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CORRIDA DEL DOMINGO DE RESURRECCION DE SEVILLA

Un gran Talavante da cuenta de su dimensión

 

Alejandro Talavante pasea, con alegría, la oreja que cortó ayer en Sevilla. - Foto: EFE / JULIO MUÑOZ

ANTONIO CASTAÑARES
28/03/2016

Sin encontrar ninguna facilidad y en una tarde en la que sucedieron muchas cosas, Alejandro Talavante dio una gran tarde de toros. Cortó una oreja de mucho peso a su primero y probablemente hubiera redondeado si hubiera acertado con la espada ante el muy complicado sexto.

Ayer había una gran expectación en la Real Maestranza. Con ambiente de gala, con un público que esperaba a Morante y le obligó a saludar al final del paseíllo, la tarde prometía. Compartió la ovación el de La Puebla del Río con Manzanares y Talavante, y sin embargo al final vio como le echaban el cuarto toro al corral, ello, todo hay que decirlo, tras una faena primorosa. Así que lo bueno, lo rotundo, lo hizo Alejandro Talavante.

Negro, de finas hechuras era el primero del de Badajoz. Tenía tendencia a salir sueltito del capote del torero pero metía bien la cara. Delantales de vertical figura pero fue devuelto tras dañarse aparentemente en el caballo.

Salió en su lugar un sobrero que embistió sin clase en las verónicas de Talavante. Puyazo corrido al caballo que montaba Manuel Cid, al que empujó con celo. Justo de fuerzas en el segundo tercio, poco lucimiento atisbábamos.

Torero en sazón

Pero ante él estaba un torero en sazón. Emotivo inicio de faena con el cartucho de pescao en los medios, para seguir con tres naturales en los que primaba el ajuste. Segunda serie al natural, de mucha expresión. Se echa la muleta a la mano diestra en los que fueron muletazos tirando del animal. Vuelta a la zurda para el cite de frente a pies juntos. Gracia y expresividad de Talavante en un toreo de mucha verdad, llevando al de Garcigrande hasta el final. Otra serie igual, toreando con los vuelos en los remates, cuando el toreo se hace más y más bello. En eso que se arrancó la música en lo que fueron momentos mágicos, ahora con la diestra, con trazo hacia abajo para alumbrar un toreo profundo. Otra serie al natural, ya con el toro a menos pero el torero a más, firme y asentado. Preciosos los ayudados finales para cerrar al astado. Estocada en lo alto. Un buen toro, de buen tranco en la muleta al que Talavante supo ver y dio todas las ventajas. Oreja de mucho peso.

Alto y acapachado era el toro que cerró el festejo, al que Talavante toreó a la verónica con dulzura. Distraído y desganado en los capotes. ¿Qué le vería el torero? El caso es que se lo brindó al público.

Había que darle ventajas y se las dio cuando inició la faena en los medios. Galope del toro, decisión de Alejandro y dos series ligadas con la diestra. Toro muy mirón cuando lo tomó al natural, que además se acostaba por ese pitón izquierdo. Vuelta a la diestra en una tanda muy lograda, firmeza en los toques y aguante del torero, que llevaba al animal hasta donde daba el brazo. Muy valiente Talavante, toro muy complicado porque iba y venía sin entrega, sin colocar la cara. Había que tragar y el torero tragó hasta calentar al público en una faena meritísima, a más, de mucha exposición y excelsa verdad. Manoletinas de clamor. Metisana que le privó de la oreja y estocada.

Castaño albardado, un punto regordío era el primero de Morante. Verónicas de lenta ejecución y media primososa, en un recibo a más tras unos primeros lances en los que el toro se defendía. Sucedáneo de la suerte de varas. Toro blando que cortaba en banderillas.

Faena esperada de reencuentro de Morante de la Puebla con una plaza que no siempre había sido justa con él, pero que ayer le esperaba. Brindis al público. Inicio por alto con trincherilla de mucho sabor, pero no a favor del animal. Un bello muletazo con la diestra y poco más porque el de Domingo Hernández llegó sin fuelle al último tercio.

Alto de agujas y hecho cuesta arriba era el cuarto de la tarde. Le echaba Morante el capote abajo pero esas hechuras anunciaban que no iba a humillar. Por eso es tan importante la morfología del toro. Pelea de manso en el caballo, haciendo sonar el estribo de Aurelio Cruz, pero muy bien picado. Esa fue la lección porque el animal descolgó en un hermoso quite del de La Puebla por cadenciosas verónicas. Cogida de El Lili en el tercer par de banderillas.

Muletazos de uno en uno

Inicio de faena de Morante a media altura. Toro al que falta continuidad. No repite, muletazos de uno en uno. Puesto en el sitio, toques firmes pero sin la emoción que da la ligazón. Lo pone todo el torero y enlaza una serie con la diestra, para subir la faena de nivel en una tanda al natural despaciosa, muy lograda. Con la diestra, aquello fue tomando cuerpo, el público que quería jalear y el torero que, con toques firmes, logró meter al premioso animal en el engaño. Muletazos excelsos, al final en un toreo primoroso a dos manos, ayudados únicos y el desplante morantista. Morante se había inventado un toro pero sucedió lo normal con los toros pasados de faena, pues se puso imposible para entrarle a matar. Estocada a paso de banderillas, muy atravesada, innumerables descabellos y toro al corral.

Con cuajo y serio por delante era el primero de José María Manzanares. Frío de salida, sin emplearse en el capote del alicantino. Toro manso de libro que derribó a favor de querencia a Chocolate. Y la sorpresa, quite de Talavante por ajustadas gaoneras en el centro del platillo, al que repicó Manzanares por no menos ajustadas chicuelinas.

Buena lidia de Suso y gran tercio de banderillas de Rafael Rosa y Luis Blázquez, con el toro galopando. Inicio de faena de rodilla genuflexa llevándolo hacia delante. Faena de mucha pose y poco ajuste ante un toro noble pero desrazado.

Despegado del suelo era el segundo del lote de José María Manzanares, un animal que confirmaba la desigual corrida de Domingo Hernández. Toro grandón pero de generoso cuello, que estuvo a punto de derribar a José Antonio Barroso pero el jerezano aguantó en el que fue un gran puyazo. Quite de Talavante de dos chicuelinas, media y larga.

Inicio de faena en los medios. Le costaba al toro, muletazos de Manzanares hacia fuera, y es que así es imposible la emoción que debe ser consustancial al toreo. Fácil Manzanares hasta que, avanzado el insípido trasteo, se rajó con descaro el deslucido animal.

Alejandro Talavante ayer puso a todos de acuerdo.