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ALREDEDOR DE 3.000 EXTREMEÑOS SUFREN PROBLEMAS DE AUDICIÓN

Primer paso contra el ‘muro’ de tela para las personas sordas

Casi un año después, Sanidad homologa las mascarillas transparentes y fija cómo deben ser para que protejan frente al covid. Desde las asociaciones extremeñas valoran este avance pese al retraso, pero «falta ver cómo se fabrican y distribuyen y, sobre todo, que la sociedad las utilice»

 

Dos personas con mascarillas se comunican en lengua de signos. - ARCHIVO

Guadalupe Moral
16/02/2021

Las mascarillas llevan casi un año «coartando la libertad» de las personas sordas. Poniendo más barreras a la necesaria comunicación que requiere la vida en sociedad. Creando muros y limitando derechos. «Las personas sordas han sido muy generosas con la salud pública en contra de sus derechos», a pesar de que les limitaban y de que la desinformación les ha generado «miedo y problemas emocionales y psicológicos que ya veremos cómo superamos», explica la gerente de la Federación de Asociaciones Extremeñas de Personas Sordas (Fexas), Leticia Hernández.

La preocupación por las secuelas es evidente, pero desde el pasado viernes se respira también optimismo entre estos colectivos. Ese día, se dio un primer paso importante para acabar con esa barrera infranqueable hasta ahora: el BOE publicó la esperada homologación de Sanidad de las mascarillas transparentes. Es la hoja de ruta de cómo tienen que ser este tipo de cubrebocas para que sean seguros y efectivos desde el punto de vista sanitario, es decir, para que protejan contra el covid-19, y para que permitan que los labios sean visibles. Ambos requisitos imprescindibles para las cerca de 3.000 personas sordas que viven en la comunidad extremeña. «Es una buena noticia, es lo que llevábamos mucho tiempo pidiendo. Supone la igualdad de derechos», valora Leticia Hernández.

La publicación de esta regulación (que el Gobierno ha trabajado con la Confederación Española de Familias de Personas Sordas) «es muy importante», pero advierten: «Ahora necesitamos saber cómo y dónde se van a fabricar, a distribuir y sobre todo, que la gente la use, al menos la que está de cara al público. Que lo use una persona sorda no vale para nada. Estamos a la expectativa», añade Hernández.
Hasta ahora se habían desarrollado distintos tipos de mascarillas transparentes, pero nada homologado por Sanidad por el momento. «Hemos probado algunos prototipos, pero se empañaban o no cumplían algunos requisitos, por eso oficialmente desde las asociaciones hemos sido reacios».

Una vez dado este primer paso necesario, hay dos preocupaciones principales: que no supongan un coste económico demasiado extra y que la sociedad se conciencie y las use para quitar esa nueva barrera de tela que ha impuesto la pandemia. «Es fundamental que al menos las personas que trabajan en servicios esenciales usen mascarillas transparentes en supermercados, en bancos, en los ayuntamientos... Son lugares fundamentales donde necesitamos comunicarnos. Y si no hay profesionales que sepan de lengua de signos, que es por lo que nosotros luchamos, que por lo menos tengan la opción de poder leer los labios. Si esta situación es complicada para todos, para las personas sordas lo es mucho más», señala Sara González, trabajadora social de la Asociación de Personas Sordas de Badajoz (Apesoba), que lamenta que esta homologación ha llegado «muy tarde». «Hace casi un año ya que estamos con mascarillas».

La lengua de signos, esencial

¿Cómo se están comunicándose las personas sordas en todo este tiempo? «Depende de muchas cosas, del nivel de lengua de signos que tenga cada una, de sus estrategias comunicativas... Hay personas que se están apañando con la escritura, pero la lengua de signos ha posibilitado principalmente que puedan continuar con su vida normal, pero también con ciertos límites, porque la lengua de signos también está asociada a movimientos de la boca y a la expresión de la cara... Está siendo difícil, les ha coartado su libertad y les ha limitado mucho el acceso a la información, hemos retrocedido mucho y va a costar retomar el punto de partida».