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Así ha vivido la localidad pacense la desaparición y muerte de su paisana

Monesterio, sumido en la tristeza, reclama justicia por Manuela

 

Alberto Manzano Cortés
27/09/2020

Son las nueve de la mañana del miércoles y en una de las ventanas del número 15 de la calle El Cerezo permanece colgado de la reja, intacto, el lazo verde con la leyenda: ‘Todos con Manuela’, símbolo de la lucha de un pueblo, iniciada hace cuatro años cuando su paisana desapareció una madrugada y nadie volvió a verla. A esta hora comienza el trasiego de gente en dirección al trabajo o que lleva a los niños al colegio. Solo la residente del 25 acepta hablar con nuestro diario, aunque prefiere permanecer en el anonimato porque dice que han sido «años durísimos» y que la noticia de que Eugenio Delgado, que vivía unas casas por encima, escondió bajo tierra el cuerpo de Manuela Chavero, ha sido para ellos un zarpazo del que tardarán en recuperarse. «No me lo esperaba, no lo veía capaz de ello. Sabemos que se dedicaba a las tareas del campo y creo que luego estuvo de camionero, sin embargo no lo sé con certeza». Confiesa que en el barrio perdieron prácticamente la esperanza de que su vecina apareciera con vida y reclama justicia «porque nadie -asevera- se merece que le hagan eso».

Más allá, en el centro de Monesterio se inicia la actividad diaria. En la llamada Plaza del Pueblo todos hablan abiertamente ante la grabadora. Entre ellos, Gumersindo Barragán Fernández, natural de Calera de León, que hoy ha venido a este municipio pacense para realizar unas gestiones. «La Guardia Civil y los buzos la buscaron en el pantano de Tentudía. Recuerdo que dijeron que habían encontrado cerca de allí unos huesos, pero eran de animales». Es amigo de la familia de Chavero y explica que ha sido un tiempo bastante duro, entonces se emociona: «No puedo decir nada más, lo siento en el alma por los familiares, que están pasando un auténtico martirio».

Gabriel Reyes Valencia tampoco duda en describir sus sentimientos, iguales al del resto de habitantes: «Estamos tristes, con rabia. Han sido cuatro años muy difíciles», subraya. Él fue uno de los que participaron en las manifestaciones cuando aún nadie sabía qué había pasado con Manuela. «No esperábamos un desenlace como este». Aunque, advierte, «la tranquilidad ya la tenemos; por lo menos sabemos dónde está, sabemos que un día u otro volverá, la enterraremos y tendremos un lugar donde llevarle flores».

Gabriel asimismo pide justicia: «La máxima», sentencia. Y añade: «Justicia, justicia y justicia para él y para la familia, a modo de indemnizaciones». ¿Alguna vez pensaron que Eugenio fue el autor de los hechos? Responde con otra pregunta: «¿Cómo te vas a esperar que tu vecino, que te pide favores y tú se los devuelves, te haga eso? Hay que ser muy cruel para tenerla enterrada cuatro años y seguir una vida normal».

Cuenta que lo conocía poco. «Cuando éramos pequeños vivíamos en la misma calle, pero por la diferencia de edad apenas nos tratamos. Decían que era muy solitario, pero no sé qué motivaciones le llevaron a hacer esto». De la misma forma, conoció a Manuela: «Amaba a sus hijos y era una persona fabulosa». Se presta a hacerse una foto y se despide amablemente.

En la calle San Pedro

Antonio Valiente reside en la calle San Pedro, el lugar donde está la casa de los padres de Manuela: «Hemos vivido esto con una gran fatiga y pena. A todo el mundo le ha dado lástima por lo que ha ocurrido. La familia ha pasado infinitas penalidades. Manuela era muy buena persona, muy cariñosa con todo el mundo».

Cruz Bayón reside igualmente en la calle San Pedro. «Los padres han dado un bajón enorme. Están muertos los dos en vida. Esto ha sido lo peor; el desenlace ha terminado de poner al pueblo triste hasta límites insospechados. Sobre todo queremos justicia porque han sido cuatro años de incertidumbre. Y actualmente sabiendo que ella estaba tan cerquita, a tres kilómetros de la localidad, en esa finca por donde pasan tantas personas por los caminos… Ha sido una desgracia, una pena que a la pobre Manuela no la hubieran encontrado antes y que su familia hubiera descansado».

Cruz no olvidará a Manuela. «Era una muchacha ‘mu salá’, muy alegre, siempre pensando en sus niños, muy cuidadora de sus hijos. Nos veíamos casi todos los días porque venía a ver a sus padres. Nosotros somos unos vecinos que estamos ahí siempre, veo a la madre cuando va a comprar a la tienda que tenemos en la esquina, voy a visitarla, hablamos y no para de repetir: ‘lo que le han hecho a su niña, lo que le han hecho a su niña…’ porque, la verdad, es muy duro, y más duro todavía que sea una persona del pueblo. Desde el principio se pensaba que podría estar involucrado en la desaparición y muerte de Manuela, pero una cosa es pensarlo y otra muy diferente es que sea real». Cruz es madre de dos hijas y tiene tres nietos. Asegura que desde la semana pasada se encuentra con el corazón apretado. «No se me quita de la mente».

Isabel Sánchez, otra vecina de la calle, recuerda la infancia de Chavero: «Manoli se crió con mis hijas en mi casa, allí jugaban por las tardes cuando salían de la escuela. Ella era un encanto, se disfrazaban... A su madre la veo cada día. Ayer le dije: ‘Manuela, si estás cada día más delgada’. Y ella me respondió: ‘Isabel, me tomo un Actimel y con eso echo el día’. Por eso pedimos justicia, y mucha; toda la que se le tenga que dar, y punto, porque cuatro años padeciendo tiene guasa».

En Monesterio no se habla de otra cosa. Manuela Chaves ha vivido con pena el calvario. «No sabíamos quien había sido el autor. Me da una lástima grandísima de Manuela y a él lo compadezco porque con lo que hizo trastornó su vida», cuenta camino de sus tareas diarias.

A la plaza acude José Manuel Valiente Villalba, tío de Manuela Chavero. Con emoción contenida afirma: «La tristeza no se quita y queremos justicia, toda la que se pueda. Lo máximo. Eso ocurrió una madrugada de un 5 de julio, sin saber cómo pasó ni nada de nada. Ahora los civiles están averiguando todo lo que pueden. Estuvieron en su domicilio y dicen que encontraron sangre. Le cuento lo que veo por la tele. Solo sé que la familia estamos viviendo todo esto muy malamente, estamos todos traspuestos, no sabemos ni lo que hacemos». Sigue su relato y define a su sobrina: «Era muy buena muchacha, ni ofendía a nadie ni se metía con nadie. Cuidaba de toda la gente y se llevaba bien con toda la gente. Por eso creo que le ha pasado esto, por llevarse bien con toda la gente».

José Manuel cuenta lo que escucha en las noticias. «Él dice que ella resbaló y se mató. ¿Si resbaló por qué no avisó, por qué luego se la han encontrado rebujada en una sábana? Lo ha hecho todo lo mal que ha podido». Las lágrimas empañan el cristal de sus gafas y se marcha.

Hasta la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, donde tantas concentraciones se realizaron, aún permanece una pancarta en la que se puede leer: ‘Todos con Manuela Chavero’. Hay velas y flores. Allí nos citamos con dos amigas suyas. Ana Belén Villalba es la primera en tomar la palabra: «Ha sido muy angustioso, porque siempre hemos pensado en ella y nunca la hemos olvidado, la hemos tenido presente. Queríamos llegar al final para que la familia descansara. Ha sido un desenlace muy malo pero al menos esto se acaba».

Siempre de la mano

Criadas en el mismo entorno, vivieron su infancia y su juventud de la mano. «Mi hija y su hijo han ido juntos al colegio. Hemos tenido mucha amistad y mucha confianza». Recuerda los días posteriores a la desaparición de su amiga. «No te lo creías, no sabías el por qué. Manuela era, uffff, buenísima, de una familia humilde y muy trabajadora».

Otra de sus grandes amigas, Isabel Sánchez Villalba, explica que estos cuatros años los ha vivido con «incertidumbre y con una pena inmensa, sin saber dónde podía estar, aunque nunca perdimos la esperanza de encontrarla viva. Desgraciadamente ha sido un trágico final que no esperábamos, pero al fin vamos a saber qué ocurrió aquella maldita noche».

Isabel indica que al principio pensaron que se había podido ir de viaje, pero que a medida que el tiempo pasaba, «todo se iba volviendo más oscuro y jamás pensamos que esto iba a durar tanto tiempo».

Solo tiene palabras de amor y afecto hacia su amiga. Muy emocionada habla como en esta Plaza del Pueblo, «todo el mundo nos ha visto correr, jugar, divertirnos aquí, en la Plaza del Mercado… Es que hemos sido como familia». La palabra justicia también se repite en boca de Isabel. «Que caiga todo el peso de la ley sobre el presunto autor».

Sus amigas no han parado de colaborar en su búsqueda, han estado presentes en todas las batidas, en los homenajes que Monesterio le rendía cada 5 de julio. Y no se olvidan de Emilia Chavero, hermana de Manuela. «Era pasión por ella y por su cuñado Pepín. Emilia no ha parado de luchar, le prometió a sus sobrinos que no pararía hasta encontrarla. Y se puede sentir satisfecha, porque no ha tirado la toalla, ha sido una luchadora y lo hemos conseguido: tenemos con nosotros a Manuela». A Isabel, la voz ahora se le rompe.

Trabajo de la Guardia Civil

Y es que la muerte de Manuela Chavero ha conmocionado a Monesterio ante un suceso que en los últimos días ha sido presa del amarillismo más recurrente. La mujer, que entonces tenía 42 años, desapareció el 5 de julio de 2016. La búsqueda y el trabajo de la Guardia Civil ha sido incesante en este tiempo. Fue el pasado 18 de septiembre cuando se supo que murió la misma noche de su desaparición y que presuntamente acabó con su vida su vecino, un joven entonces de 24 años que la conocía y vivía a dos casas más arriba de la suya, en su misma calle. Posiblemente él llamó a su puerta y le abrió o ella se dirigió a la vivienda de Eugenio. Finalmente, el joven condujo a los agentes de la Guardia Civil hasta el lugar exacto donde supuestamente había enterrado el cuerpo, en la finca La Dehesa. El caso está bajo secreto de sumario.

A las puertas del Bar Joker, en el Paseo de Extremadura, un grupo de cuatro amigos toman vinos y el aperitivo del mediodía. Uno de ellos, Victoriano, asevera: «El que menos se pensaba que era, ha sido. Lo conocemos de siempre, a él, a la madre, a su padre. Era un hombre independiente, solitario. Todos los días lo veíamos, aquí en el bar, en la romería… Queremos justicia», dice mientras la investigación sigue su curso y Monesterio trata de recomponerse ante una tragedia que lo ha dejado desolado.