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Eurocopa 2016

 

Entre el bien y el mal

España necesita superar a Italia para mantenerse en la elite sabiendo que una gran Alemania le espera en cuartos

 

MARCOS LÓPEZ
27/06/2016

Está España en la frontera del bien. O del mal. Aparece hoy en París el campeón de Europa para librar un partido que marcará algo más que su futuro en el torneo. No solo anda en juego eliminar a Italia y llegar a los cuartos de final donde le esperaría Alemania, la actual campeona del mundo, con un juego que da miedo. Hasta los alemanes parecen españoles con su estilo. Es para la selección de Del Bosque mucho más que ganar un cruce. Es el partido más esperado de estos octavos. En juego está también la credibilidad de la selección, que vive su edad de oro. Jamás ganó tanto, un Mundial y dos Eurocopas consecutivas, empañada esa maravillosa era, eso sí, por el cruel recuerdo que causó su pobrísimo papel en Brasil hace dos años. Si España finiquita las ganas de vendetta de los italianos no habrá conquistado tiempo sino también demostrará que lo del Mundial-2014 fue un accidente. Un terrible accidente, pero accidente. Hubo un tiempo, y no hace tantos años, en que España miraba con envidia a Italia. Hasta por su fútbol, por mucho que ahora parezca hasta mentira. Era la época de la furia. Tenían los italianos todo lo que aspiraba la selección española. Una historia, una tradición y, sobre todo, una idea de juego, el catenaccio por bandera, o la versión moderna representada en Buffon (38 años), Barzagli (35), Chiellini (31) y Bonucci (29). Gladiadores italianos todos ellos que hacen de la defensa un arte supremo, convirtiendo cada balón en un asunto agonístico, de vida o muerte. Y, casi siempre, solían ganar ellos. Hasta que llegó el toque de Luis Aragones, hace ya ocho años, y cambió todo. Son ahora los italianos los que envidian a la luminosa España que ha dominado el fútbol mundial casi en la última década. Pero llegó a Brasil y todo se torció. La derrota ante Croacia le envió a la autopista de la muerte en los octavos de final. Aunque

no se sabe realmente donde está el peligro. O si no que se lo pregunten a los croatas, ya camino de su casa después de ser eliminados por la Portugal de Cristiano Ronaldo. Del Bosque, sometido una gran tensión, no pierde el tiempo, obsesionado como está en que España se reconcilie consigo misma. A él lo que le interesa de verdad es que España recupere el control del juego. O lo que es lo mismo. Que tenga el balón y lo juegue con criterio e inteligencia, algo que no hizo en los minutos finales ante Croacia. En estos seis últimos días, y mientras crecía el ruido mediático, el seleccionador ha jugado miles de veces en su cabeza el partido contra esos expertos italianos, los soldados de Conte. Como ya avanzó el pasado sábado a EL PERIÓDICO, Del Bosque no toma la referencia del 4-0 en la final de la Eurocopa del 2012. Se queda el técnico con el 1-1 de la fase de grupos, un partido que se le atragantó a la selección de tal manera que no supo superar esa línea de tres centrales, que llevan una vida juntos. Necesita España toneladas de paciencia e ingenio para encontrar los atajos, además de una extraordinaria fortaleza emocional porque 90 minutos contra los italianos son molto lungos. En esa frontera del bien y del mal está también sumergido Del Bosque. Quizá sea hoy su último partido, si pierde, claro, como seleccionador después de un período de éxito, acompañado de las tradicionales turbulencias de un país más pendiente del ruido que del juego, pese a que la selección ha protagonizado una profunda revolución cultural. «No pienso en si será mi último partido o no. Venía pensando en el coche de que en septiembre empezamos la clasificación para el Mundial, conmigo o sin mí. Es la vida, es el deporte. Soy feliz, estoy encantado de representar a mi país», dijo Del Bosque sin dar pistas. Tozudo como es, quiere vivir, o morir, con sus ideas. Ideas que a él, salmantino y madridista de cuna hasta que Florentino lo despreció por anticuado, le han acercado más al Camp Nou que al Bernabéu. Por eso, esperan más a Del Bosque en su casa que fuera, cansado de un ambiente, como él lo ha definido de «mentira tras mentira» que ha empozoñado a la selección. «Hemos dados los toques necesarios para que todo el mundo esté atento y sepa lo que debe hacer. Lo más importante es que seamos nosotros», aseguró el seleccionador. Si España es fiel, Italia claudicará. Si tiene alguna duda o cae en la confusión de los minutos finales con Croacia, Italia le enviará a casa y podría ya, ahora sí, darse por liquidada la hegemonía de la Roja, iniciándose así el período de autodestrucción que puede llevarse por delante todo, incluida la idea. «Tengo unos jugadores especiales, estoy encantado son ellos. Son firmes defensores del fútbol español», proclamó Del Boque, asumiendo que ganar a Italia es más que una victoria.

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