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LOS PLANES DEL NUEVO PRESIDENTE

Sánchez diseña un Gobierno con perfil político para un año

El PP prepara ya una oposición dura e intentará acortar el calendario del líder del PSOE. Jordi Sevilla, Calvo e Iceta parten como los favoritos para entrar en el nuevo Ejecutivo socialista

J. RUIZ SIERRA / GEMMA ROBLES
02/06/2018

 

Cuando es elegido un presidente en circunstancias normales, suele tener perfilado cómo será su Gobierno: su estructura y sus ministros. Pero estas no son circunstancias normales. Pedro Sánchez es el primer dirigente que llega a la Moncloa a través de una moción de censura. El drástico instrumento para desalojar a Mariano Rajoy no estaba en la mente del líder socialista hace apenas 10 días, antes de conocerse la demoledora sentencia del caso Gürtel, y ahora Sánchez tiene que designar con celeridad las carteras del futuro Ejecutivo. Las quinielas sobre su composición van en muchas direcciones, pero en el entorno del secretario general del PSOE señalan que no hay nada cerrado. Los favoritos aseguran no haber recibido ninguna llamada. Pero todos coinciden en que el Gobierno de Sánchez tendrá un perfil eminentemente político, no técnico, para abordar iniciativas de alto valor simbólico en una legislatura que, según los cálculos socialistas, durará en torno a un año. Quizá más.

Después de lograr 180 votos a favor de su candidatura (del PSOE, Unidos Podemos, ERC, el PDECat, el PNV, Compromís y Nueva Canarias), Sánchez recibió el aplauso de los diputados de su partido, pero también de los morados. «¡Sí se puede!», gritaban en la bancada de Pablo Iglesias. Parecían más alegres que los socialistas, que fueron saliendo del hemiciclo con cierta sensación de irrealidad. «Todavía no me lo creo», dijeron varios de ellos. Nadie sabía muy bien qué hacer. No había nada planeado. Ninguna celebración.

Cada uno se fue por su lado y Sánchez se reunió con su guardia pretoriana. Ahí estaban los de siempre: Adriana Lastra, vicesecretaria general; José Luis Ábalos, secretario de organización y principal negociador de la moción de censura; Margarita Robles, portavoz parlamentaria, y Juan Manuel Serrano, jefe de gabinete del secretario general. Pero también hubo un nuevo invitado: José Enrique Serrano, jefe de gabinete de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero y principal experto del PSOE en estas situaciones. La conclusión a la que llegaron, según fuentes conocedoras de la cita, fue que había que darse cierta prisa, que había que dar forma al Ejecutivo en «los próximos días», pero «sin apresurarse», una vez que Sánchez tome posesión hoy a las once de la mañana en el Palacio de la Zarzuela.

LA DIFÍCIL DIGESTIÓN / En el PP, que votó en contra de Sánchez junto a Ciudadanos, UPN y Foro Asturias (un total de 169 rechazos, con la representante de Coalición Canaria absteniéndose), se intenta digerir lo sucedido. Y se preparan para una dura oposición en la que intentar recortar el calendario a Sánchez, sacando el látigo con la economía y la cuestión territorial si hay «alguna cesión», además de frenar a Albert Rivera en seco. «El cuerpo a cuerpo con el Gobierno socialista será con nosotros, no con Ciudadanos, así que empiecen a asumir que se desinflarán», apuntaba un veterano dirigente popular.

Queda pendiente una reorganización interna. Rajoy tiene que pensar qué será de él y del partido. Y dónde, con qué fin y respetando qué equilibrios coloca a algunos destacados miembros de su Gabinete, como Soraya Sáenz de Santamaría. Eso será a partir del próximo martes. Seguramente antes, la propia Santamaría y algunos otros fontaneros tendrán que preparar el traspaso de poderes con el PSOE.

Ante una situación tan extraordinaria como esta, sin ninguna situación anterior a la que agarrarse, con un presidente que alcanza el poder censurando a otro, con solo 84 diputados de su propio partido y una amalgama de partidos apoyando su candidatura, la dirección socialista apuesta por que los ministros tengan «experiencia», «prestigio» y un perfil político para aprobar y trasladar a la opinión pública las iniciativas de Sánchez. Iniciativas como la derogación de la ley mordaza y la ley de igualdad salarial, que unidas a la intención de aprobar los Presupuestos del 2019, dan para un periodo de un año.

Y aquí es donde empieza el baile de nombres en un Ejecutivo que será paritario. Suenan Jordi Sevilla, exministro de Administraciones Públicas, como vicepresidente económico; y Carmen Calvo, exministra de Cultura, en otra vicepresidencia. Dentro de la llamada «cuota catalana», Miquel Iceta, líder del PSC, parte como favorito, y también aparece Meritxell Batet, cabeza de lista del PSC en las últimas generales.

El cambio de Margarita Robles presentaría menos problemas: no se encuentra cómoda como portavoz. José Enrique Serrano, por su dilatada trayectoria, también forma parte de este grupo, así como Cristina Narbona, Adriana Lastra, Patxi López, Beatriz Corredor, Josep Borrell, María Luz Martínez Seijo y Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Ábalos es la mano derecha de Sánchez, su hombre para todo, pero su paso al Gobierno podría dejar un hueco muy relevante en el PSOE.

En cualquier caso, incluso los más críticos con Sánchez aplaudían ayer su iniciativa. «Estábamos fuera de juego y ahora somos los protagonistas –dijo un diputado muy alejado del secretario general–. Aquí se trata de aprobar unas cuantas iniciativas simbólicas, sin tocar mucho las cosas de comer, y encarar las generales». Entre los sanchistas la interpretación era otra. «Hemos conseguido lo que los barones no nos dejaron hacer hace dos años -explicó un miembro de la ejecutiva-. Echar a Rajoy gracias al apoyo del independentismo».

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