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ENTREVISTA A LA BIÓLOGA, DOCTORA EN GENÉTICA MOLECULAR Y NEUROEDUCADORA EXTREMEÑA

Esther Giraldo: «Para hablar de educación hay que hablar de cómo aprende el cerebro»

ALICIA GARCÍA HERNÁNDEZ
26/08/2019

 

«Estimada Esther Giraldo Ramos, nos ponemos en contacto con usted desde la Asociación Educar para comunicarle que ha sido propuesta como posible candidata española a los premios que proponemos con el objetivo de valorar el esfuerzo que personas como usted realizan para ayudar a mejorar los entornos de aprendizaje».

Así comenzaba la carta que Esther Giraldo recibió hace tres meses sin saber que acabaría siendo la única española entre los 20 finalistas de un premio internacional a la docencia. Esta extremeña fue considerada en 2018 una de Las 500 mujeres que hacen Extremadura, por este periódico.

A comienzos de este mes terminó el periodo de votación. No quedó entre los tres ganadores pero para ella y para Extremadura, todo lo que la ha llevado hasta aquí ya es una victoria. La Asociación Educar, por su parte, hace una mención especial a «los docentes que no lograron atravesar esta etapa, pero que el comité consideró muy valiosos, por lo que también accederán a becas». Entre ellos se encuentra Esther.

Esta neuroeducadora se dedicó durante 14 años a la investigación, era responsable de dos laboratorios de genética molecular y proteómica y acabó dando clases de neurociencia a una clase de 5º de primaria a niños de 10 y 11 años de forma altruista.

¿Cómo llegó a ser propuesta como candidata para el premio Asociación Educar a la Labor Docente?

--Empecé dando cursos de masajes y neuroeducación a papás con bebés. De ahí fui a la universidad a dar una conferencia y más tarde acabaron demandando mis cursos de neuroeducación para el profesorado por toda Extremadura. A raíz del impacto que provocaba en gente adulta me pregunté qué pasaría si se lo enseñase a los niños. Al final lo conseguí en el colegio «Nuestra Señora de la Soledad» de Badajoz. Tiempo después me llamaron de presidencia para colaborar con el proyecto Sociedad del Aprendizaje. también estuve un año colaborando con una sección de neuroeducación en la radio. Toda esta trayectoria, de alguna forma no sé cómo, ha tenido que llegar a la Asociación Educar.

¿Cómo fue el transcurso de las clases en el colegio de Badajoz?

--Desde el primer momento intenté sacar a los niños del aula. Los llevé a un congreso de Sociedad del Aprendizaje donde eran protagonistas y explicaban los contenidos de neurociencia. Después de eso, 27 niños en la radio de Canal Extremadura hablando de neurociencia. Mandamos monólogos de todos los alumnos hablando de neurociencia a un concurso de ciencia de Plasencia y uno de ellos quedó entre los tres finalistas junto a otros dos del instituto y ganó. Repasábamos el contenido a través del juego, las cosas se hacían de forma colaborativa, no de forma individual. Se escuchaba al cuerpo, se le invitaba, se representaba el contenido a través del movimiento, a través del teatro. Se valoraba mucho el ayudar a otros.

¿Había tenido experiencia dando clases a niños con anterioridad?

--Hice el CAP, un curso de formador de formadores, he estado trabajando 14 años en la investigación, he sido la tutora de trabajos de fin de máster y de alumnos en prácticas, pero no daba clase en un aula. Había dado muchas clases a adultos. A profesores, a directores de colegio,… Les contaba cómo aprendía el cerebro y me decían «Esther es que lo que tú cuentas es maravilloso pero llevarlo a la práctica es muy difícil». Cuando me decían eso, yo decía «claro es que yo tengo que vivir cómo de difícil es eso». Porque una cosa es la teoría y otra la práctica.

¿Cómo forma a los profesores para que cambien su manera de enseñar los contenidos?

--Dando a conocer cuáles son los principios básicos de la esencia del cerebro. Somos una única unidad. Cuerpo, cerebro, mente y entorno. Cuando aprendemos nos centramos solamente en el cerebro. Y nos olvidamos del cuerpo y del entorno. Y lo que es peor, nos centramos solo en el hemisferio izquierdo. El ser humano se entera de que somos un ser racional es como que le entra un ego enorme y dice «las emociones no sirven y el cuerpo tampoco, entonces atiendo a niños sentados, inmóviles y calladitos». Y somos seres sociales. Y además esa capacidad social es la que ha permitido la evolución del ser humano hasta hoy en día. No podemos pensar en desconectar de nuestra naturaleza.

¿Cree que la competitividad, muy presente en el mundo académico, ayuda a que los alumnos den lo mejor de sí mismos o, al contrario, perjudica?

--La competitividad es una realidad. Cualquier animal está en una escala y hay depredadores que son comidos, esto es una cadena. Lo que tenemos que entender es que aunque el mundo sea competitivo el que está al lado no tiene porqué ser tu competencia, puede ser tu aliado. Muchas veces sus virtudes me hacen sentir a mí mal. Eso es una pena porque pueden ser maravillosas para mí y entre los dos podemos hacer algo grande. Eso lo sabe hasta la primera célula que llegó al mundo, se une y crea seres pluricelulares.

¿Tras esta experiencia se ha planteado extender su proyecto fuera de Extremadura?

--Yo tuve un proyecto de emprendimiento que consistía en un multi-espacio al servicio de las familias y del sistema educativo. Y ese proyecto, fue premiado en el año 2014 por el alcalde y la teniente alcalde. Me propusieron hacerlo en Dubai pero mi idea no era mejorar la sociedad de allí. Mi idea, mi sueño y mi ilusión era invertir energía para mejorar la sociedad extremeña que es donde está mi casa. Ahora lo que me motiva más es que pudiera ser una realidad y convertirnos en referencia, un ejemplo a seguir. No que nosotros siempre copiemos a otros. Podemos ser pioneros en algo.

¿Si los ‘cimientos’ de una persona flaqueasen, estaría condenada a no poder progresar en lo que hiciese?

--Existe una cosa que es la resiliencia y tenemos un cerebro que es plástico y que tiene capacidad de superarse. Cuando ocurre algo en la infancia, puede determinarnos pero podemos remontar o no. Depende del entorno y de la neurogénesis, que se activa con determinados ingredientes. Pero la educación inicial es una base. Cuando están bien construidas esas autopistas podemos llegar a más sitios. Antes creíamos que «todo es genética», «el niño ha nacido bueno», «el niño ha nacido malo» como si fuera el color de los ojos. Pero es que la educación y lo que nosotros ofrecemos va construyendo sociedad y generando progreso. Los políticos que hablan de progreso tienen que entender que para hablar de progreso tenemos que hablar de educación y para hablar de educación tenemos que hablar de cómo aprende el cerebro.

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