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AGRICULTURA TRADICIONAL Y TECNOLOGIA

De la huerta a casa vía Whatsapp

La aplicación de mensajería es la herramienta de distribución

 

Difusión de productos. - Foto:EL PERIODICO

Mabel, en su explotación pendiente del teléfono móvil. - Foto:EL PERIODICO

MARIAN ROSADO
28/08/2016

El tomate sabe a tomate y la berenjena a berenjena". Ese es uno de los secretos del éxito de Mabel Barragán, unido a la combinación perfecta entre el agro y las nuevas tecnologías: Whatsapp es la herramienta de comunicación fija entre esta horticultora y su clientela.

Cada semana, a través de una lista de difusión, Mabel anuncia a sus consumidores los productos que hay disponibles para que ellos puedan realizar los pedidos según lo que necesiten entonces: "Tenemos una cesta de tres kilos, una de cinco y otra de ocho y sacamos a la venta lo que ha producido el huerto. Tú eliges la cesta que quieras con lo que quieras", explica Mabel. "La fruta y algunas variedades más especiales, como el tomate rosa, van aparte", añade.

Diferentes tipos de lechugas, pimientos, berenjenas, calabacines, zanahorias, cogollos, acelgas... Son algunos de los innumerables productos que se cultivan en esta generosa huerta, pero siempre con una regla fija: que sean de temporada. "Nosotros ofrecemos lo que la tierra nos da, no podemos vender tomates en invierno, por ejemplo. Nuestros clientes saben que no somos Mercadona. Lo anunciamos por Whatsapp y cada uno elige entre lo que hay", comenta.

Así, el miércoles y el jueves preparan los pedidos que estarán en los domicilios al día siguiente, recién salidos de la tierra. "La verdad es que utilizamos Whatsapp por una cuestión de comodidad. Si apuntas en un papel se te puede extraviar, mientras que por aquí está todo grabado y además a la hora de comunicarse unos con otros es lo más rápido", argumenta.

Los productos de su huerta, situada entre Mérida y Arroyo de San Serván, recalan en hogares de estas dos localidades, de Almendralejo, Calamonte y también en una frutería de Badajoz.

"No tenemos ambición de crecer de momento porque se trata de llegar hasta donde se pueda llegar pero bien. Todo esto empezó por casualidad. Yo tenía mi propio huertito y las verduras que me sobraban, lo típico, se las regalaba a algunos amigos. Pues amigos de esos amigos se empezaron a interesar por ellas. Pero no las aceptaban como regalo, sino que querían comprarmelas. Así se fue corriendo la voz hasta el punto que a día de hoy vivo de esto", recuerda.

El boca a boca ha sido pues clave en el crecimiento del negocio, que ha pasado de un pequeño huerto de 15 metros con unos 5--6 pedidos a un terreno de 6.000 metros con semanas en la que los encargos pueden alcanzar la centena, si bien las cantidades varían de una a otra.

En su labor, Mabel está acompañada por otra persona y reconoce que el trabajo no es ni mucho menos fácil: "Normalmente me levanto a las 7--7.30 de la mañana hasta las 2 y luego por la tarde de 5 a 9--9 y media. Al ser una plantación ecológica conlleva mucho más trabajo: la hierba se quita a mano, se siembra, se vigila a ojo las plagas... Es básicamente un trabajo del campo de toda la vida", explica.

Mabel subraya la "diferencia abismal" que supone el hecho de que sus productos no sean tratados ni con pesticidas ni con ningún componente químico, ya que "no entra nada malo al cuerpo", y esa naturalidad es en buena parte la responsable de que los productos mantengan un sabor auténtico.

A pesar del gran esfuerzo, esta emprendedora habla de las ventajas de no estar sujeta a la 'agricultura convencional', tan castigada por los bajos precios y los abusos de las grandes empresas: "yo vengo de una familia de agricultores y sé lo que es estar sometido a lo que te marcan desde arriba, en ese sentido creo que tengo ventaja", asegura.

"Algunos conocidos me han aconsejado vender la hortaliza sobrante a algún almacén, pero yo lo que hago con ella es donarla al comedor social de Mérida", agrega, rebelándose así contra los bajos precios y llevando a cabo además una labor solidaria.

VARIADA CLIENTELA En los contactos de Whatsapp del huerto se pueden encontrar un sorprendente abanico de personas y de distintos estilos de vida: "Cuando comenzamos pensamos que íbamos a tener un perfil de consumidor muy definido, tipo 'persona de 35 a 45 años de vida sana' pero en realidad tenemos de todo: gente joven y mayor, deportistas, amas de casa... Es difícil de delimitar. El patrón común es que son gente con mentalidad ecológica, que valoran comer un producto 100% natural y que está recién recolectado, no viene de una cámara frigorífica", cuenta.

Y esos productos se desplazan de la tierra a casa pasando por el teléfono móvil. A buen seguro los emoticonos de frutas y verduras en el Whatsapp nunca fueron tan útiles.