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HOY COMEMOS CON...

Mercedes Murias: «No ser capaces de atender a los dependientes, a los niños y a los mayores es un termómetro que indica que la sociedad va mal»

Llegó a Extremadura hace 25 años de la mano del padre Ángel para poner en marcha Mensajeros de la Paz, una organización que trabaja con los olvidados del sistema. La defensa de los más desfavorecidos de la sociedad no es en ella algo impostado sino el resultado de una realidad familiar que ejerce casi como un apostolado. Mercedes Murias es el ejemplo de lo que ha de ser la heroicidad, la representación viva del cóctel de la alegría. Presidenta de Mensajeros de la Paz en Extremadura (Madrid, 1960)

 

-Silvia Tostado, coordinadora del Área de Familias de Fundación Triángulo en Extremadura, protagonizaba la semana pasada esta entrevista y le lanza la siguiente pregunta: «¿En qué medida está contribuyendo a que el mundo, cuando usted no esté en él, sea mejor?

-Bueno, pues menuda pregunta más difícil. A mí me gusta hablar en primera persona del plural y creo que sí estamos contribuyendo a que el mundo sea mejor. En Mensajeros de la Paz nos dedicamos a dar oportunidades a los colectivos más desfavorecidos, esos son nuestros grandes esfuerzos, trabajamos con personas con discapacidad, mayores, adictos, familias en riesgo de exclusión, mujeres, y todos ellos, cuando tienen algún problema, acuden a nosotros.

-Usted es presidenta de Mensajeros de la Paz en Extremadura. ¿Qué es a su juicio la paz?

-Fundamentalmente algo en tu interior. Pero en Mensajeros tenemos una línea de cooperación internacional que trata de paliar los socavones que ciertos gobiernos de países del mundo causan en las personas. Lo nuestro es una cuestión de estar, de onda de agua, trabajar en lo que crees e irradiar un poco de paz.

-Y son mensajeros en un mundo que no anda precisamente en paz...

-Efectivamente, y con nuestro pequeño granito de arena intentamos trabajar en ello, no sé si logramos la paz, pero lo que sí logramos es llevar tranquilidad a muchas familias. Mensajeros de la Paz es inmenso, somos muchísimos, estamos en 42 países del mundo y en casi todas las comunidades autónomas de España.

-Es obligado citar en primera instancia al padre Ángel, el fundador de Mensajeros de la Paz, un personaje querido pero al tiempo controvertido, ¿puede hablar de él?

-Claro, me encanta el padre Ángel, es un personaje mucho más querido que controvertido. Es una persona que lucha por lo que cree y esto a veces produce controversia, cómo no, pero hay que predicar con el ejemplo y eso es lo que hace magníficamente. Hay gente que plantea si el padre Ángel realiza acciones más alejadas o más cercanas con las doctrinas de la Iglesia; yo lo conozco desde hace muchísimos años y siempre lo veo ejercitando la doctrina en la que cree. ¿Dónde hace mal el padre Ángel cuando ayuda a los demás, oficia bodas de personas homosexuales, bendice animales? Llegué a Extremadura hace casi 25 años de su mano con la misión de dedicarme a los colectivos desfavorecidos y eso es lo que llevamos haciendo con éxito porque nos hemos ido agrandando hasta tener actualmente unos 25 programas y centros. Para mí el padre Ángel es un modelo, es el capitán de todo este equipo tan inmenso de más de 5.000 personas en todo el mundo.

-Claro, porque Mensajeros de la Paz es mucho más que el padre Ángel...

-Él nos capitanea, es nuestro modelo a seguir, es incansable, y claro que Mensajeros es más que el padre Ángel, como él mismo dice. Y así lo he aprendido yo desde que llegué a Extremadura. Primero montamos un centro ocupacional para unas 100 personas con discapacidad intelectual en Moraleja, luego otro en Nuñomoral, en Las Hurdes, para 70 personas, luego una comunidad terapéutica para personas con adicciones y así sucesivamente hasta 12 residencias, programas de familias. Hoy atendemos a 1.528 extremeños, con un volumen de media de 308 trabajadores.

-¿Y dentro de todo este proyecto, qué es el voluntariado?

-Tenemos un gran programa de voluntariado. Es una actitud, es querer dar parte de tu tiempo a algo que repercuta productivamente en la sociedad, en cualquier ámbito y en cualquier actuación. Hace falta responsabilidad y creer y estar motivado para ello y a continuación dejarte llevar por esa buena intencionalidad que tienes.

SFlb-Porque ustedes trabajan con los olvidados...

-Podríamos decirlo así.

-Y seguimos viviendo las terribles consecuencias de la crisis en este país. Aún son necesarios los comedores sociales...

-Sí que lo son. Se indica que parece que hay una mejora económica, pero desgraciadamente seguimos atendiendo a muchísimos ciudadanos. Tenemos un programa en Mérida con 250 personas: les damos bolsas de alimentos todos los meses, juguetes, material escolar... pero además intentamos dar soluciones, información, mediación, orientación e incluso inserciones laborales. La crisis se ha enquistado, seguimos teniendo gente que necesita día a día la ayuda externa y es verdad que logramos darles un empleo, pero hay veces que con un trabajo no tienes suficiente como para poder vivir y atender a tu familia.

-Además vivimos en una sociedad con niños desasistidos...

-Vivimos en una sociedad en la que aún sigue habiendo niños desasistidos y eso es intolerable. Yo que he estado con el padre Ángel en Haití, en la franja de Gaza, en República Dominicana, en Benín, he visto muchísima infancia desasistida, lo cual nos indica que es un termómetro de que la sociedad va mal. Porque si nosotros no somos capaces de atender a nuestros dependientes, a los niños y a los mayores, ¿cómo vamos a resolver las cuestiones que están en medio?

-Vivimos en un país, España, donde la corrupción ha desacreditado a nuestra clase política. ¿Qué cara se le queda con la que está cayendo?

-Quiero poner una sonrisa día a día, salgo cada mañana a plantear batalla, a hacer mi trabajo con esfuerzo porque me gusta, pero lo que veo alrededor son unos políticos que están completamente al margen de lo que la sociedad necesita, quiere y les requiere. En este teatro cada uno tiene su papel e intereses personales y partidistas sin pensar en el bien de la comunidad, que para eso es para lo que tendrían que hacer política.

-Una comunidad donde se siguen produciendo desahucios...

-Donde estamos viendo a gente que no puede pagar el alquiler o tener una vida con dignidad. Y para eso las oenegés planteamos programas paliativos. En Extremadura tenemos programas de familia en Mérida y Moraleja, pero en Madrid está el padre Ángel en la iglesia de San Antón dando el desayuno a 200 personas sintecho, desahuciadas, que luego acuden a esa cadena de restaurantes Robin Hood que dan de cenar dignamente a los mismos que han ido al desayuno de la mañana.

-Ha citado el asunto de las adicciones, y ustedes desarrollan el programa Pandora, que atiende a ocho menores de la provincia de Cáceres sancionados por consumo de drogas...

-El Pandora es un programa dirigido a menores de 18 años del Sistema Extremeño de Salud que, entre otros, gestiona Mensajeros de la Paz en el norte de la región. Es una alternativa al pago de la sanción económica, que oscila entre los 600 y los 10.000 euros por la tenencia o consumo de sustancias estupefacientes en la calle. A estos chicos se les plantea hacer un programa de siete sesiones, unas teóricas y otras prácticas, que las enfocamos hacia otros modelos de ocio y de comunicación de padres con hijos. Pero además gestionamos una comunidad terapéutica donde atendemos a lo largo del año a unas 40 personas en régimen de internamiento. Tienen que venir sin consumir, pero han sido grandes consumidores. Hacen un programa de unos 12 meses, de ahí pueden pasar a un centro de día e incluso podemos terminar el programa con un piso de inserción laboral.

-Es verdad que hacen proyectos en América, África, Asia... pero claro, en España siguen siendo necesarios...

-Pienso en esas 1.500 y pico familias que hemos atendido y sí siento que somos necesarios, pero no solo Mensajeros de la Paz, que lo somos, sino todas las organizaciones no gubernamentales que trabajamos en los servicios sociales. Está claro que el Estado no llega a la atención de todos los servicios sociales, aunque debería ser uno de sus objetivos. Contextualizando en Mensajeros de la Paz Extremadura, hemos hecho una labor fundamentalmente en el noroeste de Cáceres, en un medio rural, en un medio donde tenemos programas en poblaciones a veces menores de 1.000 habitantes y somos los mayores generadores de empleo de la zona, de empleo femenino también. Nuestra asociación es un poco el reflejo de lo que es Extremadura, diseminada, envejecida y rural. Además he comprendido que se nos conoce mucho más desde que estamos en Mérida y Badajoz que durante todos estos años que hemos estado concentrando nuestra actividad en Moraleja y su entorno.

-Ahí quería llegar, ¿no le da la sensación de que en Extremadura siguen estando invisibilizados?

-Si me hubiera preguntado cuál es la mayor debilidad de Mensajeros de la Paz Extremadura hubiera contestado que sí, pero nos hemos dedicado a crear programas, a mantenerlos, a crear empleo, a atender a nuestros usuarios y sus familias, y realmente no nos preocupamos de la difusión hasta que nos dimos cuenta de que somos grandes desconocidos. Pero le hemos puesto soluciones, abriendo una delegación en Mérida, que ha sido un punto de inflexión y nos ha catapultado a toda Extremadura.

-Ha hablado de las mujeres, que están siendo víctimas de la violencia machista, es una lacra; de modo que donde no llegan los políticos llegan las onegés, ¿pero no le parece eso un fracaso del Estado?

-Sí. Las oenegés somos un reflejo de la sociedad, y allá donde ella no llega, llegan las oenegés, asociaciones y movimientos populares tapando huecos. Habla de la violencia de género, si nos vamos a la sentencia de La Manada, por ejemplo, nos damos cuenta de que es un despropósito, y no me voy a meter con las sentencias de los juzgados, pero que no ha sido bien juzgada, sí lo pienso. Y, vamos a ver, aquí tenemos esperanzas, hemos reaccionado; con esta sentencia, con el 8 de marzo... se ven nuevos vientos. Hemos mejorado, logramos el voto femenino y ahora hasta tenemos cargos de responsabilidad. Creo que el siglo XXI va a ser el de las mujeres, que somos unas heroínas. Nos cuesta muchísimo más trabajo llegar pero estamos llegando y creamos tendencia.

-Pasa lo mismo con la dependencia o la discapacidad...

-Cuando las familias de los chicos con discapacidad empiezan a hacerse presentes en la sociedad o vemos que existe un nivel de mayores desatendidos, nos damos cuenta de que tenemos que hacer algo con ellos. Los gobiernos tienen que paliar estas circunstancias, ¿pero cómo?, pues dando ayudas. Que fíjese que también pienso que es mejor que los gobiernos tengan sus políticas sociales, trabajen en ellas, se nutran de las asociaciones que estamos al pie de la calle trabajando con los colectivos y haya una fusión entre lo que son las políticas gubernamentales, las necesidades reales llevadas por las asociaciones y si hay dudas, mejor que gestionen las asociaciones.

-Mensajeros de la Paz nació a través de un orfanato en Oviedo, eran casas hogar donde los chicos y chicas se criaban conjuntamente y esto fue algo revolucionario en España...

-El padre Ángel empieza en el año 62 intentando cerrar los orfanatos para trasladar a los niños a un piso con unos educadores, un piso de una planta sin placa ninguna en la puerta, donde asistieran al colegio de su zona e intentaran llevar la vida lo más normalizada posible. Así empezó Mensajeros de la Paz, cuyo objetivo eran fundamentalmente los niños desprotegidos.

-Hablamos de la infancia, ¿puede describir la suya?

-(Se emociona). Qué pregunta más bonita para mí. Fue una infancia estupenda, soy la mayor de tres hermanas, mi hermana es una artista renombrada y la pequeña era una persona con discapacidad intelectual, con parálisis cerebral que falleció a los 34 años. Era una persona que tenía un deterioro cognitivo profundo y pienso que es el leitmotiv de nuestra familia. Tengo un padre con 96 años, que me ha enseñado todo en la vida, que es un ejemplo para mí y que irradia bondad, y una madre que era el alma de toda la familia. Mi madre ha muerto con 91 años, hace ahora tres, y entre mi padre, mi hermana Susana y yo logramos entender que Cristina era lo más importante de la familia, especial, pero no por eso se la quería más. Pienso que eso fue lo que decidió mi profesión. Con solo 23 años ya trabajaba en un centro donde atendíamos a más de una treintena de chicos con grandes discapacidades. Fue una infancia satisfactoria, con unos padres estupendos que me enseñaron el valor de la vida, que todo hay que lograrlo con esfuerzo, que nadie te regala nada y que hay que lucharlo. Y todo eso es el producto de ver la vida con la serenidad que ahora mismo la veo. ¿Cuál es el secreto? Muy fácil, lo que quiero para mi hermana, sí, lo que no quiero para mi hermana, no vale.

-Usted ha tenido una vida en la que ha sido muy escuchada. Pero ahí está el Teléfono Dorado de Mensajeros de la Paz, ese 900222223 al que llaman todos aquellos que se sienten solos. La soledad es también otro de los males de la aparente avanzada sociedad de hoy...

-Fui la directora de ese teléfono y ahí comprendí la gran soledad de la gente. Es un teléfono que atienden un montón de voluntarios con una organización fantástica y que es una línea abierta para atender la soledad de las personas y tener un ratito de charla amable.

-Ahora a los teléfonos se suman las redes sociales. Para terminar esta entrevista, ¿qué opina de ellas?

-Son un poderoso producto del mercado digital, con grandes poderes benéficos y grandes poderes maléficos. Es verdad que hasta por Facebook puedes ser solidario y es una estrategia para aumentar la capacidad de convocatoria de la gente, el ejemplo, el incendio de la Sierra de Gata en 2015 donde Mensajeros de la Paz colaboró muy activamente. Por otro lado, tenemos el espionaje nacional, sabemos que el creador de Facebook ha tenido que pedir perdón, es una herramienta que puede manipular los sentimientos y creo que, como todo, hay que tener madurez para poder manejar las redes sociales y hay que intentar proteger a la infancia y a la juventud de la detracción que pueden tener y, por otro lado, darles una herramienta benefactora con todo lo beneficioso de formación e información que este soporte conlleva.

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