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Antonio Banderas «Pablo Picasso era una máquina de trabajar... En eso me parezco a él»

El prestigioso actor malagueño encarna al célebre pintor en la ambiciosa serie 'Genius', de Narional Geographic Channel

Manuel de Luna / Barcelona
03/05/2018

 

Relajado, atento, amable... Antonio Banderas interpreta a la perfección su papel de promocionar su nuevo trabajo, producción por la que se ha quedado totalmente calvo.

Son gajes del oficio de actor (y no de la edad): esta alopecia (temporal) viene dada por encarnar al pintor malagueño Pablo Picasso en una ambiciosa producción biográfica avalada por el prestigioso canal de pago National Geographic Channel y, claro, por el propio actor, también malagueño.

-¿Cómo llegó a ser Picasso? Pues, me lo ofrecieron. Estaba rodando en Londres la nueva película de Star Wars y me llamó mi agente desde Los Ángeles, y me dijo que teníamos que vernos ya. Nos reunimos con Ken Biller [productor ejecutivo de Genius], hablamos y..., cuando me lo propusieron, mi reacción fue decir: ¡Sí! [ríe].

-¿Así, sin más...? Bueno, me interesó mucho que detrás estuviese una institución como NGC, porque es una garantía de que íbamos a estar pegados a la realidad, y de que se iba a hacer un estudio pormenorizado de la vida del personaje que íbamos a interpretar y que, de alguna forma, íbamos a hacer algo bueno..., no era una lotería. Además, ya había visto la primera entrega de Genius, sobre Einstein, y sabía la calidad que se iba a manejar en la producción. Por lo tanto, me encantó la oferta.

-¿Y tras haberlo interpretado, puede decir quién fue Picasso? ¡Uff!, no lo sé, porque aún no he podido dar un paso atrás para tomar una perspectiva...; aún estoy demasiado encima de este cuadro. Hace menos de una semana que finalicé el rodaje y todavía estoy muy pegado a él y no se valorarlo. Me tengo que separar un poco, porque ahora aún estoy bajo la influencia de haberme levantado todas las mañanas con él, de haberme acostado todas las noches con él… Viví con don Pablo durante cinco meses y medio, y me encontrado con un hombre controvertido, con claroscuros, con momentos de mucha brillantez, pero también con momentos muy oscuros… De hecho, me he encontrado con un genio que es un ser humano, que cometió errores y pago por ellos y que se encontró muy solo al final, porque lo quiso todo. Ese es el problema de Pablo Picasso: lo quiso todo.

-¿Se ha llegado a identificar? No, yo creo que soy mucho más cauto y más cobarde. Picasso no, el era un tío de una honestidad dañina, tremenda. Era un hombre que no mató nunca al niño que llevaba dentro y eso produjo muchos daños colaterales. Pero también era un hombre muy valiente que nunca buscó el aplauso, jamás… Es extraordinario en ese sentido. Pintó para él y, sin embargo, llego a tanta gente… Fue considerado un dios por sus coetáneos, incluso por Matisse, con el que conservó una gran amistad hasta el final… También le gustaba mucho el juego, sobre todo con las mujeres, el juego de la seducción, que hoy probablemente se malinterpretaría… Pero, en cualquiera de los casos, yo creo sinceramente que no se ha hecho una serie para glorificarlo, sino simplemente para exponer al ser humano que hay detrás del gran artista que fue, y el juicio probablemente venga por parte del público. Nosotros no deberíamos establecernos en ese papel, porque sería un gran error, que nos llevaría a interpretar al personaje hacia un lugar específico, y eso no se puede hacer. Hay que mostrar los hechos, lo que hizo y lo que dijo. Está todo ahí. ¿Por qué lo hizo y por qué lo dijo? Eso es opinión abierta.

-Usted ha hecho cine de acción, comedia, drama, ha cantado mambos, ha sido zorro enmascarado y hasta gato con botas... ¿Qué le queda por hacer? Quiero dirigir más. He dirigido en dos ocasiones, pero no he hecho la película que quiero. Esas dos anteriores se basaban en novelas, y ahora estoy escribiendo mucho, porque quiero relatar el universo como yo lo veo, las relaciones entre los seres humanos, las cosas que a mí me interesan y en eso estoy ahora. Quiero seguir viviendo y trabajando, y mucho... Y mire, en eso sí que me parezco a Picasso: él no paraba, no paraba, era una máquina de trabajar. El trabajo para él era sagrado. Cuando encontraba distracciones se volvía muy frenético. Era muy neurótico en ese sentido, tenía entonces que escaparse, largarse o echar a la gente de su casa. Los niños le volvían loco, aunque los quería mucho. E incluso con su relación con  las mujeres también era muy especial. No es que le aburrieran, pero cuando él notaba que se estaba, digamos..., aburguesando, tenía que buscar excitación, algo nuevo, que es una idea que repite mucho en la serie, algo nuevo… Y eso es peligroso.

-Así, usted solo se parece a Picasso en su pasión por su trabajo... En comparación conmigo, sí, yo también trabajo mucho, pero creo que no soy tan destructivo. Él era un devorador de vida.

-La práctica totalidad de su carrera se ha desarrollado en el cine,  y ahora aterriza en la televisión. ¿Se suma así al trasvase de estrellas de Hollywood a la pequeña pantalla? La televisión ha cambiado. En las última dos décadas ha vivido un giro espectacular, probablemente también debido a los avances tecnológicos, que son bastante accesibles para el gran público, y ha hecho que tengamos cines en casa. Y eso ha provocado que las series se hayan convertido en elementos muy importantes, y que muchos guionistas se hayan ido a la tele, y con ellos directores, actores… Pero no es mi objetivo. Lo que yo quiero ahora es tocar un terreno que es el nacimiento mío como actor: el teatro. Por eso he comprado uno en Málaga, que empezaré a arreglar en junio… Creo que me voy a arruinar… Pero, de repente, el teatro ha cobrado un sentido extraordinario, ya que ahora en la tele y el cine, con la tecnología, nos preguntamos continuamente si es real o no es real. Pero el teatro, después de 3.000 y pico de años, sigue siendo básico: ellos y nosotros, y no hay nada en medio, y eso es precioso. Y hay un talento joven en Málaga que me interesa mucho.

-O sea, actor, director, guionista, y también productor teatral... Sí voy a hacer dos salas en el teatro, una con 700 localidades dedicado al teatro, no tanto comercial, como consagrado, de Tenesse Williams o Buero Vallejo, y otra sala de 250 localidades para las voces nuevas, para nuevos dramaturgos. Queremos provocar que la gente joven se ponga a escribir, gente que sepa contar historias, quiero nuevos directores nuevos actores y quiero que se fogueen allí. Como no lo voy a poder pagar con las taquillas, porque son muy limitadas, y no quiero ni un duro público, voy a tener que contar con espónsors. Y en eso estoy, tratando de convencer al personal de que lo que le estoy ofreciendo es la leche.

-Volvamos a  Picasso. Vivió una parte importante de su vida en Barcelona. ¿Qué pensaría ahora de la tensión política que hay? Picasso quería mucho a Barcelona, pero sinceramente pienso que hoy en día no sería un nacionalista. Primero porque no era catalán, aunque algunos de sus mejores amigos lo eran. Era malagueño y tenía una concepción de España diferente a la de los nacionalistas catalanes. Pero seguramente hubiera intentado decirles a los catalanes: «Venga hombre, vamos a tratar de entendernos. Si somos mediterráneos, hemos nacido en el mismo mar. Tenemos que encontrar formas de vivir juntos…». Hay que pensar que le gustaban mucho los toros, le encantaban los pasodobles, todas las cosas estas tradicionales españolas le encantaban, el flamenco… Pero hubiera tratado de establecer lazos. Creo yo.

-¿Y usted qué piensa? Pues un poco como Picasso: intentaría restablecer esos lazos. Tengo grandes y muy buenos amigos catalanes, que significan mucho para Catalunya, como Lluís Pascual o el propio Joan Manuel Serrat, gente a la que respeto, que se sienten profundamente catalanes, pero que no rechazan la idea de ser españoles. Yo también pienso de esa manera. Puedo entender el sentimiento de independencia que tienen algunos, de querer ser uno mismo, pero quizá el problema sea más entre catalanes. En una hipotética independencia al 50%, unos pasarían a ser nacionales, y el resto, ¿qué pasarían a ser?

-Parece que le entristece esta situación. Sí... Catalunya ha sido tan admirada por mi generación, por la gente de teatro de Málaga: mirábamos al Teatre Lliure como nuestra meta, tener un teatro como esa gente, o mirábamos a Comediants o Dagoll Dagom… Todos esos grupos de Barcelona, vanguardia realmente de lo que se hacía en España, y todos íbamos detrás… Y, de repente, sientes cómo hay nacionalistas, y no todos. Quiero ser muy cuidadoso con esto, porque no quiero herir a nadie; digo que hay nacionalistas que no quieren ser lo que yo soy: español. Y me pregunto por qué, y me duele. ¿Es que yo soy menos? Es una sensación extraña, como de rechazo…. Es como cuando tu novia un día te dice: «Déjame», y sorprendido le replicas: «Pero si yo te he querido mucho…». Porque yo no he oprimido a nadie, ni en Andalucía hemos oprimido a nadie, sino que en Andalucía siempre hemos sido los oprimidos.

-¿Una situación extraña? Sí, muy rara, casi como sentirte rechazado. Y por una gente a la que he admirado tanto. Y que sigo admirando, lo digo de corazón. Entiendo ese sentimiento nacionalista, pero hay que ir con cuidado, porque hacen daño. Nosotros no tenemos nada malo contra ellos… Ahora, sí que hay algunos de otras latitudes e ideas políticas que tienen una mala uva. Pero creo que en la mayoría existe cariño y admiración. 

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