+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario La Crónica de Badajoz:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 

LA OPINIÓN DE LOS MAYORES Y SUS FAMILIAS

«Prefiero que mi madre la use antes que perderla»

La tercera edad, uno de los colectivos más castigados por el coronavirus, aplaude la decisión del SES. «Mentalizarse evitará los contagios», dicen

 

Pisos tutelados de Zarza la Mayor. - EL PERIÓDICO

12/07/2020

En Mérida, Carmen, que tiene 75 años, está satisfecha con la decisión de hacer obligatorias las mascarillas. «Mi marido y yo somos población de riesgo. Por eso es bueno que se exija y que multen a quien no las lleve». De hecho, el decreto de la Junta de Extremadura establece que las multas por incumplir la normativa serán de 100 euros, pero podrán ser de 6.000 dependiendo de las personas que se hayan puesto en riesgo. «Ayer salí con mi hija a tomar algo y comentábamos que lo que resulta contradictorio es que se permita estar a la gente abrazándose, sin guardar la distancia mínima de seguridad, mientras que al entrar en un supermercado o en un centro de trabajo debes usarla. ¿Por qué en unos sitios sí y en otros no?», cuestiona la emeritense.

Y es que la tercera edad ha sufrido de forma muy dura el azote del coronavirus. Mireia Templado es la gerente de los pisos tutelados de las localidades cacereñas de Zarza la Mayor y Ceclavín. En el primer municipio residen 20 usuarios, las plazas máximas. En el segundo, hay 15, aunque la capacidad es de 29 ancianos.

La responsable cree que la mas- carilla obligatoria es una medida más que acertada. «La gente no es- tá unánimemente mentalizada, y como no nos concienciemos, los contagios no van a parar. Me pa- rece una grandísima idea el he- cho de que se haya obligado a usarla permanentemente».

¿Y cómo lo llevan los abuelos? «Bastante bien, porque lo que peor aguantaban era no poder salir de paseo. Sin embargo, ellos lo tienen tan claro, que lo primero que hacen al salir por la puerta de los pisos es ponerse su mascarilla y cuando llegan se desinfectan las manos, se cambian la ropa, y se lava aparte a 60 grados. Lo más triste para ellos era estar encerrados».

Por último, Mireia recuerda que en el confinamiento se han unido aún más y son una familia. Para los hijos de los usuarios la medida también es un alivio y les tranquiliza. «Prefiero que mi madre la use antes que perderla», confiesa uno de ellos.