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«He despertado del coma en el que me tenía sumida»

M. ROSADO
11/08/2019

 

Sufre ansiedad y estrés. Aún le cuesta conciliar el sueño. Pero se muestra con fuerzas de cara al futuro. Ya ha perdido el «enganche» al que estaba sometida: «Tengo clara la visión. No me da vergüenza decir que fui una mujer maltratada pero hoy ya no lo soy. He despertado del coma en el que me tenía sumida. Las heridas están cicatrizando bien», cuenta Sara, cuya identidad y lugar de procedencia no son revelados por motivos de seguridad.

En su testimonio para este periódico, Sara subraya que hay un maltrato que va más allá de los golpes e insultos del agresor: el perpetrado indirectamente por la sociedad: «Cuando yo desperté, el maltrato social fue lo peor. No se sabe lo que es eso. La gente te critica, te juzga, te tratan como una apestada», asegura.

A Sara le costó mucho tiempo, muchos insultos y muchas palizas entender qué le estaba pasando. Haciendo memoria, recuerda que ya cuando eran novios su pareja tenía «algunos comportamientos extraños», pero ella «no lo quería ver».

«Las cosas no empiezan de golpe, sino poco a poco, con cosas pequeñitas. Lo que pasa es que lo quieres tanto que lo niegas», explica.

Su ahora expareja era «un galán, le envuelve un halo de empatía», pero su comportamiento con ella era muy diferente. De las mentiras y los insultos se pasó, después de casarse, a los golpes: «A raíz de casarnos fue todo a peor», afirma.

«‘Eres tonta, estás loca’. ‘No lo has entendido bien’. ‘Mentirosa’. Esas eran sus frases favoritas contra mí», rememora. «Lo psicológico, la manipulación, eso es lo que más daño te hace», añade.

El quedarse embarazada no mejoró la relación: «Cuando estuve embarazada él se cuidaba de no golpearme, pero los insultos continuaban, me llamaba ‘gorda’. Jamás me acompañó a una ecografía, a comprar el carricoche para el niño», describe.

Durante ese tiempo Sara recuerda que muchas noches se marchaba a pasarlas a un hotel porque tenía miedo de cómo llegara a casa el por aquel entonces su marido: «Tiene problemas con las drogas y problemas psiquiátricos», detalla.

En esa situación, una mezcla de miedo y pena le impedía darse cuenta de su situación: «Él se victimizaba. Yo estaba ciega. Pero una amiga, que para mí es como una hermana, le puso nombre a lo que me estaba pasando», cuenta.

A pesar de ello, fue un episodio de violencia lo que hizo que se interpusiera la primera denuncia: «Ese día yo de verdad temí por mi vida y por la de mis hijos», rememora. Pero era tal el miedo que fue la policía de oficio la que denunció: «Ese mes de julio llevaba mal varios días, histérico, drogándose. Me golpeaba todos los días hasta que le enfrenté, se puso peor la cosa y mi hijo mayor le muerde. Quise huir pero me doy cuenta de que la puerta estaba cerrada. Me di cuenta de que o trataba de calmar las cosas o me mataba», afirma. Tras ese episodio, varias órdenes de alejamiento y una «reconciliación» que duró poco, Sara abrió los ojos. La primera denuncia que interpone ella es a raíz de que su ex intentara pegar a su padre.

Ahora llama a realizar un cambio profundo en la sociedad: «Yo he tenido que enfrentar a un fiscal que se reía de mí. Tenemos que cambiar un sistema machista que está podrido, si no las mujeres maltratadas y nuestros hijos estamos vendidos.» H

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