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'Tejiendo en la calle' en Valverde de la Vera

El pueblo de los toldos de ganchillo

Casi medio centenar de tejedoras cambian el hilo por bolsas de plástico para confeccionar los parasoles que engalanan Valverde de la Vera. EL PERIODICO EXTREMADURA recorre los entresijos de la iniciativa 'Tejiendo en la calle' que este año cumple cuatro ediciones en la pequeña localidad cacereña con alrededor de 500 vecinos

 

El pueblo de los toldos de ganchillo -

El pueblo de los toldos de ganchillo -

Gema Guerra Benito Gema Guerra Benito
28/08/2016

Cada vez que Lorenza Sánchez va a comprar, guarda las bolsas. No importa el color. Ni el tamaño. Cualquier saco de plástico es válido. Esa rutina, que a modo de ritual repiten muchas casas en las grandes ciudades, adquiere un significado diferente para ella. Le gusta tejer por la tarde para no aburrirse. Lo curioso es que cambia el hilo de sus agujas por ovillos de plástico. Y cuando acaba su labor no la tiende en la cama o la coloca en su mesa camilla. La expone en las calles de su pueblo, a la vista de sus no más de 500 vecinos.

Lorenza ha cumplido 72 años y es bisiesta. Pero esa no iba a ser la única particularidad de la vecina de Valverde de la Vera. Como ella, otras tantas mujeres se reúnen para dar vida a un proyecto que ha inundado de color y de sombra el pueblo rodeado de gargantas. Por cuarto año consecutivo, alrededor de 30 mujeres afilan sus dotes para el ganchillo y las aplican para confeccionar unos curiosos parasoles con restos de las bolsas que reutilizan.

El pequeño pueblo de La Vera se ha convertido en el atractivo de la zona por los llamativos atuendos que cuelgan de los balcones. Tienen formas variopintas. La imaginación no está reñida y cada una da vida a las formas que salen de sus manos y de su habilidad. Desde los uniformes que ondean en las primeras calles hasta los ostentosos como los de la plaza del ayuntamiento. Este año ya son casi cuatro calles las que rodean al proyecto. Y parece que no se habla de otra cosa. Los cuchicheos de los habitantes parecen adivinar que los turistas que fotografían los parasoles coloridos han llegado a La Vera solo para colorear sus recuerdos impresos.