claramente a peor para el PP, al que le llueven las encuestas en las que Rivera acorta diferencias con paso de gigante y después de haber vivido, a su pesar, la bochornosa salida de la política de Cristina Cifuentes bajo la amenaza precisamente de los naranjas (sus socios en Madrid) de retirar apoyo al Gobierno regional si no le buscaban sustituto. Ya lo tiene. Se trata de Ángel Garrido, el presidente madrileño hasta las próximas elecciones.

Pero las últimas horas han dado un respiro a los de la gaviota. Hay cuentas públicas para este año (prorrogables otros 12 meses) a falta del trámite del Senado, gracias a los votos del PNV como se encargan de subrayar todos los titulares del país. Los nacionalistas vascos se han tragado su amenaza de vetarlos si seguía vigente el 155 en Catalunya. Dicen haberlo hecho por responsabilidad, pero tambien es cierto que las contrapartidas que han logrado a cambio son suculentas. Sin embargo, a un Rajoy en minoría no le bastaba con los cinco escaños peneuvistas: necesitaba también a Cs y a otros pequeños grupos nacionalistas. Y los ha tenido este miércoles en el Parlamento.

Escándalos mientras se afilan espadas
Hasta esa jornada, el PP ha estado a la defensiva con el partido naranja, su palo en la rueda. Tampoco es que los populares hayan vivido sus mejores días para afilar las espadas, puesto que además de tener que contenerse en pro de los Presupuestos (salvo el portavoz Rafael Hernando, que no se ha privado de arremeter contra Cs) les han llovido los escándalos: la ya mencionada dimisión dimisión de Cifuentes, las investigaciones de la Universidad Complutense y la Universidad Rey Juan Carlos sobre los estudios de Pablo Casado -convencidos los populares como están de que detrás de las informaciones que le han perjudicado ha estado Cs- o, yendo a mayores, la detención del veterano político Eduardo Zaplana, compañero de Gobierno e incluso de vacaciones hace años del ahora presidente Rajoy.

Pero se acabó la obligada tregua por parte de los populares. Así lo advierten algunos de sus más relevantes cargos. Se pasa al ataque con Ciudadanos, aunque no se vaya a admitir públicamente. Se inicia otra fase en la relación entre PP y Cs mucho más cruda y con tintes claramente electorales. Comienza oficiosamente la precampaña. Sin miramientos, sin paños calientes y sin terrenos neutrales, como ya sugiere el hecho de que la crisis con Catalunya se haya convertido también a ratos en motivo de confrontación entre Rajoy y Rivera.

"Mariano", "Pedro" y la estrategia catalana
La indisimulable realidad es que el presidente del Gobierno se siente más cómodo abordando la estrategia a seguir ante la llegada de Quim Torra a la Generalitat con Pedro Sánchez (a quien, según los sondeos, también roba voto Rivera). Parece mentira, pero muy atrás quedaron los tiempos en que las reuniones con el socialista en la Moncloa duraban menos de 15 minutos o se hacían la cobra para evitar darse la mano en público. Es ya un recuerdo la gélida distancia que los separaba en la época del no es no a la investidura del líder popular por parte del PSOE, cuando Rajoy quería ser presidente sin mayoría y sin apenas arremangarse y Sánchez quería hacer lo propio cuadrando un círculo  imposible que uniera a Ciudadanos y Podemos. 

Actualmente son el uno para el otro "Mariano" y "Pedro", con perspectivas muy distintas sobre cómo enfocar la política española en general pero con una buena relación personal que surgió en la última etapa del mandato de Carles Puigdemont, cuando la llegada de algo similar a un referéndum y a una DUI les hizo reconciliarse para afrontar desde el acuerdo la respuesta del Estado al desafío soberanista. La consonancia en cómo abordar la situación en Catalunya continúa, y a eso ayuda Rivera, que supuestamente ha roto el pacto que mantenía con PP y PSOE sobre la crisis catalana y exige continuamente más madera. Incluso, la prórroga del 155 para mantener la intervención desde los inicios de la era Torra,  dados los primeros gestos hechos desde su investidura, incluida la elección de un Govern con presos y huidos. 

Desde este jueves, aprobados los Presupuestos, se verá también cuánta presión sobre la crisis en Catalunya está dispuesto Rajoy a tolerarle al líder de Cs, ahora que ya no le necesita.  Y que suenan tambores de guerra electorales. Se ha abierto otro tiempo.

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