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EL DRAMA DE LA CRISIS MIGRATORIA

Alemania finiquita la política de bienvenida y multiplica las deportaciones de extranjeros

Las agresiones de Colonia, las dudas ciudadanas y el auge de la ultraderecha fuerzan a Merkel a endurecer su discurso

 

Alemania finiquita la política de bienvenida y multiplica las deportaciones de extranjeros - AFP / TOBIAS SCHWARZ

CARLES PLANAS BOU
19/01/2016

Refugiado fue la palabra del 2015. Alemania asumió sola casi todo el peso de la crisis migratoria. La cancillera Angela Merkel abrió las puertas del país e impulsó una ambiciosa política de acogida para responder a una emergencia que Europa había ignorado. Con tan sólo dos semanas transcurridas, 2016 apunta a que será el año en que se rompa el sueño de los refugiados. El ejecutivo apostó con fuerza por la bienvenida pero después de acoger a 1,1 millón de personas y, tras la aparición de múltiples problemas, las nuevas medidas de Berlín señalan que la solidaridad se está agotando.

Tras meses soportando las críticas internas, la presión de los länder y de una derecha populista que sigue ganando músculo, los abusos sexuales de Nochevieja en Colonia y Hamburgo han colmado la paciencia de Merkel. El escándalo ha desencadenado el escepticismo de los alemanes y ha dado alas a las tesis de los grupos xenófobos, que se han aprovechado de la sensación de inseguridad. Berlín ha respondido endureciendo su postura para deportar más fácilmente a los refugiados que cometan crímenes. “Merkel ha defendido la figura del asilo en la Unión Europea. Su mensaje no va contra los refugiados sino que es para demostrar que también se preocupa por la seguridad de los alemanes”, apunta Gemma Pinyol, investigadora en políticas migratorias asociada a GRITIM-UPF.

La reacción de Merkel también tiene una cara política. Su gesto puede ser visto como una concesión al ala más conservadora de su partido sin renunciar a su voluntad de acogida pero también para evitar la transferencia de votos de sus electores más derechistas hacia la xenófobaAlternativa para Alemania (AfD), un partido que no deja de crecer en las encuestas. La presión y las discrepancias en el ejecutivo alemán se han evidenciado en los últimos días. Mientras que la cancillera ha hablado de "reducir los números de refugiados", el ministro de Transporte, el democristiano Alexander Dobrindt, ha lanzado un duro mensaje al asegurar que Alemania terminará cerrando sus fronteras y que el país no puede seguir ofreciendo una "cara amistosa". Por su parte, el ministro de Exteriores Frank-Walter Steinmeier ha hecho autocrítica y ha culpado al "error" de intervenir en Irak de la actual oleada migratoria.

 

AUMENTO DE LAS DEPORTACIONES

A pesar de este contundente aviso, la presión no ha cesado. El secretario general de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) Peter Tauber alertó la semana pasada que tienen el “deber” de deportarcon más rapidez a todas las personas a las que se deniegue el asilo a un ritmo superior al millar por día. El líder de los conservadores de Baviera (CSU), Horst Seehofer, ha vuelto a presionar a la cancillera este fin de semana pidiendo que se fije un tope de acogida.

Las deportaciones en Alemania se han disparado en los últimos meses. Las autoridades han querido rebajar su presión al limitar la acogida a los que huyan de países peligrosos. Todos los migrantes balcánicos o del este de Europa, regiones consideradas seguras, quedan directamente descartados. En 2014 se registraron 10.884 deportaciones. Hasta el noviembre de 2015 la cifra ascendió a 18.363 casos. La iniciativa de Berlín para agilizar las deportaciones hará que 2016 sea probablemente un año récord en expulsiones. De momento, países vecinos como Austria ya han anunciado un nuevo paquete de medidas para sellar sus fronteras, fijar un límite de refugiados aceptados.

A pesar de eso, Merkel deberá trabajar en otras alternativas. Como apunta el analista en conflictos internacionales Sergio Maydéu, la cancillera tiene que hacer equilibrios para no caer en el discurso de laultraderecha, torpedear su liderazgo y hacer que Alemania sea menos atractiva para los refugiados. “El flujo migratorio no cesará, así que a Merkel solo le queda dar un golpe sobre la mesa de la UE para que se asuman los acuerdos sobre acogida”, pronostica.