La Cr?nica de Badajoz | Miércoles, 17 de julio de 2019

disidencias

Balthus

JUAN MANUEL CARDOSO Periodista 12/03/2019

Tengo la sensación de que el mundo va demasiado deprisa. Y las personas nos hemos subido a una montaña rusa creyendo que se trataba de una atracción de feria y resulta que los desniveles, las curvas peligrosas, los saltos al vacío y las caídas en picado están durando demasiado o, peor aún, estamos coqueteando en exceso con todo eso que, pareciendo diversión, puede acabar en tragedia. Las noticias, los hechos, las opiniones, los debates, las manifestaciones, las ideologías, las reivindicaciones, las posturas y los argumentos se han acelerado de tal manera que, sin tiempo para madurarlos, sin tiempo para saber si nos interesan o no, los estamos radicalizando y, con ellos, dejando que dirijan nuestras actitudes en una especie de frentismo social que solo nos conduce a la nadería. Balthasar Klossowski de Rola, Balthus, presenta estos días en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid 47 de sus obrasque han generado titulares como «Balthus, el relato polémico de la modernidad», «No poses tu sucia mirada sobre Balthus», «Las ‘lolitas’ de Balthus se instalan en el Thyssen» o «Balthus, el pintor que llenó de erotismo la edad de la inocencia». Ciertamente, su fama de transgresor le precede, el escándalo censor que se urdió alrededor del Metropolitan de Nueva York por su Thérèse soñando afortunadamente quedó en nada y una buena parte del catetismo pseudointelectual ha visto en algunos de sus cuadros atentados contra la moralidad e, incluso, el código penal. Balthus fue un genio del arte incómodo que deseaba evolucionar y por eso se le considera el primer artista posmoderno, es decir, un defensor de lo emocional, lo intuitivo, la diversidad y los matices, que rechazaba las verdades absolutas y reivindicaba la pausa y la paciencia. Sus personajes adormecidos y sus espacios cerrados eran una reivindicación de la pausa y la paciencia. Una búsqueda de la magia que hay en el mundo pese a la prisa y el progreso. Donde el gallinero ve una adolescente adormilada enseñando sus bragas en 1938, Balthus está pintando, desde el surrealismo más rompedor, el atrevimiento de los valores tradicionales y la capacidad para generar tiempos muertos que nos permitan reflexionar sobre lo importante para descartar lo insustancial y recuperar el resuello en medio de tanta carrera hacia lo irracional.