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Mínimos vitales En primera persona

"No podía permitir que mi familia se muriera de frío"

María llegó a traspasar sus propios límites ante un corte de luz por impago. "Llega un momento que todas las puertas se cierran", dice

 

Dos personas, en penumbra, en una imagen de archivo. - Foto:EL PERIODICO

Rocio Cantero Rocio Cantero
21/02/2016

María ha perdido la cuenta de los años que hace que el desempleo se instaló en su casa y se llevó por delante la modesta economía familiar que sustentaban ella, su marido y uno de sus hijos en edad de trabajar. Los primeros meses no se imaginaban llegando a la situación límite a la que se vieron abocados poco antes de Navidad: la compañía eléctrica hizo efectivo el corte de luz que les había comunicado tras, según cuenta, tres meses de impago. En total, unos 350 euros.

"Cuando entré en mi casa y me di cuenta de que nos habían cortado la luz sentí una impotencia tremenda", recuerda María. El nombre es ficticio para preservar la identidad de esta extremeña y de su familia, que vive desde hace tiempo con los 426 euros del subsidio que percibe el padre de familia y las pocas horas que ella echa en alguna casa. La Red de Solidaridad Popular, con la que ha empezado a colaborar también, les ayuda a llenar la despensa --"igual que ellos me ayudan a mí, seguro que hay algo que puedo hacer yo", dice-- pero a mediados del 2015 comenzó a hacerse cuesta arriba pagar algunas facturas. Fueron resistiendo hasta que no pudo ser.

"Nunca había vivido algo así, no me gusta pedir y el primer mes que sabía que no podría pagar pensé que podía solucionarlo", dice. Así que, tirando de arrojo --"siempre he sido muy peleona", dice-- comenzó a llamar a puertas en busca de una solución a una situación que poco a poco se fue convirtiendo en desesperada. Primero intentó que la empresa le facilitara un pago fraccionado de la factura. "Me dijeron que eso no se podía hacer y que si no pagaba la factura me cortarían la luz", recuerda. Llamó también a otras puertas de oenegés y a la de los servicios sociales municipales, que fueron quienes finalmente le ofrecieron adelantar el pago de las facturas. Pero ya era tarde para frenar el corte de luz que se materializó a principios de diciembre. Duró diez días y en ellos María acabó por cruzar un límite que jamás pensó que atravesaría. "Llega un momento en el que ves todas las puertas cerradas y no puedes hacer nada", dice.

Con lo básico

Así que cuando alguien le ofreció enganchar la luz hasta que le restablecieran el servicio, acabó por aceptar. "Al principio le dije que no, que yo nunca haría algo así, pero luego pensé que no podía permitir que mi familia se muriera de frío" (al llegar a este punto ha empezado a llorar). Y enganchó el suministro eléctrico lo que tardó en saldar la deuda. "No me siento orgullosa", subraya.

Ahora tiene todas las deudas pagadas. Respira aliviada, aunque la situación sigue siendo precaria. No hay caprichos para María y sí una necesaria obsesión por gastar lo imprescindible.

"Tenemos lo básico de cualquier familia, además del brasero, una lavadora, el frigorífico, la televisión..." enumera. "Me paso el día pendiente de que estén las luces apagadas", cuenta.

Por primera vez ha solicitado la Renta Básica, que espera que contribuye a dar algo de tranquilidad a la familia. No lo hizo antes porque le decían que con los 426 euros que cobraba su marido no tenía derecho. "Cuando escucho a los políticos hablar de ayudar a la gente siento impotencia y rabia" porque hay muchas mentiras y no puedes hacer nada".