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Desde el coaching

La creatividad en el sistema educativo

 

Antonio Muñoz Sánchez
27/03/2016

Vamos a tu colegio. Piensa en todos los compañeros de clase que has tenido en tu vida y, en un ejercicio sencillo, creo que adivinaré que el 95% de ellos tenían o estaban muy próximos a tu edad. ¿Ha sido bueno esto para tu educación? Parece que es razonable que en una misma clase todos los alumnos tengan la misma edad. ¿Lo es? El sistema educativo sigue un orden lógico. ¿Es lógico? A los americanos de Seattle se les ha ocurrido ubicar en un mismo edificio una guardería y un asilo de ancianos; esperando que ambos colectivos se beneficien mutuamente. Parece una buena idea. ¿Es una buena idea?

Ultimamente han surgido muchas corrientes que realizan propuestas creativas para mejorar la educación. Todos "sabemos" de educación y casi todos criticamos los sistemas educativos. Y sinceramente todas estas propuestas que tratan de mejorar el sistema educativo son poco realistas y aportan poco valor.

Las propuestas creativas del inglés Ken Robinson (pon su nombre en Youtube y escucha lo que dice) están muy bien como experimento, pero no mejoran la esencia de un sistema educativo. Tampoco creo que un pacto global entre todos los partidos sobre educación mejoraría mucho nuestro sistema como muchos proponemos en tertulias de poco valor añadido. Paparruchas, como diría mi abuela Rufa.

Un sistema educativo no se mejora de la noche al día como todos queremos y algunos creen. Es un trabajo de largo plazo. Hay que involucrar a toda la tribu. Padres, maestros, dirección y hasta el policía del pueblo. Y pienso que vamos por el buen camino. De hecho un policía interrogó a Antonio el año pasado porque un día de diario estaba en la calle. Quería saber por qué no estaba en el colegio. A esto me refiero. Como mi madre se preocupará por esto, permíteme que le diga que estaba en la calle porque estaba estudiando en el extranjero y vino a España porque allí eran vacaciones escolares.

Mientras llega el mago con la varita que mejore esto, desarrollemos con pasión nuestra preciosa profesión de maestro. Platón odiaba a los sofistas porque cobraban dinero por enseñar. No lo entendía. Me gusta Platón. Y tú, ¿aportas una propuesta realista y de valor para mejore esto?