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los pedidos

De dejar la bombona en la calle al uso de internet y los móviles


24/06/2018

 

Tanto Repsol como Cepsa han apostado en los últimos años por lanzar al mercado un formato de bombona de butano más ligero y manejable pero cuyo precio, eso sí, ya no está regulado por el Gobierno. En el caso de Repsol la puso en circulación a finales del 2015, si bien no fue hasta el año siguiente cuando llegó hasta la región. En un principio se despachaba únicamente en puntos de venta —estaciones de servicio de esta enseña— y ha sido a partir de este mismo año cuando se ha subido a los camiones de reparto para ofrecerla también a domicilio.

«El índice de penetración está siendo muy bueno. Es muy fácil de manejar por el cliente, lo que la hace muy atractiva», afirma Antonio Carbonero, jefe comercial en Extremadura de Repsol Butano. En 2017 se vendieron de este nuevo formato 101.417 unidades en la comunidad autónoma y, en los cinco primeros meses de este año, esta multinacional ha dado salida a otras 55.000.

«En las zonas donde lleva más tiempo, como Levante o Cataluña, se vende muchísimo, porque es mucho más cómoda. Y aquí acabará entrando también», pronostica Antonio José Ramos, presidente de los distribuidores de la provincia de Badajoz. «La media de consumo en una vivienda está en diez o doce bombonas al año. Por un euro de diferencia, diez anuales, no merece la pena que, por ejemplo, una mujer de setenta años esté cargando peso», argumenta.

Otro aspecto en que el incide Ramos es en que este formato, al no tener un precio de venta obligatorio, permite dar rentabilidad al servicio ya que, asegura, «el precio regulado complica la viabilidad del sector. Ahora estamos con unos márgenes que casi no son rentables». «Antes tú ibas a un pueblo y repartías cien bombonas. Ahora repartes veinte. El coste sigue siendo el mismo o superior, pero con menos ventas. Así que, o eliminas días de reparto y dejas desabastecidas poblaciones o necesitas más ingresos por unidad. No queda otra», resalta.

‘App’ y puntos de venta

También ha cambiado, al menos en parte, la forma en la que los usuarios compran las bombonas. En los pueblos cada vez es menos frecuente ver las botellas puestas en las puertas de las casas a la espera de que pase el repartidor. En sentido contrario, ganan peso los pedidos que se hacen por internet o a través de aplicaciones móviles, que se suman a la posibilidad de hacerlos por teléfono, existente ya desde hace muchos años. «Las rutas se siguen haciendo, por todas las poblaciones se pasa a hacer el reparto, pero no se ve tanta bombona en la calle porque el cliente hace el pedido por teléfono o por aplicaciones móviles y se la llevamos», cuenta Ramos. También, agrega, «gran parte» de las unidades han pasado a ser «recogidas directamente en los puntos de venta» por los propios clientes.

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