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SIGNIFICATIVA VISITA A PEKÍN

Duterte escenifica el giro de Filipinas hacia China

El alejamiento de EEUU por parte del presidente filipino cambia el equilibrio geoestratégico en el Pacífico

 

Rodrigo Duterte. - AFP / NOEL CELIS

ADRIÁN FONCILLAS
18/10/2016

La diplomacia atribuye al orden de las visitas oficiales un significado estratégico. Rodrigo Duterte, elegido tres meses atrás, es el primerpresidente filipino en décadas que pisa antes Pekín que Washington. Pero las sutilezas interpretativas son superfluas con Duterte. En las semanas anteriores ha mandado a Barack Obama al infierno y aludido a su madre, ha recordado que no es una marioneta de EEUU y se ha lanzado a los brazos de China.

El tifón Duterte ha llegado este martes a Pekín y amenaza con revolver el equilibrio de fuerzas en el Pacífico, donde las dos superpotencias se discuten la hegemonía global. En China se percibe la excitación por los nuevos tiempos. Hasta cuatro artículos le dedica a la visita la sección de opinión del diario ultranacionalista 'Global Times', un tradicional martillo contra el antecesor de Duterte. Las relaciones con Pekín se hundieron durante la presidencia de Benigno Aquino: equiparó a China con la Alemania nazi, llevó los conflictos territoriales a la justicia internacional y estrechó los vínculos militares con Washington. “Las nubes se están disipando, el sol ya se alza en el horizonte y brillará en este nuevo capítulo de nuestras relaciones bilaterales”, resumió en la víspera del viaje el embajador chino en Manila, Zhao Jianhua. Duterte recordaba esta semana que su abuelo era chino y sostenía: “Solo China nos puede ayudar”.

 

ACUERDO MILITAR


El viraje desvela a EEUU. Las críticas de Obama a la sangrienta lucha antidroga ensancharon la brecha y Duterte ha advertido que comprará armas a China y Rusia si Washington se las niega. Ya negocia un acuerdo militar por 25 años con Pekín y la compra de helicópteros de guerra a Moscú.

“En algún momento romperé con EEUU”, advirtió en una sinagoga de Manila. Supondría un giro copernicano después de que EEUU haya usado sus bases militares y entrenado y armado a sus tropas durante décadas. Duterte ha amenazado con expulsar a las Fuerzas Especiales estadounidenses que contribuyen a la lucha contra el terrorismo en el sur y jubilar los ejercicios militares anuales conjuntos que irritan a Pekín.

La beligerancia nacionalista de Duterte sobre los conflictos territoriales se ha transformado en pragmatismo. En las elecciones había prometido que él mismo llevaría una bandera filipina a las islas en moto acuática y hoy ignora el laudo internacional que ratificó la postura de Manila y negó los derechos históricos chinos. No es descartable que el levantisco y asilvestrado Duterte cohabite con un hombre de Estado que domina las sutilezas de la 'real politik' y pretende sacar de una vez a Filipinas de la cola asiática tras una pléyade de políticos incapaces. La guerra con China solo conduciría al desastre, ha admitido. “Sí, tenemos ese laudo. Puedo entrar en cólera porque nuestras islas han sido ocupadas. La otra opción es hablar. ¿Qué crees que pasaría si nuestro país entrase en guerra con China? Es mejor hablar”, razonaba recientemente en una entrevista con Al Jazira.

 

AMBICIOSO PLAN DE INVERSIONES


La sintonía, en cambio, solo ofrece beneficios. Pekín rompe el cerco atosigante de EEUU en la zona y Manila recibe inversiones y ayuda en la guerra contra la droga. Cientos de empresarios acompañan a Duterte en su viaje a Pekín para firmar millonarios contratos y conseguir la financiación que requieren las antediluvianas infraestructuras filipinas. El desarrollo de un país es quimérico sin comunicaciones y China ha ofrecido inversiones en un ambicioso plan de ferrocarriles. “Tengo la sensación de que China realmente quiere ayudarnos… Os prometo que construiré hospitales y colegios con los créditos que nos den”, afirmaba Duterte en un discurso reciente.

Aquella célebre mención maternal arruinó las relaciones con Obama. Los perfiles de Duterte y Xi Jinping, presidente chino, predisponen al encuentro. Ambos son más poderosos y resueltos que sus predecesores y con gruesa piel contra las críticas globales.