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LA ACTIVIDAD EN EXTREMADURA DE UNA UNIDAD ESPECIALIZADA DE LA GUARDIA CIVIL

Granadas de mano dentro de una pared

Solo durante los últimos tres años el Grupo de Desactivación de Artefactos Explosivos ha tenido que neutralizar una sesentena de artilugios de la guerra civil A pesar del tiempo transcurrido, continúan siendo peligrosos

 

En Castuera: Bomba aparecida en unas obras en la vía pública. - Foto: FRANCIS VILLEGAS

Diferentes tipos: Granadas de mortero expuestas en las instalaciones del Gedex. - Foto: FRANCIS VILLEGAS

REDACCION
24/04/2016

Dentro de la pared de una vivienda que se reforma, mientras un agricultor ara su campo o haciendo la limpieza de la casa que se acaba de heredar. Son algunas de las situaciones en las que todavía siguen apareciendo artilugios explosivos procedentes de la guerra civil española. Solo en los últimos tres años el Grupo de Desactivación de Artefactos Explosivos (Gedex) de la Guardia Civil en Extremadura, ubicado en la Comandancia de Cáceres, ha tenido que desactivar alrededor de una sesentena de ellos. La neutralización de estos artefactos concentra buena parte de la actividad de esta unidad especializada de la Benemérita, encargada de solventar las incidencias de este tipo que surgen en la mayor parte del territorio extremeño.

La munición hallada son en su mayor parte proyectiles de artillería y granadas --de mano o de mortero--. En algunas ocasiones se mantienen aún muy bien conservadas; en otras están en avanzado estado de corrosión o le faltan piezas; pero siempre se trata de artefactos que potencialmente son peligrosos. "Muchos de ellos han estado bien confinados y los materiales que emplearon para fabricarlos eran buenos, por lo que siguen estando activos", precisa el jefe del Gedex en Extremadura, que prefiere que no se revele su nombre por razones de seguridad. Así que, "aunque la potencia nominal ya no sea del cien por cien, a lo mejor están en el 25%, pero es suficiente para matarte". En 2014, un agricultor falleció en Villarreal (Castellón) a causa de una de estas bombas, que había sido despositada junto a restos de chatarra en su finca.

En Extremadura, son municipios de las comarcas pacenses de La Serena y de La Campiña Sur, como Peraleda del Zaucejo, Zalamea, Castuera, Quintana o Monterrubio, donde con más frecuencia aparecen artefactos. Se trata de municipios que están dentro de lo que fue el escenario de la batalla de Valsequillo, también conocida como de Peñarroya, la última gran ofensiva del ejército republicano que comenzó a inicios de 1939 y que se prolongó durante cerca de un mes. En ella tomaron parte, sumados ambos bandos, alrededor de 170.000 hombres y tres centenares de piezas de artillería.

Ahora, lo habitual es que los restos de esta contienda se localicen a campo abierto, mientras se realizan faenas agrícolas, la limpieza de un pozo o el movimiento de tierras para arreglar una carretera. No obstante, también aparecen en medio de zonas habitadas. Fue lo que sucedió en octubre del 2013 en Granja de Torrehermosa, cuando se halló un proyectil de artillería de 75 milímetros de calibre mientras se efectuaban obras en la biblioteca pública.

A veces, también pueden encontrarse dentro de las mismas viviendas. "Cuando se acabó la guerra civil la gente tenía armamento: pistolas, machetes o granadas de mano. Como no sabía qué podía ocurrir, a menudo las escondían en las paredes de argamasa de las casas", cuenta el jefe de los Gedex, que recuerda cómo en una vivienda en rehabilitación en la localidad pacense de Zahínos "tiraron una pared y aparecieron cinco granadas de mano que estaban metidas en ella".

"No manipularlas, no tocarlas, simplemente avisar", recomienda este sargento primero como medidas básicas de seguridad si se da con uno de estos artilugios. Y, por supuesto, que "no se lo lleven para casa, como ha ocurrido a veces: que lo cogen, se lo llevan, y después lo tienen encima de la chimenea, que es muy típico, porque creen que queda muy bonito, y eso es un peligro".

Una vez que el Edex (el Equipo de Desactivación de Artefactos Explosivos, compuesto a su vez por dos Tedax --los técnicos en desactivación--) llega al lugar donde ha aparecido el artefacto, lo habitual es que los agentes procedan a su catalogación, calibración y estudio. Posteriormente, se traslada, si es necesario,

a un lugar que reúna las características de seguridad necesarias, y se procede a su desactivación. El artilugio "no se llega a desmontar. Son medios muy conocidos y no compensa el excesivo riesgo". Así que, con frecuencia, se recurre a una explosión controlada.

Aunque sean el principal motivo de las salidas de la unidad, el material procedente de la Guardia Civil no es la única causa de las incidencias que tienen que atender. En ocasiones también deben proceder a la destrucción de material. Es el caso de cuando en alguna intervención, como puede ser un registro, aparece elementos de este tipo, "las unidades nos llaman para que nos hagamos cargo de ese material, pueden ser explosivos, cordones detonantes, detonadores, pólvoras antiguas...". A veces, salen a la luz mientras se arregla un trastero o un almacén. "Antiguamente no se llevaba el control que se lleva ahora con el explosivo. Casi cualquier persona podía dedicarse a hacer pozos, o quitar tocones o piedras de grandes dimensiones del campo, para lo que necesitaban explosivos". Y cuando se dejaba el oficio, guardaban el material en un doblado o un desván y este acaba apareciendo décadas después cuando algún familiar hace limpieza.

Igualmente, el Gedex es también el encargado de neutralizar los artefactos explosivos de origen terrorista o delincuencial que pudieran aparecer. Hace varias años, por ejemplo, le pusieron unos dispositivos a unas máquinas en las obras del AVE Madrid-Lisboa para "intentar quemarlas".

"Aquí cada salida que se haga es peligrosa. Ya sean artilugios de la guerra civil, material para destruir o algún tipo de artefacto que lo haya puesto un delincuente. Hasta que no terminas el servicio, no sabes a lo que te vas a enfrentar", explica el jefe del Gedex. Con casi cuarenta años de trayectoria en el cuerpo --ingresó en la academia en 1977-- es técnico en desactivación de explosivos desde 1988. Antes que en Cáceres, donde lleva década y media, ha estado destinado en Granada, Valladolid y Barcelona. En este último lugar, como refuerzo en la operación verano, le tocó atender como primer operador el atentado de Palma Nova (Mallorca), que en 2009 acabó con la vida de dos guardias civiles, los dos últimos fallecidos de la Benemérita asesinados por ETA. Fue con una bomba-lapa. Tras la primera deflagración, hubo que realizar la explosión controlada de un segundo artefacto localizado.

A la especialidad se accede tras hacer un curso de unos seis meses, ampliables después con otros cursos de formación adicionales y seminarios (relativos a NBQR --Nuclear, Biológico, Químico y Radiactivo-- o al transporte de mercancías peligrosas). "Es una especialidad demandada. Cuando sale la convocatoria, siempre tiene peticionarios", indica. "Un trabajo diferente, que te enorgullece, que tiene su peligro indudablemente, pero también lo tiene el agente que sale en una moto a la carretera", apostilla.