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SEMANA DE LA MODA EN NUEVA YORK

Lacoste dota de sensualidad su ADN

 

Una modelo desfila por la pasarela en el show de Lacoste durante la semana de la moda en Nueva York - JP Yim / AFP

LAIA ZIEGER
10/09/2016

El diseñador Felipe Oliveira imaginó un partido de tenis en la azotea de la casa Malaparte y, de los colores de esta obra arquitectónica modernista y la espectacular luminosidad y paisaje del entorno donde se encuentra, en un acantilado de la isla de Capri, nació la colección Primavera-Verano 2017 de Lacoste. Se presentó la mañana de este sábado en una pasarela idílica, soleada y decorada con mucha vegetación tropical, como si de un invernadero se tratase. Entre los asistentes se encontraba el extenista catalán, Àlex Corretja, y el conocido ‘trendsetter’ Miguel Carrizo.

Para esta temporada Oliveira se ha propuesto reinterpretar piezas impregnadas de recuerdos y aunar libremente los conceptos deconfort, elegancia y sensualidad. Sin nunca perder de vista la comodidad y la funcionalidad, la colección variaba entre una línea de colores ocres y blanco, más sofisticada y atemporal, a otra más ‘arty’ con estampados de aire marinero reinventados –rayas multicolores y con efecto goteo inspiradas en la obra del artista contemporáneoRichard Jackson– pero, sobre todo, con un protagonismo destacado de la tradicional mascota de Lacoste, el cocodrilo. Éste aparece en mayor tamaño y en clave de grafiti con garabatos infantiles coloreados que homenajean a Andy Warhol.

UN CÓCTEL DE REFERENCIAS


Entre las texturas mas sorprendente de esta colección se encuentra la tela de toalla, muy presente en los diferentes ‘looks’: albornoces, bermudas, chaquetas y elegantes y sensuales vestidos bustier que envuelven y resaltan sutilmente la silueta femenina. Todo un guiño a la mítica actriz Brigitte Bardot, que rodó la película El desprecio en la Casa Malaparte bajo la batuta del director Jean-Luc Godard.

Otros recurrentes en esta colección son los abrigos e impermeables de tipo pescador y el piqué de algodón, buque insignia de la famosa ‘maison’, que se apodera de túnicas cortas (como reminescencia de la icónica falda de tenis de Lacoste), vestidos largos, chándales muy chic y amplias sudaderas reversibles, con mangas retráctiles y laterales que se pueden abrir con cremallera. Una buena muestra de la obsesión de Oliveira por la ropa modular.