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Aquí la escuela es cosa de todos

Voluntarios en las aulas, grupos reducidos de alumnos y heterogéneos, asambleas, tertulias literarias... son algunas características de los centros reconvertidos en comunidades de aprendizaje, en los que todo un barrio se involucra en la educación de los menores

Guadalupe Moral
18/03/2018

 

La decisión fue de todos. Padres, maestros, alumnos, personal no docente... se acercaron hace nueve años a una urna y votaron. Decidieron que sí, que querían que el colegio Miralvalle de Plasencia se covirtiera en una comunidad de aprendizaje. ¿Y qué implica esto? Más participación y la implicación de todos los que rodean a los alumnos y al propio centro en la educación de sus vecinos más pequeños. Una comunidad de aprendizaje se define como un proyecto de transformación social y cultural de un centro educativo y de su entorno, encaminado a la mejora de los resultados escolares y de la convivencia, y a lograr el éxito educativo de todo su alumnado.

«La idea es que aquí todos aportamos algo a la educación de nuestros chicos y chicas», explica el director del colegio placentino, José Sánchez. Y eso lo hacen siguiendo varias prácticas de éxito avaladas por la comunidad internacional. Hay dos fundamentales, los grupos interactivos y las tertulias dialógicas literarias. La primera actividad consiste en incorporar voluntarios del barrio a las clases. «Pueden ser padres, abuelos... pero también personal no vinculado directamente con los alumnos que un día a la semana se integran en las aulas y realizan actividades». A los alumnos dividos en grupos de cinco o seis se les plantea una actividad y la misión del voluntario es animar al alumnado a interactuar entre sí. Que se ayuden y se dejen ayudar.

Diálogo en torno a un libro

Otra de esas prácticas de éxito habituales en las comunidades de aprendizaje son las tertulias literarias dialógicas, o lo que es lo mismo, un coloquio en torno a un capítulo de un clásico de la literatura universal donde lo importante no es acabar realizando el típico comentario de texto, sino generar un diálogo de forma igualitaria entre los participantes. «Todo lo que cualquiera diga es válido, porque una simple frase puede evocar muchas cosas». Estas tertulias no solo son cosa de alumnos, en este colegio también se realizan por las tardes para los padres, que tiene una implicación directa en la vida del centro. «Aquí existe un representate de los padres en cada aula, como existe un delegado de clase». Y todo ellos también tienen voz y voto a través de la junta de representantes que se reúne regularmente.

Aparte de las prácticas más comunes como comunidad, en el colegio Miralvalle, con cerca de 520 estudiantes, van más allá. Los alumnos de 6º son los encargados de gestionar y organizar el servicio de biblioteca en los recreos y los de 5º son mediadores de conflictos y organizadores de los juegos que se realizan en los descansos. Y todo el alumnado participa también en un proyecto del CPR de Plasencia para involucrar a los pequeños en sus barrios. Por ejmpleo, investigan sobre los nombres de las calles más próximas, sobre los servicios que hay y proponen mejoras en sus entornos. «Si creen que hace falta una farola en un determinado sitio, no serán ellos los que vayan a romper esa farola. De esta forma, además de trabajar todas las competencias, se ahonda también en la concienciación social, en la responsabilidad, el trabajo cooperativo,...», señala el director.

Otra experiencia en Badajoz

No es el único centro educativo extremeño reconvertido en comunidad de aprendizaje. De hecho, existe una red que además les sirve para compartir experiencias. En esta también se integra el colegio Nuestra Señora de Fátima de Badajoz. Para este centro de atención preferente transformarse y abrirse a su entorno era la mejor opción para el impulsar el barrio marginal donde se asienta, en las Ochocientas, donde el absentismo escolar era el pan de cada día. Y con esta fórmula ya prácticamente ha dejado de serlo.

«Queríamos que la educación funcionara, veíamos que nos llegábamos a todos los niños, que el rendimiento no mejoraba, que la educación no parecía imporante, teníamos la sensación de no hacer todo lo posible para mejorar. Luego también éramos conscientes de la necesidad de transformación del barrio, de los problemas de convivencia y las situaciones de agresividad que se daban con frecuencia. Nos sentíamos insatisfechos y teníamos que apostar por algo diferente. Así, comenzamos como comunidad de aprendizaje en el 2009-2010 y hemos notado una mejoría bárbara tanto en el rendimiento como en la convivencia. Cada vez más niños nuestros llegan a la universidad o siguen estudiando en la Formación Profesional. Pero esto es un proceso largo y tenemos que seguir. Los que llevamos aquí como yo 12 años sí que hemos visto el cambio», señala la directora del colegio, Quinti Méndez.

Ello se ha logrado implicando a todo el entorno: familias, vecinos, colectivos del barrio en las actividades cotidianas del colegio. «No se puede lograr un cambio en el alumno si no conseguimos cambiar primero a la familia», insiste la jefa de estudios, Marisol Díaz. Y ese contacto que normalmente se tiene a través de reuniones informativas en otros centros, aquí se logra a través de su participación. «A los alumnos les beneficia mucho verlos dentro del aula».

Con 120 voluntarios

Aquí, como en el centro placentino, también acuden voluntarios (tienen 120) a los grupos interactivos en los que trabajan varias competencias en una hora y con grupos heterogéneos, siguiendo siempre el principio de inclusión, y se realizan tertulias literarias dialógicas. «Con los grupos interactivos el aprendizaje se acelera, pero además se fomenta la solidaridad porque la base son los voluntarios, se mejora la expresión oral... y con las tertulias se trabajan más las emociones, los sentimientos, la reflexión, la escucha activa, la tolerancia. Es muy enriquecedor».

Pero estas son solo dos de sus actividades. Realizan asambleas de aulas diarias para adentrarse en el mundo interior del niños y sus coflictos, «porque no solamente nos preocupa el rendimiento, sino también hacer buenas personas y esto impregna todo nuestro currículo», insiste Méndez. También tienen biblioteca tutorizada por las tardes, cursos de formación para los padres, entre otras, y son parte activa de las reuniones con las distintas asociaciones y colectivos del entorno para mejorar esta zona de la margen derecha de Badajoz. «De lo que se trata es de transformar todo el barrio y hacer ver a las familias lo importnte que es la educación de sus hijos».

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