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UNA CIENTIFICA PACENSE DESCUBRE UNA ESTRUCTURA REVOLUCIONARIA PARA LA QUIMICA

La traductora extremeña del ADN

Almudena Ponce trabaja en la Sociedad Max Planck, una reconocida institución alemana que ha incubado una veintena de premios Nobel

 

G. G.
21/02/2016

Conoció al hijo de uno de los Premios Nobel de Medicina de 1991 tomando una cerveza en un pub y ahora trabaja en el mismo edificio que el ganador del galardón de química de hace dos años, Stefan Hell. "Es mi vecino del piso de arriba" entrecomilla con naturalidad como si ella no formara parte de la institución de ciencias más reconocida de Alemania y de Europa, la Sociedad Max Planck. Aunque María Almudena Ponce Salvatierra nació en abril del 87 en Madrid, ha residido en la capital pacense desde los dos años hasta que la inquietud científica la separó de Extremadura.

Tres años lleva en Alemania desde que la entrevistaron para que formara parte de un grupo de investigación para su doctorado. La científica se convirtió entonces en la "responsable principal" del proyecto que define como su "hijo". "Tuve el apoyo de mis profesores Vlad y Claudia, pero aquí uno trabaja solo", apunta.

La joven es cristalógrafa. Cristaliza las minúsculas moléculas de ADN como si de "cristales" se tratara y analiza su estructura con el objetivo de avanzar en el conocimiento sobre los seres vivos y las preguntas de la ciencia. Cabe destacar que el ADN es la sustancia o "código" que lleva la información genética de los organismos vivos. Ella se encarga de traducirlo y para ello, ha escogido desgranar las casi impronunciables deoxiribozimas . A través de su estudio ha conseguido corroborar un descubrimiento de 1994 sobre la capacidad de las moléculas para acelerar reacciones y desmentir la creencia científica que durante veinte años han sostenido expertos sobre que el ADN no puede adoptar estructuras complejas para acelerar determinadas reacciones. Con respecto a la utilidad práctica del descubrimiento, la joven apunta que "la gente en general --ella misma se incluye-- tiene una visión limitada sobre la importancia real de las cosas". En ese sentido, asevera que la pregunta ¿para qué sirve en la ciencia? no tiene porqué tener la respuesta "para curar una enfermedad o para descubrir un fármaco nuevo", y aún así es útil para llenar el infinito saco del conocimiento sobre el funcionamiento de los fenómenos naturales que ocurren alrededor.

Los 'héroes' invisibles

De hecho, lo que más sorprende a la científica es que la estructura que ha descubierto presenta "características estructurales con una complejidad que no se habían visto en ADN". Afirma que siempre se interesó por la investigación, se licenció en Farmacia en Sevilla y el destino y tras estancias en el CSIC y varios éxitos en la investigación, acabó en Alemania. Lo curioso es que nunca se imaginó trabajando en Göttingen, aunque asegura que vuelve cada Navidad y de momento, no volverá, pero espera hacerlo algún día.

Por la institución en la que Almudena Ponce dedica sus horas han pasado hasta 18 Premios Nobel. 4.000 científicos permanentes y más de 9.000 investigadores trabajan para el progreso científico. Habitualmente todos ellos invisibles a ojos de la humanidad. Pero no solo de científicos vive la ciencia. "Una parte de nuestro éxito son las personas que nos ayudan, los que cada día a llenar tanques de nitrógeno líquido o a resolver nuestros tramites burocráticos en el menor tiempo posible" asegura Almudena. Todos, junto a la pacense, trabajan en la oscuridad de sus laboratorios por el progreso de la humanidad.