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SESIÓN HISTÓRICA EN EL SENADO

Argentina debate entre fuertes tensiones si legaliza el aborto

El 'no' parece partir con ventaja para alcanzar una ajustada victoria de la mano de las provincias más conservadoras

ABEL GILBERT / BUENOS AIRES
08/08/2018

 

Una mujer de 34 años, madre de cinco hijos, quedó internada en grave estado en un hospital de la provincia de Mendoza después de haber atravesado un aborto clandestino. Tuvieron que extirparle el útero pero su vida no está garantizada. Horas antes, en Santiago del Estero, una de las provincias más pobres de Argentina, una mujer de 22 años, madre dos hijas, había fallecido en el Hospital Regional. Tras interrumpir su embarazo contrajo una infección generalizada. Su vida se apagó en la sala de terapia intensiva.

Y antes que ella, las historias de otras dos mujeres que tuvieron la misma salieron a la luz horas antes de que el Senado comience a debatir si legaliza el aborto. La votación aparece otra vez muy reñida. A pesar de las gigantescas movilizaciones que lidera el movimiento feminista, y de los llamados que hicieron artistas e intelectuales de prestigio a los senadores para que respalden la iniciativa, el desenlace podría ser amargo. El no tendría garantizada su ajustada victoria, de la mano de los legisladores que representan a las provincias más conservadoras, en aquellas donde se dieron los recientes casos fatales. En junio pasado, el inicio de los trámites se aprobó en medio de una votación muy reñida.

En medio de la euforia, el Senado dio entonces señales de que el triunfo del sí simbolizado en las calles con el color verde, sería imparable. Pero comenzó a presionar la Iglesia Católica y el horizonte de esperanza se modificó. La senadora kirchnerista Silvina García Larraburu ha decidido desobedecer a la misma Cristina Fernández de Kirchner y votar en contra. El proyecto, descubrió repentinamente, "es malo·, responde "a intereses económicos extranjeros" y, además, los pobres en Argentina "no abortan".

Un aborto cada 90 segundos 
El aborto es, sin embargo, la principal causa de mortalidad materna en más de la mitad de un país sin estadísticas fiables, y donde se calcula que cada minuto y medio, en una clínica clandestina, por lo general precaria, tiene lugar una intervención. Argentina sancionó una ley de divorcio en 1986 a pesar de las fuertes presiones eclesiásticas. Casi un cuarto de siglo más tarde entraron en vigencia el matrimonio igualitario y la ley de igualdad de género. Pero el derecho a un aborto legal, seguro y gratuito encontró resistencias en las cúpulas partidarias.

Todavía rige una normativa de 1921.  La legislación contempla entre uno y cuatro años de cárcel para quienes deciden interrumpir un embarazo. Seis años atrás, el Tribunal Supremo autorizó que se realice en caso de violación o de grave riesgo para la madre. En los hospitales públicos se registran 53.000 internaciones de esas características. Sin embargo, solo 8 de las 25 provincias establecieron protocolos de atención hospitalaria para los abortos no punibles.

Los versos de García Lorca
Las discusiones públicas sobre los derechos reproductivos alcanzaron una dimensión inusitada como resultado de un profundo cambio cultural resumido en uno de los versos del Romance Sonámbulo de Federico García Lorca: "verde que te quiero verde". Lo que comenzó con las multitudinarias marchas para denunciar el feminicidio y la discriminación de género creo las condiciones políticas para volver a discutir otra vez un asunto siempre postergado.

egún diferentes sondeos, un 70% de los menores de 35 años y un 70% de las mujeres apoyan la despenalización del aborto. El movimiento ha recogido simpatías en distintas ciudades del mundo. Sobre la tumba parisina de Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre fue dejado un pañuelo verde y una nota: "Que sea ley". Amnistía Internacional publicó un aviso de página completa en la contraportada de la versión internacional de The New York Times, que lució toda verde para expresar la misma petición. "El mundo les está mirando", le recordó la organización a los senadores con dudas.

El llamado a los legisladores tuvo también visos desesperantes. Ester Szlit, una médica ginecóloga y especialista en fertilidad de 67 años, escribió una carta abierta en la que recordó cómo es su trabajo en la periferia bonaerense desde hace más de cuatro décadas. "Hemos visto muchas mujeres morir por una enfermedad llamada Mondor, que es un aborto séptico en mujeres jóvenes, en general con hijos pequeños, que no podían afrontar otro embarazo. Mueren debido a que el aborto no se hace en condiciones de asepsia como corresponde. ¡Eso es terrible!...Yo no estoy a favor del aborto como método anticonceptivo. Imagínese, me dedico a tratar gente  que sufre de infertilidad. Yo estoy a favor del aborto legal, gratuito y seguro para las mujeres que lo vayan a hacer de cualquier forma. Estoy en contra del aborto clandestino porque lleva a la muerte”.

LOS ARGUMENTOS CONSERVADORES

Los que están a favor del no también han salido a la calle con sus cruces, vírgenes y pañuelos celestes.  Para ellos, Abel Albino, un médico pediatra, miembro del Opus Dei​​ y creador de la Fundación Cooperadora para la Nutrición Infantil, es un verdadero adalid de la causa. Al fundamentar su rechazo ante los senadores, Albino, quien recibe fondos millonarios del Gobierno, les aseguró que "el profiláctico no protege de nada a la niñita" y el virus del VIH es capaz de atravesar "la porcelana".

En las vísperas de la votación, la Iglesia católica redobló su llamado a frenar la ola verde. "Hoy vivimos en nuestra nación serios desafíos. Pero ninguno es tan serio y grave como el que tienen en sus manos los legisladores del honorable Senado. Todos sabemos que se juega la aventura de niños y niñas concebidos y que esperan nacer en el vientre de sus madres. El proyecto de ley que abona la interrupción voluntaria del embarazo, de aprobarse, pone a los indefensos y vulnerables seres humanos que se están gestando en un camino sin salida. Excluidos de la legítima defensa, sin juicio, ni proceso. Sólo les corresponderá el deber de aceptar morir sin más", dijo el arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli.