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Trump arrasa en Carolina del Sur y Clinton respira en Nevada

Jeb Bush se retira de la carrera a la nominación tras otro resultado decepcionante

 

Donald Trump junto a su hija Ivanka, tras imponerse en las primarias republicanas en Carolina del Sur. - EFE / RICHARD ELLIS

RICARDO MIR DE FRANCIA
21/02/2016

Hillary Clinton suspira aliviada, Donald Trump avasalla y Jeb Bush se va definitivamente a casa. Ese sería el resumen telegráfico de la tercera jornada de las primarias en Estados Unidos, que deja la carrera republicana convertida en una pelea a tres y devuelve un mínimo de tranquilidad al aparato del poder demócrata.

En los caucus de Nevada, Clinton se impuso a Bernie Sanders con suficiente holgura para que nadie le discuta esta vez la victoria. Haciendo valer su implantación en el estado desde la campaña del 2008, ganó por cinco puntos, un resultado que le permitirá dominar de nuevo la conversación y disipar algunas de las dudas que empezaban a acumularse sobre su candidatura. En el bando republicano, tampoco hubo sorpresa en Carolina del Sur. Trumpavanza como una apisonadora hacia la nominación en estos primeros compases de las primarias. El magnate neoyorkino se impuso por cerca de 10 puntos a Marco Rubio, que le robó por poco la segunda plaza a Ted Cruz. Lleva ya dos estados de tres, lo mismo que Clinton.

En la patria de los casinos, las espadas estaban en alto, después de que Sanders remontara 25 puntos en las últimas cinco semanas para llegar igualado a la cita. El socialdemócrata sacó más votos en las zonas rurales y conquistó la mayoría del voto hispano en contra de todos los pronósticos, según las encuestas a pie de urna. Pero no le bastó para ganar en un estado eminentemente urbano ante el apoyo abrumador a Clinton de los negros, los trabajadores de los hoteles deLas Vegas y las mujeres que, tras abandonarla en Nuevo Hampshire, cerraron filas en torno a la primera señora con serias aspiraciones para ser presidenta.

Con el 88% escrutado, Hillary obtuvo el 52% del voto frente al 47% de Bernie. “Algunos habían dudado de nosotros, pero nosotros nunca dudamos los unos de los otros”, les dijo la ex primera dama a sus seguidores en un discurso en el que sonó más presidencialista que nunca. Al lado tenía a su marido, el ex presidente Bill Clinton, un arma de doble filo que no se separa de ella desde que se dieron cuenta de que Sanders iba a ser algo más que un invitado de piedra en su teórico paseo triunfal hacia la nominación. Anoche Hillary descubrió que no debería dar por hecho el apoyo de todas las minorías étnicas, pero tiene el viento de cara y la próxima cita en Carolina del Sur le favorece. Los afroamericanos representaron allí más del 50% de los votantes en 2008. Tiene, por tanto, el estado en el bolsillo. El momento de Sanders se frena.

Entre los republicanos la gran noticia es el abandono de Bush, quien partía como el favorito indiscutible cuando todo comenzó en la primavera del 2015. El ex gobernador de Florida ha sido incapaz de tomar altura en un ciclo electoral marcado por el desprecio hacia las élites que su dinastía familiar representa como nadie. De nada le ha servido haber recaudado más que nadie de los intereses especiales, como se llama aquí a las empresas e industrias que influyen en el proceso electoral con donaciones ilimitadas. Con el 98% escrutado, Bush quedó cuarto en un estado que le era a priori propicio, con el 7.9% de los votos, detrás de Cruz (22.3%), Rubio (22.5%) y Trump (32.5). De hecho, quedó técnicamente empatado con el quinto, John Kasich.

Bush se despidió con elegancia, una cualidad que en gran medida le ha distinguido durante esta contienda vulgar y marrullera, donde Trump marca las pautas con su nacionalismo chovinista de presentador nocturno de programa de variedades. A Bush, el juego sucio se lo hacía su SuperPac. “Estoy orgulloso de la campaña que hemos hecho para unificar a nuestro país --dijo ante las lágrimas de su mujer, Columba, de origen mejicano--  pero la gente de Iowa, Nuevo Hampshire y Carolina del Sur ha hablado”.

Su abandono deja a Rubio como el candidato del aparato del partido. El hispano se ha repuesto de los errores de Nuevo Hampshire, alcanzando un más que meritorio segundo puesto en un estado con notable presencia de los evangélicos, un electorado que tiende hacia Cruz. La noche dejó otra novedad. Trump, que volvió a barrer entre los conservadores blancos sin estudios superiores y que no pagó el encontronazo con el Papa, dejó que hablaran su mujer,Melania, y su hija, Ivanka, a los seguidores que le acompañaron en Columbia, la capital del estado. “La gente de Carolina del Sur es estupenda. Felicidades a mi marido, él os ama y nosotros os amamos. Será el mejor presidente”, dijo una lacónica Melania ante el entusiasmo de una platea que recibió a toda la familia Trump al grito patriotero de “U.S.A, U.S.A…”