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Rajoy siembra el miedo ante un candidato que no es de fiar

La caída del Gobierno abrirá la batalla en el partido y el reparto de puestos. Se defiende de la ‘Gürtel’ y dice que el PSOE es igual de corrupto que el PP

PILAR SANTOS
01/06/2018

 

Cuando llegó el receso del mediodía del debate, sobre la una, Mariano Rajoy salió del hemiciclo y se dirigió a la sala de Gobierno del Congreso, un espacio vetado a cualquiera que no forme parte del Ejecutivo. Allí, los ministros le dieron un aplauso y él, emocionado, recibió un beso de su jefa de prensa desde hace más de una década, Carmen Martínez de Castro. Enseguida el político gallego se puso a charlar con su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, entre otros. Según varios testigos, la situación fue incómoda y algunos dudaron sobre cómo debían actuar. Darle un mensaje de ánimo, preguntarle por lo que iba a hacer… La mayoría optó por ir saliendo poco a poco de la sala, hasta que al final solo se quedaron Rajoy, Santamaría, la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, y la de Trabajo, Fátima Báñez. Salieron del Congreso cerca de las dos de la tarde. El líder del PP ya no volvió más durante toda la tarde, que pasó en el reservado de un restaurante cercano con algunos de sus principales colaboradores y también Cospedal.

A esa hora ya estaba clara la amenaza de que el PNV lo iba a dejar caer. Solo faltaba el anuncio oficial. En las cuatro horas anteriores de debate, Rajoy no desplegó esa magia como parlamentario que algunos de sus diputados esperaban, no llevaba preparado ningún golpe de efecto que pudiera desbaratar la estrategia de Pedro Sánchez. El presidente repitió los mismos argumentos de los últimos años para sus dos objetivos clave: desacreditar la candidatura del socialista y defenderse de las acusaciones de corrupción en su partido.

Contra el aspirante a la Moncloa, el político gallego utilizó los mismos calificativos que le dedicaba antes de que juntos aprobaran el 155: «Usted es un inconstante, no habla claro y sus planes cambian más que el famoso mapa de las isobaras». Le acusó de actuar como un «chantajista» y le recordó las duras declaraciones que hizo contra Pablo Iglesias o el president Quim Torra, ahora aliados para sacar adelante la moción. El líder del PP lamentó que Sánchez sea «una pura ambigüedad táctica» y diga una cosa y la contraria «en política nacional, europea, económica o social».

SENTENCIA «MANIPULADA» / Respecto a la corrupción, pese a que esta moción llega una semana después de que la primera sentencia de la Gürtel haya considerado probada la existencia de una caja b del PP, Rajoy no innovó y respondió con una idea fuerza: ¿está el PSOE libre de la mancha de la corrupción? Según el líder conservador, el PSOE hace una «interpretación libre, interesada y manipulada» de la sentencia, en la que en su opinión «no existe una línea de condena al PP» ni acusa a la formación de «crear un sistema de corrupción institucional» sino a «determinados militantes que mantenían un sistema paralelo» de financiación ilegal.

A partir de ahí, trató de demostrar que el PSOE es tan corrupto como el PP, con preguntas retóricas lanzadas al aire, acompañadas de silencios para dar suspense a su discurso: «¿Tienen algún condenado en sus filas?; ¿hay alguien de su partido en la cárcel por su corrupción?; ¿cuando llegue la sentencia de los ERES se van a poner una moción de censura a sí mismos? ¿Qué tiene que decirnos usted de la caja b del PSOE valenciano y el Bloc?”.

La confirmación de que los cinco diputados del PNV votarán hoy a favor de Sánchez llegó a primera hora de la tarde, cuando Rajoy seguía en un restaurante de la calle Alcalá, a apenas un kilómetro del Congreso, con Cospedal, Martínez de Castro y algunos asesores más. Abandonaron el local unos minutos después de las diez de la noche entre decenas de cámaras que grabaron el final de uno de sus días más amargos.

La vicepresidenta Santamaría, en cambio, (al igual que la inmensa mayoría de diputados) siguió el debate desde su escaño durante la tarde. Y con Cospedal con el presidente y Santamaría en el Congreso, las malas lenguas se dispararon en el patio de la Cámara baja.

Si hoy no hay sorpresas de última hora, Rajoy y todo su Gobierno caerán. El político gallego tendrá muchos menos puestos de trabajo para colocar a su gente porque solo dispondrá de la estructura del partido (y en crisis). Algunos ya se preparan para dar la batalla.

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