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El fervor mariano toma Guadalupe

El arzobispo de Toledo, monseñor Braulio Rodríguez, recuerda en su homilía que el 2020 será Año Jubilar . El monasterio guadalupense acoge la tradicional eucaristía y procesión seguida por cientos de fieles

 

De hoy más tu gloria nunca olvidada los extremeños pregonarán; de Guadalupe, madre adorada, jamás tus hijos te olvidarán». El sentir de un pueblo recogido en el himno a su patrona, a la madre de todos, la que de norte a sur, de este a oeste, mantiene inexorable el fervor mariano de toda una región desde tiempos inmemoriales. La Virgen de Guadalupe, patrona extremeña, volvió a protagonizar ayer la jornada del 8 de septiembre, Día de Extremadura, con su salida procesional ante los miles de fieles que un año más acudieron a su llamada como muestra de fe y devoción. El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, majestuoso hogar de la Reina de las Villuercas, lució engalanado para acoger un encuentro espiritual que trasciende a la razón para asentarse en el rincón de los sentimientos y de las emociones, en pleno corazón guadalupense de los peregrinos y devotos.

A las once y cinco de la mañana, con la interpretación del Canticorum Iubilo, de G. F. Händel, dio comienzo la eucaristía oficiada por el arzobispo de Toledo y primado de España, monseñor Braulio Rodríguez. La aglomeración de fieles en el interior del templo, como suele ser habitual, hizo que los presentes agitasen sus abanicos con ganas para ayudar a sofocar el calor. En su homilía, el arzobispo habló del amor a la virgen y de los valores cristianos, sin hacer ninguna mención a la reivindicación de que Guadalupe pase a depender de una diócesis extremeña. En cambio, sí tuvo tiempo para recordar que Guadalupe celebrará en 2020 su Año Jubilar, un privilegio que ostenta gracias a Juan Pablo II desde 2005. Por este motivo, desde el ayuntamiento guadalupense y los arzobispados eclesiásticos de Extremadura y Toledo se está trabajando para que el Papa Francisco visite el próximo año la región.

El arzobispo de Toledo estuvo acompañado por los responsables de las tres diócesis extremeñas, el arzobispo de Mérida-Badajoz, Celso Morga, y los obispos de Coria-Cáceres, Francisco Cerro, y Plasencia, José Luis Retana, además del arzobispo emérito de Segovia, Ángel Rubio, natural de Guadalupe. En los bancos más próximos al altar se sentaron autoridades políticas de la región como el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara; el presidente del PP regional, José Antonio Monago; el portavoz de Ciudadanos, Cayetano Polo; la delegada del Gobierno, Yolanda García Seco; la presidenta de la Asamblea, Blanca Martín; los presidentes de las diputaciones, Rosario Cordero y Miguel Ángel Gallardo; y el alcalde de Guadalupe, Felipe Sánchez, entre otras autoridades judiciales y militares.

LA PROCESIÓN // La coral de Santa María de Guadalupe se encargó de amenizar la misa con el acompañamiento siempre solemne del órgano. Tras la bendición final del arzobispo, los vítores desgarrados de los devotos anunciaron que ya quedaba menos para el cara a cara con la Reina de la Hispanidad, aunque como bien dicen, lo bueno se hizo esperar. Por ello, los fieles aguardaron más de media hora hasta que por fin, cuando restaban veinte minutos para las doce del mediodía, la morenita cruzó el arco de la capilla de Santa Paula entre aplausos y vivas para hacer de nuevo acto de presencia ante la multitud.

Precediendo el paso de la virgen, decenas de personas descalzas y de rodillas discurrieron por el crucero del santuario en dirección al imponente claustro mudéjar de Los Milagros, donde esperaban muchos más fieles, incluso desde antes que diera comienzo la eucaristía. La impactante imagen de quienes van de promesa, en fila de dos, es clave para entender la devoción por la perla de las Villuercas, que también estuvo arropada por su damas y caballeros. La pequeña talla de la morenita, que en esta ocasión lució el manto más antiguo que conserva, del siglo XV, procesionó arropada por los sones de la banda municipal de la localidad de Guadalupe. «Es una día muy emotivo como extremeño y guadalupense», aseguraba José Luis Tello, uno de los fieles, mientras aguardaba la procesión.

Mari Carmen Cabanillas, teniente de alcalde y edil de Asuntos Sociales del consistorio guadalupense, destacó que la virgen «supone una emoción inmensa para el pueblo y para mucha gente de toda España». «Esperamos que el Año Jubilar sea muy especial y trabajaremos mucho más», apuntó la concejal. Junto a ella estaba su amiga María José Luengo, quien considera que «cada uno vive esto de una manera, en función de si es creyente o no, pero quienes lo sentimos realmente llevamos siempre muy adentro a la virgen».

LOS PEREGRINOS // Enrique Clavero, de Anchuras (Ciudad Real), forma parte de una asociación integrada por amigos, familiares y vecinos del municipio manchego que desde hace años realizan la peregrinación a Guadalupe. «Empezaron con esta idea personas mayores y vamos pasando el testigo a la gente más joven. Guadalupe nos pilla muy cerca y tenemos mucha devoción por la virgen, por eso venimos todos los años», explicó el peregrino, quien indicó que este año habían peregrinado unas 45 personas.

En los días previos a la celebración religiosa, se ha instalado este año una nueva señalización de hitos kilométricos para facilitar el paso a los peregrinos que llegan a La Puebla. Desde la localidad de Alcoba de los Montes, también de Ciudad Real, salieron el pasado viernes un grupo de amigos para peregrinar a Guadalupe. «Estamos un poco cansados, pero la experiencia ha sido muy buena, sobre todo por el tiempo que pasas con los amigos», señaló Álvaro Parra.

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