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ANIVERSARIO DE LA INFRAESTRUCTURA HIDRAULICA MAS RELEVANTE DE EXTREMADURA

La Serena, 25 años de vida

Los Reyes inauguraron el 2 de febrero de 1990 el mayor embalse de España, tras cuatro años en construcción, que trajo estabilidad a una zona aquejada por las irregularidades del río Zújar y que beneficia directamente a más de 160.000 habitantes

Guadalupe Moral
01/02/2015

 

Casi a la una y media de la tarde del viernes 2 de febrero de 1990 el Rey Juan Carlos descubría la placa que inauguraba el nuevo embalse de La Serena, la infraestructura hidráulica más grande de España y la segunda de Europa entonces, tras Kremasta en Grecia --ahora ocupa el tercer puesto en Europa tras Alqueva--. "Es un día importante para el país", decía el monarca aquel día ante un millar de curiosos que se acercaron a las nuevas instalaciones. Era un día importante porque la presa "supone más agua y sobre todo más libertad para los extremeños", enfatizó allí el presidente de la Junta, Juan Carlos Rodríguez Ibarra.

Bajo la mirada de la Reina Sofía y el ministro de Obras Públicas, Javier Sáenz de Cosculluela, acababa de estrenarse oficialmente una infraestructura histórica en Extremadura levantada junto a otro de los embalses de la zona, el del Zújar. Era el segundo intento de inauguración. El primer acto estaba convocado para dos semanas antes y tuvo que suspenderse porque el helicóptero que traía a los monarcas no pudo aterrizar en el helipuerto de la presa por la densa niebla de aquel 24 de enero de 1990.

Los Reyes querían estar presentes y el acto se pospuso al 2 de febrero. Por entonces el embalse apenas tenía 600 hectómetros cúbicos (hm3) de agua, es decir, no llegaba ni al 19% de la capacidad que tiene, que supera los 3.200 hectómetros. Hacía solo unos meses que había terminado su construcción tras cuatro años en obras. El proyecto se licitó en octubre de 1984 y fue adjudicado tres meses más tarde a una UTE formada por grandes constructoras del país: Dragados y Construcciones, Entrecanales y Tavora, Ferrovial y Huerta y Cia. Costó 12.000 millones de pesetas, pero venía a solucionar un problema vital en la zona de La Serena y La Siberia: la irregularidad y la estacionalidad del río Zújar, cuya aportación de agua variaba entre los 24 y los 2.977 hm3 al año. Esta inestabilidad, por la que ningún pueblo se asentó en su ribera, causaba restricciones en el suministro a los vecinos y agricultores en época de sequía y daños en tiempos de crecidas. La presa del Zújar no era suficiente para paliar esta situación.

Durante los primeros cinco años de vida, el nuevo embalse apenas logró llenarse al 20%. Fue una época extremadamente seca, que obligó a construir una pequeña represa en la cola de La Serena para poder tener un mínimo nivel de agua que garantizara el abastecimiento a las poblaciones cercanas. El 10 de noviembre de 1995 embalsaba 70 hm3 de los 3.219 hm3 totales, pero el panorama climatológico cambió radicalmente y en solo 100 días pasó a superar el 50% de su capacidad. "Fue la prueba de la irregularidad hídrica del río Zújar que justificaba sobradamente la obra", señala José Antonio Torres, un técnico de la Confederación Hidrográfica del Guadiana. Desde

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