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LA REALIDAD DE UNA CAPITAL EUROPEA

Las dos Bruselas

La capital de la Unión Europea (UE) y sede de la OTAN, sacudida esta semana por el yihadismo, es una metrópolis desestructurada, con claroscuros y una enorme desigualdad social. Esta sombría realidad solía escapar hasta ahora a la percepción del visitante e incluso de buena parte de sus residentes, sumergidos en la burbuja europea funcionarial, diplomática y de los negocios.

 

Las dos Bruselas -

ELISEO OLIVERAS
26/03/2016

Más allá de las instituciones internacionales, de la belleza de la Grand-Place y de la joie de vivre que desprenden sus restaurantes y cafés, existe otra Bruselas pobre, desfavorecida, con una enorme población de origen magrebí, donde se ha dejado germinar y florecer la semilla del extremismo islámico, que esta misma semana ha dado lugar a los sangrientos atentados del aeropuerto de Zaventem y del metro.

La ineficacia de los servicios de inteligencia belgas, la servidumbre económica hacia Arabia Saudí que promueve el extremismo islámico wahhabita-salafista en el país y el clientelismo político para no perder un voto de la numerosa comunidad musulmana nacionalizada han transformado a Bruselas en uno de los focos del yihadismo europeo.


La capital belga es una ciudad intrínsecamente fracturada. Para empezar, sus 1,17 millones de habitantes viven repartidos entre las 19 ciudades distintas -cada una con su propio alcalde, sus propios servicios municipales y seis distintas policías locales- que la conforman.

EL CENTRO HISTÓRICO


Bruselas estrictamente es solo el centro histórico, el pentágono que rodeaban las antiguas murallas, más unas prolongaciones arbitrarias en sus extremos de origen especulativo (avenidas Louise y Roosevelt y el barrio europeo) y económico (la absorción de Laeken, Haren, Nader-Over-Heembeek, que conectaron la capital con la residencia real y el puerto industrial del canal).

Alrededor de ese núcleo histórico central se extienden los demás municipios que forman la region capital belga y lo que convencionalmente se entiende por Bruselas: Anderlecht, Auderghem, Berchem-Sainte-Agathe, Etterbeek, Evere, Forest, Ganshoren, Ixelles, Jette, Keokelberg, Molembeek, Saint-Gilles, Saint-Josse-ten-Node, Schaerbeek, Uccle, Watermael-Boitsfort, Woluwe-Saint-Lambert y Woluwe-Saint-Pierre.

CIFRAS ENGAÑOSAS


Bruselas, al albergar las sedes sociales de los bancos, las principales empresas del país y numerosas multinacionales, ofrece unos datos económicos distorsionados sobre el nivel de renta real de sus ciudadanos. El producto interior bruto (PIB) per cápita asciende a 62.000 euros anuales, más del doble de la media de la UE, según indican los últimos datos de Eurostat.

Ese nivel de renta regional es el tercero más elevado de la UE después de Londres y Luxemburgo, pero enmascara una realidad completamente distinta. Los ingresos netos disponibles por habitante en Bruselas se limitan a 17.600 euros anuales en el 2015, un 9,3% por debajo de la media de Bélgica y un 16% por debajo la media de Flandes, según el Institut pour un Développement Durable.

Además la capital belga concentra los tres municipios con menores ingresos disponibles por hogar de todo el país: Saint-Josse-Ten-Node, Molembeek y Schaerbeek, según el Servicio Público Federal de Finanzas. En esos municipios, junto a una parte de Bruselas-centro, es donde reside la mayor parte de la población de origen magrebí.

TASA DE PARO


La capital belga también se distingue por el triste privilegio de tener la tasa de paro regional más elevada de todo el país: el 18,2% el pasado febrero, comparado por el 7,9% de media belga, según los datos oficiales. La cifra real, no obstante, supera el 20%, ya que de las estadísticas se han excluido a quienes habían agotado los tres años de prestaciones de inserción. Un tercio de los habitantes tiene unos ingresos por debajo del umbral de la pobreza y el 22% viven en hogares sin ningún ingreso porque no trabaja nadie.

El 51,8% de los que trabajan en Bruselas residen en las poblaciones de la periferia de la capital, donde las viviendas son más baratas y la vida familiar resulta más acogedora, según un estudio reciente del gobierno regional. Por ello, la capital belga sufre una penuria endémica de recursos financieros, ya que esas personas pagan sus impuestos en Flandes o en Valonia. Esa carencia de fondos públicos adecuados ha contribuido a la pauperización de un tercio de la población bruselense y la marginalización de amplias zonas de Bruselas, Molembeek, Anderlecht, Schaerbeek y Saint-Josse.

CUATRO GOBIERNOS


La falta de recursos es fruto también de la cicatería del Gobierno federal, de la política de austeridad y del pulso entre flamencos y francófonos por el control de la capital belga. Bruselas, cuya población es francófona en un 90%, es también la codiciada capital flamenca y la sede del Gobierno y el Parlamento regional de Flandes. Bruselas tiene la particularidad de albergar cuatro gobiernos (federal, regional de Bruselas, regional de Flandes y de la comunidad francófona) y cuatro parlamentos (federal, flamenco, bruselense y comunidad francófona).


Como capital de la UE y sede de la OTAN, Bruselas cuenta 40.000 personas trabajando para la UE y sus organismos, 20.000 lobistas, miles de ejecutivos multinacionales, 13.500 empleados en organizaciones internacionales o intergubernamentales ajenas a la UE, 22.700 estudiantes en escuelas internacionales y un millar de periodistas, según un informe del Gobierno regional de Bruselas.

Asimismo, el favorable sistema fiscal belga para los rentistas y los grandes patrimonios ha potenciado que muchos europeos con grandes fortunas, en especial franceses, escogieran la capital belga como lugar de residencia.

NUMEROSAS EMBAJADAS


La mayoría de los países europeos, como España, tienen tres embajadas en la capital belga: ante la UE, la OTAN y Bélgica. Las representaciones diplomáticas en Bruselas superan las 180. Por ello, la capital belga cuenta con 5.400 diplomáticos, casi el doble que Washington. Su dimensión internacional también ha convertido a la capital belga en la sucesora de Berlín como centro del espionaje mundial tras el fin de la guerra fría. A los tradicionales objetivos políticos y militares se han sumado los intereses económicos y tecnológicos, como detalló el periodista de investigación Kristof Clerix en su libro 'Les services secretes étrangers en Belgique'.

Todo ello convierte a Bruselas en una ciudad de extranjeros. El 22,5% de sus 1,17 millones de habitantes tienen la nacionalidad de otro país de la UE, el 33% son extranjeros (UE y resto del mundo) y el 55,8% tenían al nacer una nacionalidad extranjera. De estos últimos, casi el 23%, en su mayoría magrebís, se ha nacionalizado belga.

El mundo cosmopolita de los eurofuncionarios, diplomáticos, lobistas y ejecutivos que habitan en las mejores zonas de la capital choca no solo con los barrios desfavorecidos de la inmigración, sino también con los belgas menos afortunados, que reprochan a esta inmigración de lujo el encarecimiento del coste de la vida y de la vivienda en la capital, debido a sus inalcanzables niveles retributivos.

ASALTOS A LAS COMISARÍAS


La falta de recursos y la desidia policial han provocado en las últimas décadas la proliferación de zonas fuera de la ley en los barrios más pobres. En el 2009, por ejemplo, un grupo destruyó con botellas incendiarias la comisaría de Cureghem en una zona conflictiva de Anderlecht. Las autoridades tardaron más de dos años en reconstruirla y, desde entonces los ataques a otras comisarías han continuado.

A principios de la década de los 80, cuando España ultimaba las negociaciones de adhesión a la UE, apenas se veía una mujer con el pañuelo islámico en las calles de Bruselas. Ahora, barrios enteros de la capital parecen extraídos de un país integrista árabe y la capital belga cuenta ya con una población musulmana que representa entre el 26% y el 33%, según los estudios.

Este cambio cultural radical es consecuencia del activo proselitismo realizado por Arabia Saudí desde la Gran Mezquita y el Centro Islámico de la versión extremista wahhabita-salafista, que rechaza los valores europeos y los considera contrarios a la fe islámica. La expansión del extremismo islámico, la proliferación de mezquitas salafistas en Bruselas y sus simpatías hacia el yihadismo han creado una amplia red social que han convertido al país en el mayor exportador europeo de combatientes a Siria (en porcentaje de su población). Sin ir más lejos, esa misma red social facilitó que Salah Abdeslam pudiera eludir a la policía durante cuatro meses, pese a ser el hombre más buscado tras los atentados de París.