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Radiografía del mercado laboral en Extremadura // Un empleo cada vez más provisional

Un puesto temporal como norma en Extremadura

Los asalariados no fijos en las plantillas son ya uno de cada tres contratados. La región pierde 13.200 indefinidos y gana 17.400 eventuales en el último año

 

He llegado a tener un contrato de tres días. Voy encadenando trabajos desde que terminé los estudios. Ahora estoy con una baja maternal, al menos son varios meses que me dan un poco de estabilidad, pero soy consciente de que a mi generación es lo que le toca vivir», expresa Ruth Molina Martín, que tiene 26 años y trabaja en una farmacia de Cáceres. «Cada empresa tiene ya sus trabajadores, su plantilla cerrada, y cuando surgen oportunidades es gracias a sustituciones como la que estoy cubriendo», añade.

La experiencia que relata esta joven es el ejemplo del panorama laboral que reina en Extremadura actualmente y que plasman los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). A lo largo del último año, cuando desde los Gobiernos nacional y autonómico se insiste en que el paro ha ido bajando, la otra cara de la moneda es que la región ha perdido a empleados indefinidos para sumar con creces a temporales.

SIN ESTABILIDAD / Concretamente, con respecto a 2017 hay 13.200 trabajadores fijos menos y 17.400 eventuales más. Eso significa que ha subido, en el cómputo general, el número de asalariados, pero con unas condiciones laborales provisionales, esto es, sin que existan garantías de estabilidad.

Así, ahora mismo, aproximadamente, uno de cada tres empleados (el 36%) es ya un trabajador temporal.

Si se compara la realidad extremeña con la nacional, la situación cambia. La tasa de provisionales se queda en el 26%. Además, en el cómputo de España tanto los asalariados indefinidos como los eventuales crecieron con respecto a 2017.

LA POSIBILIDAD DE TENER HIJOS / Este mercado de empleo fugaz afecta en Extremadura sobre todo a los jóvenes que se incorporan al mercado y a los mayores de 50 años. Y especialmente a las mujeres. En este sentido, Ruth Molina hace un apunte: «Te rechazan más porque te siguen preguntando cuáles son tus planes de futuro, si quieres tener hijos... Parece mentira, pero esto sigue ocurriendo en las entrevistas de trabajo».

Con las cifras y el contexto sobre la mesa, los agentes sociales confían en que la situación mejore. Los sindicatos insisten en que es necesario derogar la reforma laboral, mientras que la patronal tiene claro que lo fundamental es que haya tejido industrial.

Esta misma semana UGT, CCOO y la Creex (Confederación Empresarial Extremeña) han firmado un nuevo plan de empleo con la Junta en el que se van a invertir 583 millones de euros. Otro parche más. «Pero menos mal que lo tenemos, porque si no habría más paro», defiende Encarna Chacón, secretaria general de CCOO Extremadura.

No obstante, continúa: «El problema de la temporalidad se agrava con la partición de los contratos. En el puesto donde había una persona, ahora hay tres, que tienen trabajos de una hora, una semana... Precariedad, en una palabra».

Chacón reclama también que en el sector agrario, donde se trabaja por épocas, se recuperen los contratos fijos discontinuos en lugar de los temporales: «Es que esta situación se está dando igualmente en la industria, en la transformación de fruta, donde ya se sabe que va a haber una producción y que se va a requerir personal».

Recuerda asimismo que el sector público no escapa a esta eventualidad. De hecho, los recortes elevaron del 8% al 21% la tasa de interinos en la región en áreas como Educación, Sanidad, Servicios Sociales y Justicia.

una de las trampas / Con la petición de Chacón coincide la secretaria general de UGT Extremadura, Patrocinio Sánchez: «Una empresa no puede ofrecer trabajos temporales para una actividad que sabe que hace regularmente, porque entraríamos en fraude de ley. Pero lo que más se está dando ahora son esos contratos a tiempo parcial por obra y servicio y por circunstancias de la producción, de manera que puedes tener un puesto por una hora, dos...».

Sánchez pone también el foco en otra realidad: «El problema es que aunque el empleado esté dado de alta un determinado tiempo, después resulta que trabaja más, pero fuera de la ley, esto es, alimentando la economía sumergida porque cobra ese plus en dinero negro».

Desde otro punto de vista se manifiesta Javier Peinado, secretario general de la Creex: «La temporalidad no es un capricho del empresario; tienes que acogerte a la actividad y la producción que se puede asumir. Si se quiere que la empresa siga siendo competitiva y no se caiga, hay que adaptarse a los tiempos, no se puede ir a contracorriente».

Peinado continua: «Venimos de una época de mucha destrucción de empleo y donde las empresas han perdido muchísimo. Es inevitable sentir ese temor de no saber si esa misma producción que se tiene una temporada, va a volver a conseguirse en la siguiente. Por eso existe el contrato temporal. Una vez que empieza a remontar la actividad económica y la empresa vuelve a mercado, lo lógico es que use esta herramienta. Sobre todo porque es la manera de comprobar la destreza de los trabajadores».

En este sentido subraya que esa eventualidad viene también marcada por los sectores que están generando empleo en Extremadura, que son los tradicionales motores económicos de la región: la agricultura (que va por campañas), la construcción (que está experimentando ciertos repuntes) y la hostelería (que aumenta plantilla en vacaciones y fechas concretas).

«No hay que olvidar que lo más rentable para una empresa es un contrato indefinido, porque es lo que te aporta fidelidad y experiencia, pero hay que adaptarse a la realidad que tenemos», reitera Peinado.

INCERTIDUMBRE / Para la joven Ruth Molina Martín, esa realidad es no saber qué significa tener un puesto indefinido. «Entre los 18 y los 30 años lo que nos toca es ir encadenando trabajos temporales. Todo el mundo que conozco entre esa edad tiene la misma situación que yo», expresa.

El optimismo que se intenta transmitir con la bajada continua del paro tiene detrás estas sombras. Inestabilidad, incertidumbre y precariedad en un mercado de trabajo que ahora el nuevo Ejecutivo de Madrid debe afrontar. Las heridas son especialmente palpables en Extremadura si se compara con el contexto nacional.

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