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NOVEDAD EDITORIAL

Todo lo que aprendimos del cine de los 80

Hadley Freeman defiende en el libro 'The time of my life' que las películas populares de aquella época te hacían mejor persona

 

La escritora Hadley Freeman, fotografiada en Barcelona. - ALBERT BERTRAN

JUAN MANUEL FREIRE
05/11/2016

¿Por qué gustan tanto todavía las películas populares de los 80? Habrá quien hable de nostalgia, pero eso no explicaría su buena fama también entre espectadores que nacieron tras el fin de esa década. ¿Encanto 'kitsch'? No puede ser solo eso. "Lo 'kitsch' está bien pero no suele tener una vida muy larga -escribe la periodista Hadley Freeman en la introducción de su último libro-. Estas películas poseen ciertas cualidades y ofrecen lecciones particulares que no se encuentran en las películas de hoy en día. Eso es lo que las hace tan especiales, al menos en mi opinión".

Freeman reúne ensayos críticos, éticos y autobiográficos en torno a nueve de esas películas en 'The time of my life', subtitulado por le editorial Blackie Books como "un ensayo sobre cómo el cine de los 80 nos enseñó a ser más valientes, más feministas y más humanos". Es una elegía valiosa sobre la antigua forma de funcionar de los estudios, en la que aún se respetaban las ideas originales y no se buscaba solo la forma de hacer películas que dieran millones de dólares. También, o sobre todo, un repaso a las ideas progresistas, feministas y/o sexualmente abiertas de películas que en principio deberían ser más atrasadas que las del nuevo siglo.

Y no es así: hemos retrocedido. Freeman empezó a dar vueltas a estas ideas hace casi una década, cuando vio casi seguidas 'Juno' y 'Lío embarazoso' y quedó sorprendida por su retrato del aborto: "Un retrato negativo, muy extraño en el siglo XXI, especialmente viniendo de EEUU, de donde provengo, que presume de ser un país liberal".

En su día escribió una columna para 'The Guardian', su casa desde hace más de década y media, en la que denunciaba la visión de ambas películas. Hace dos años, aprovechaba otra columnapara recordar unos tiempos no tan lejanos de pro-elección: "En las películas de los 80 había un montón de retratos tolerantes del aborto. Y el caso más notable es 'Dirty dancing', una película cuyo argumento se dispara con un aborto y que aboga por la importancia del aborto legal. Pero casi nadie recuerda que hubiera un aborto en ella".


LECCIONES DE VIDEOCLUB

Freeman acabó extendiendo su estudio cinematográfico-sociala otras películas de la época. "Esencialmente, la excusa de hacer este libro era volver a verlas, porque me encantan", afirma entre risas. Además, era una oportunidad de hablar con antiguos ídolos (actores, directores, guionistas, productores…), al menos los que todavía viven. Por desgracia, entre estos no figuran John Hughes ni Nora Ephron.

Hughes brilló en los 80 como retratista de la adolescencia (y, en particular, el adolescente rarito y a mucha honra) en películas como 'La chica de rosa', cuya heroína 'nerd' no necesita el clásico cambio de imagen para engatusar. Todos esos adolescentes sensibles o simplemente reales empezaron a esfumarse de los multisalas en los 90. Adiós a las grandes emociones, hola al cinismo. "Mucha gente dice que todo cambió con 'Escuela de jóvenes asesinos', que es muy cínica, pero para mí el giro vino con 'Fuera de onda' en los 90. De repente solo ves a adolescentes que son muy ricas y delgadas y viven vidas de lujo. Después llegaron comedias guarras como 'American pie', sin respeto alguno por sus personajes".

La comedia romántica en general (no solo adolescente) ha sufrido una verdadera decadencia en los últimos tiempos. Si en los 80 se estrenaban un par buenas cada semana, ahora apenas llegan; y cuando lo hacen, deprimen. Freeman se deshace en elogios hacia 'Cuando Harry encontró a Sally…', porque le enseñó todo lo que sabe no solo sobre hombres y mujeres, sino también sobre amor, matrimonio, amistad… La vida en mayúsculas, vaya, en resumen. Nadie dirá lo mismo sobre ninguna película de Katherine Heigl. "El género no daba tanto dinero como se esperaba y Hollywood empezó a dejar de esforzarse. Así llegaron películas horribles con Heigl, Kate Hudson, Gerard Butler… Trataban al público como si fuera idiota. Y el público no es idiota. Y por tanto, dejó de ir a verlas. Y entonces Hollywood pensó que ya no nos gustan las comedias románticas. ¡Pero nos morimos de ganas de ver una buena!".

'Dirty Dancing', control para la mujer

No es otra estúpida película ochentera de bailes: es un recordatorio de la importancia del aborto legal. Y un tratado de sexualidad femenina en la que todo, todo, se observa desde el punto de vista de Baby (Jennifer Grey): "La cámara trata como un objeto al hombre y es la mujer quien se excita", escribe Freeman en su libro. Las películas de hoy en día raramente celebran que a las adolescentes les guste el sexo.

La princesa prometida’, amor en todas las direcciones

Mal vendido y en competición directa con 'Atracción fatal', este metarrelato fantasioso decepcionó comercialmente en el momento de su estreno. El culto nació en el videoclub. Para Freeman, su mayor singularidad es su presentación de "tantos tipos diferentes de amor a la vez, y todos pensados para que los niños los entiendan". Hay amor romántico, pero también entre abuelo y nieto o entre villanos tan solo relativos.

Cuando Harry encontró a Sally…’, ideal de comedia romántica

"Las malas comedias románticas (…) me hacen sentir que soy un cliché vergonzoso por desear el amor", escribe Freeman. "Las buenas comedias románticas, como 'Cuando Harry encontró a Sally…', me reafirman en que eso es lo que hacen las personas". Doce puntos extra para la guionista Nora Ephron por no distinguir entre Trabajos para Hombres y Trabajos para Señoritas: Sally, periodista, tiene tanto éxito como Harry, asesor político.

Cazafantasmas’, otra forma de ser hombre

En los 80, ser un Hombre de Verdad significaba formar parte del ejército y/o ser un lobo solitario aullador. 'Cazafantasmas' proponía una alternativa más tierna: ser amigo de tus amigos, trabajar con ellos, y no tratar a sus intereses amorosos como si fueran intrusas. "Esos hombres son más maduros que los que aparecen en las películas ahora", nos cuenta la autora. "Y estamos hablando de tipos que van por ahí cazando fantasmas".

Regreso al futuro’, los padres también sufren

No todas las películas de la década ganan con nuevos visionados. 'Maniquí', nos avisa Freeman, "es la peor película de la historia". Pero cada repaso a 'Regreso al futuro' es una revelación y sirve para apreciar mejor, en todas sus sutilezas, una película de adolescentes en la que lo importante son los padres. Gente rara del mismo modo que sus hijos, quienes se convertirán algún día en personas muy parecidas a sus padres.

Superdetective en Hollywood’, razas aparte

"Eddie Murphy se merece mucho más respeto del que se le tiene", escribe Freeman. Por el carisma insuperable, pero también "porque consiguió que Estados Unidos creyera, por primera y tal vez única vez en su historia, que es posible superar el tema de la raza". Aparte de un par de chistes, en el superéxito 'Superdetective en Hollywood' apenas hay referencias al hecho que Murphy sea negro. La igualdad podría ser eso.