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GUERRA EN EL PAÍS ÁRABE

Una Alepo sin víveres se enfrenta a nuevos bombardeos

Los 'cascos blancos' describen el uso de un nuevo tipo de ataque que crea "un círculo infernal" de destrucción. El cerco continuado de la ciudad y la falta de suministros coloca a la población en una situación cada vez más límite

 

Un hospital reforzado con sacos de arena tras ser bombardeado en abril pasado, en ataques que causaron la muerte de un médico y heridas a varias enfermeras, en el este de Alepo. - MSF / KARAM ALMASRI

JAVIER TRIANA / ESTAMBUL
17/11/2016

Tras más de tres semanas de relativa calma, los bombardeos vuelven a asfixiar la ciudad siria de Alepo. Solo que esta vez no ha habido ruptura del cerco al que las tropas gubernamentales tienen sometidos los barrios orientales de la ciudad, ocupados por la heterodoxa oposición (desde moderados a yihadistas) y esto conlleva consecuencias desastrosas: no ha habido margen de aprovisionamiento, las despensas se agotan aún más y la especulación con los pocos bienes que todavía se pueden hallar se ha disparado (más aún). Un barril de combustible, necesario para alimentar los omnipresentes generadores de electricidad, puede alcanzar los 1.500 dólares.


Así los precios, no es de extrañar que los activistas sirios busquen ayudar a sus compañeros cercados con ideas peregrinas, como la distribución de dinero y medicinas mediante drones. Caídas de cielo, en el sentido más amplio de la expresión, serían estas provisiones médicas para Hamzah Alkateab, director del bombardeado hospital Al Quds y quien, ahora mismo, es el único médico en un nuevo centro hospitalario. Durante la última ruptura del cerco, sus compañeros aprovecharon para salir a visitar a sus familias, a buen recaudo en la vecina Turquía. Pero cuando quisieron regresar, como el activista Mahmoud Rashwani, ya no había forma de entrar en los barrios rebeldes pues las tropas sirias habían vuelto a cerrar el paso. “Creo que todavía podemos funcionar durante los próximos dos meses”, explica a EL PERIÓDICO Alkateab, en referencia a la despensa de combustible y material médico acumulado. “Ahora mismo seguimos atendiendo a entre 100 y 150 personas al día”, apunta. 

MÁS DESTRUCCIÓN QUE EN GUERNICA

Heridos no faltan en una ciudad símbolo de la destrucción de la guerra de Siria y que ha visto una devastación varios cientos de veces mayor que la de Guernica durante la guerra civil española. Sin ir más lejos, este mismo jueves, al menos 25 personas murieron en ataques aéreos y de artillería sobre Alepo oriental llevados a cabo por el régimen del presidente de Siria, Bachar Asad, y sus aliados, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), una plataforma gestionada por un opositor sirio residente en Reino Unido y que cuenta con varios informadores sobre el terreno.

“En los últimos dos días, hemos documentado la muerte de 98 personas entre la ciudad de Alepo y las zonas rurales de los alrededores”, señala a este diario, en referencia al martes y el miércoles, el responsable en Alepo de la Defensa Civil Siria (los llamados 'cascos blancos'), Ammar Selmo. Por su parte, el OSDH sitúa la cifra de muertos de estos tres días en 65. Los cascos blancos añaden que tres hospitales de la campiña occidental de Alepo han sido destruidos, en una zona donde hay varios campamentos de desplazados internos.

La agencia de noticias estatal siria, Sana, confirmó que el Ejército del país árabe había atacado posiciones al oeste y al suroeste de Alepo, donde “mató e hirió a varios terroristas y destruyó varios de sus escondites y vehículos”.

'BOMBAS PARAGUAS'

“Ahora –relata Selmo– (los aviones rusos y sirios) están usando una nueva táctica de bombardeos: 'bombas paraguas'. Lo acompañan con fuego de artillería desde tierra hacia el mismo lugar donde ha caído la bomba y crean como un círculo infernal al que nadie puede entrar y del que nadie puede salir”. Se trata de bombas que caen más despacio por ir sujetas a un paracaídas (de ahí el nombre de 'paraguas'), pero son igualmente devastadoras.

A pesar de la crudeza de la situación, hay quien no desiste en su resistencia al horror. Como el activista sirio Mahmoud Rashwani, quien tiene la oportunidad de refugiarse en Europa, y así lo desea su mujer (ahora más que nunca, ya que hace 9 meses que son padres). Pero él arguye que las en torno a 250.000 personas atrapadas en el cerco del Alepo rebelde no tienen la oportunidad de huir. “Yo me quiero quedar en Siria y ayudarles”, cuenta. “¿Acaso tú no harías lo mismo?”, añade.