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LOS AYUNTAMIENTOS DICEN QUE NO HAY GARANTÍAS DE CUMPLIR CON EL AFORO Y LAS MEDIDAS SANITARIAS

«Es un frenazo al turismo», lamenta Gata ante el cierre de las piscinas naturales

La decisión de la Mancomunidad de Municipios de Sierra de Gata de cerrar las zonas de baño este verano preocupa al sector turístico. Los empresarios y trabajadores temen pérdidas millonarias y reclaman que los alcaldes reconsideren su propuesta

 

Queja de empresarios y vecinos. Maribel, Beningo, Rocío y Clemente, en Gata. - ALBERTO MANZANO

28/06/2020

Un varapalo fuerte. Eso es lo que ha supuesto para la localidad cacereña de Gata la decisión de la mancomunidad de no abrir este verano las piscinas naturales ante la dificultad y los obstáculos de poder cumplir con las pautas de control de aforo y de carácter sanitario.

La presidenta de la Mancomunidad de Municipios Sierra de Gata, Rocío Pérez, anunció la medida el pasado 17 de junio. Es un acuerdo compartido por los municipios de Acebo, Robledillo de Gata, Descargamaría, Cadalso, Torre de Don Miguel, Gata, Hernán Pérez, Santibáñez el Alto, Villasbuenas de Gata, Perales del Puerto, Hoyos, Eljas, Valverde del Fresno y San Martín de Trevejo.

Pero, ¿qué opinan los afectados? Maribel Calzada Domínguez gestiona los alojamientos rurales Zocailla en Gata y confía en que la resolución dé la vuelta y tanto los ayuntamientos como la mancomunidad reconsideren la apertura. «Nos afecta mucho porque las piscinas naturales son el mayor atractivo turístico que tiene la comarca». Indica que hasta la semana pasada el sector turístico seguía bajo mínimos, pero que ya se empezaba a notar un repunte. «Esto va a suponer un frenazo y es verdad que al no cerrarse las compuertas de los ríos, la gente puede disfrutar de charcos y arroyos, porque en toda la Sierra de Gata hay kilómetros de ribera».

Sin embargo, se sienten «discriminados y decepcionados porque las autoridades no han terminado de dar el último impulso que necesitaríamos los hosteleros para salir de esta crisis. Llevamos cuatro meses en parón absoluto y aunque sabíamos que la época estival no iba a ser como las anteriores, estábamos esperanzados en tener una media de ocupación. Es un futuro incierto», destaca.

Maribel es de Gata, pero pasó 16 años en el Pirineo catalán trabajando en la hostelería. Adquirió la casa de sus abuelos en el pueblo, y así empezó todo. «Llevo 21 años con el negocio y esto ha sido lo peor. Durante los inicios, el turismo era más de otoño-invierno, pero desde que se pusieron operativas las piscinas, viene por aquí un montón de gente, no solo a alojarse, también a pasar el día».

Benigno Domínguez Sánchez regenta el bar Manolete, en Gata. Nacido y criado en la localidad, es emigrante. Estuvo ocho años trabajando en Suiza en el ferrocarril y luego como guardia de seguridad de Coca Cola en Badajoz. Un día decidió volver a su pueblo para montar un negocio. El 1 de julio cumplirá un año. Subraya que la decisión repercute negativamente no solo en la hostelería, igualmente en el pequeño comercio. «Esperando a que llegue el verano porque junto a la Semana Santa son las dos estaciones con más afluencia de gente. Las zonas de baño naturales suponen nuestra principal fuente de ingresos y beneficios, de modo que los turistas preferirán irse a la playa o a lugares donde estas instalaciones estén autorizadas. Nuestra agua es limpia y cristalina, no existe contaminación, ¿qué diferencia hay de unas comarcas de la región a otras cuando todos vivimos de lo mismo?», se pregunta Benigno.

Miguel Ángel Solís González se dedica a la construcción. Se queja de las dificultades burocráticas para otorgar las licencias. «Esos inconvenientes suponen un impedimento para invertir». También se añade el asunto de las piscinas. «Llevamos un par de años que la gente viene atraída por el turismo. Les gusta y terminan comprando una vivienda para reformar. Si ahora no se abren, eso dejará de atraer a los inversores». Sierra de Gata es una comarca que vive del turismo y la agricultura. Pero además hay seis empresas de la construcción. «Reivindicamos que todo cambie porque necesitamos facilidad para progresar», considera.

Rocío Alonso Jacinto, de Gata, trabaja en la hostelería y es cocinera del restaurante El Secreto del Bodegón. «Bastantes visitantes acuden por el turismo de sierra, el senderismo y las piscinas naturales. Si no vienen , ¿qué hacemos, si en verano esto sigue así cómo mantienes un negocio abierto todos los días?», se cuestiona.

El volumen de empleo ha descendido considerablemente comparado con la época anterior al coronavirus. «No entiendo esta decisión. Se debería impulsar más la Sierra de Gata. Por mucho que las asociaciones y los empresarios estén unidos, es necesario el apoyo de la administración, teniendo en cuenta nuestro potencial. Tenemos de todo: agua, arquitectura, paisajes preciosos...», apostilla.

Rocío trabajó en Lleida en hostelería, un gremio al que siempre ha pertenecido. Pero su sueño era volver al pueblo. «No todo el mundo tiene la suerte de vivir y trabajar en el lugar donde ha nacido. Actualmente nos encontramos en una situación en la que como no se invierta, las personas terminarán marchándose. No entiendo por qué los de la Sierra de Gata somos los que tenemos que perder. Llevamos años luchando por el cámping, y tampoco; se cerró y le daba mucha vida», cuenta.

Clemente Jiménez Parralejo se emplea desde hace 14 años a este sector. Dispone de dos alojamientos rurales y un restaurante en San Martín de Trevejo. En Gata regenta El Secreto del Bodegón. «Esperamos que llegue todo a buen puerto porque Sierra de Gata se tiene que creer que el turismo existe y que esta ocupación es la mejor manera de frenar la despoblación. Clemente hace alusión al volumen de trabajadores contratados, con perspectivas de aumentar los empleos en temporada alta. «Si nos quitan el verano, después de lo que llevamos pasado, y sin ningún tipo de apoyo de la administración, se nos va a hacer muy difícil. El querer es poder y todo tiene solución». Dice que las pérdidas son elevadas y que las casas rurales que no tengan piscina lo notarán. «Si a eso le añades que cierran las zonas de baños naturales, el resultado es que demasiados compañeros ya están recibiendo numerosas cancelaciones».

En su caso, sus instalaciones sí disponen de piscina, pero admite «que el viajero busca el atractivo del agua». Recuerda que la Junta de Extremadura ha dado carta verde, que ha emitido un protocolo de seguridad con los pasos a seguir, pero que la responsabilidad y la decisión de abrir o no las piscinas naturales recae en los ayuntamientos. «Los alcaldes tienen la última palabra», expone el empresario.

Clemente, nacido en Los Ibores y criado en Mérida, apostó por la sierra. Asimismo reclama la apertura del cámping, que creaba ocho puestos de trabajo y en temporada alta 26, más los indirectos que repercutían en el comercio.

El río ofrece una imagen cristalina y a los chiriguintos, tímidamente, acuden los clientes. Allí sí está permitido el baño. Las piscinas, sin embargo, continúan con el cerrojo. Si la cosa sigue así, el sector pronostica unas pérdidas para la comarca durante la época estival que pueden rondar los cuatro millones de euros.