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COMICIOS CLAVE

Erdogan, la figura que divide a Turquía

Los 16 años de mandato del dirigente tienen una gran acogida entre los turcos más religiosos y una intensa contestación en los sectores más seculares

ADRIA ROCHA CUTILLER
24/06/2018

 

Resmiye se queda sin palabras para hablar de él. Empieza una frase pero luego se trastabilla. Lo intenta de nuevo pero no le sale: se emociona. "Me resulta difícil expresar lo que siento. Es fantástico. Toda la bonanza de este país es gracias a él. Turquía es lo que es gracias a nuestro líder, Recep Tayyip Erdogan. No sé si consigo explicarme", dice Resmiye, ya aliviada por haberlo conseguido.

Resmiye vive en Estambul, en el barrio de Kasimpasa, donde nació y creció el presidente turco. El barrio es una zona de clase media-baja, habitado por inmigrantes de toda la península Anatolia, que se asentaron en la ciudad a mediados del siglo pasado. La vida en Kasimpasa, en los últimos años, ha mejorado enormemente. La devoción por Erdogan aquí es total.

"Tenemos hospitales cerca para ir si tenemos algún problema y no hay colas en las farmacias", dice Sevnem, propietaria de una tienda de ropa del hogar en el barrio de Kasimpasa, en Estambul. "Antes de Erdogan, las calles estaban muy sucias y muchos niños cogían infecciones por jugar al lado de la basura. Ya no pasa: Kasimpasa y la ciudad están limpias", añade. Durante sus 16 años al frente del gobierno, Erdogan ha comandado Turquía a una época de bonanza económica. El nivel de vida de los turcos ha mejorado; y las carreteras, aeropuertos, hospitales y recursos de transporte público se han multiplicado.

ero sus críticos, ahora, dicen que se le ha acabado el fuelle. Que no tiene proyecto a largo plazo: "Todo lo que propone son infraestructuras. Edificios, edificios y edificios. Ese es su programa. ¿Qué futuro da eso? Los jóvenes quieren irse del país porque aquí no hay trabajo. Erdogan ha hecho cosas buenas por el país, es cierto. Pero ahora necesitamos más ciencia, innovación; no más aeropuertos", dice Necattin, kurdo del este emigrado, media vida atrás, a Estambul. Necattin, revela orgulloso que ha votado al candidato opositor, Muharrem Ince.

El Pueblo
Erdogan nació en Kasimpasa en 1954 y fue a la escuela cuando, en Turquía, ser creyente era un problema. Hijo de una familia humilde, conservadora y religiosa emigrada a Estambul, el presidente turco cursó sus estudios en una escuela islámica en una época en que hacerlo significaba tener un estigma encima.

Ahora es justo lo contrario y Resmiye se enorgullece de ello. Su hijo va a la misma escuela a la que iba el presidente y, dice ella, es por estas cosas por las que los turcos adoran a Erdogan. "Nos encanta tener a alguien como nosotros en el gobierno. Él forma parte de nosotros. Él es el Pueblo", explica.

No todos los turcos lo adoran. Turquía, durante sus 16 años de mandato, se ha ido polarizando con el paso del tiempo. Una mitad, la más creyente, está enamorada de Erdogan; la otra, secular, lo odia. En los últimos años el Gobierno turco ha quitado el darwinismo del currículum escolar; y ha restado horas de ciencias para sumar de religión y enseñanza coránica. Erdogan quiere islamizar Turquía y eso pasa por parir una "generación de jóvenes pía".

Superviviente
Erdogan ha sobrevivido a un cáncer de colon y un golpe de Estado. A rivales dentro de su partido, coaliciones imposibles con partidos enemigos y tiempos de atentados terroristas mensuales. Ahora es visto por sus seguidores como un padre colectivo, el líder de la patria, portavoz de los desfavorecidos, protector de los musulmanes.

"Lo único que Erdogan quiere es ayudar. Encontrar un problema y solucionarlo —dice Hakan Kiliç, uno de los dirigentes del partido del presidente, el AKP, en el barrio de Kasimpasa—. Para eso estamos nosotros aquí. Nuestro partido es el nexo entre el poder y el pueblo". Resmiye lo oye y se emociona. Su voz se entrecorta y, no puede evitarlo, habla con una pasión infinita: "Lo queremos tanto… Es el mejor líder del mundo. No existe nadie como él".

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