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MOVIMIENTO CÍVICO EN EL MAGREB

La esperanza argelina

Miles de personas se movilizan para engrosar las protestas con las que buscan un vuelco político y social El Hirak es la mayor movilización popular desde la independencia del país, hace más de medio siglo

BEATRIZ MESA
19/05/2019

 

La cólera argelina tras años de represión y corrupción institucional se concentra cada viernes en la Grande Poste de Argel, la capital. Desde hace tres meses no hay una palabra más escuchada en el país: hirak. Es el nombre en árabe del término movimiento, y sirve para categorizar la mayor movilización popular en el país magrebí desde su independencia, en 1962.

El Hirak es mucho más que una protesta masiva y sistematizada. Se ha convertido en un movimiento que pretende desembocar en el nacimiento de una nueva sociedad. En el corazón de la capital se percibe una nueva ilusión, efímera o no, que ha permitido a la población expresar su hartazgo ante la falta de libertades, reconciliarse con ella misma y hasta, en cierta forma, redescubrirse tras décadas de aislamiento y desconexión con el resto del mundo. "Vas a ir al Hirak?", "Nos vemos en el Hirak!", se escucha constantemente. Los argelinos se aúpan a la energía surgida de la calle como un instrumento de poder y de expresión libre. La calle ha sido el espacio reservado durante medio siglo a las fuerzas de seguridad. Pero las cosas han cambiado. Ahora es el lugar al que los ciudadanos se aferran a la desesperada como única vía de resistencia y de esperanza.

La calle y su masiva movilización han desbancado de la poltrona presidencial al anciano Abdelaziz Buteflika, quien pese a estar muy debilitado por la enfermedad, se disponía a presentar su candidatura por quinta vez. La protesta ha conseguido también desmantelar el clan presidencial y hasta a su partido, el Frente de Liberación Nacional (FLN), que gobernó Argelia en los últimos 50 años y ha permitido la detención de algunos hombres de negocios y figuras políticas acusadas de corrupción.

ROLES

"Este partido debe encerrarse en un museo. Cumplió su rol de liberación de Argelia en el momento de la colonización y desde entonces su función en la vida política se terminó", aseguró Djalal Mokrani, activista y administrador del colectivo de Reunión de la Juventud de Argelia (RJA).

Sus proclamas apuntan con contundencia contra la mafia que lideró el país con la anuencia de la burguesía industrial y con toda una red clientelista que "gangrenó" instituciones, "despolitizó" a la gran mayoría de la población argelina y la confinó a una cultura de dependencia, según Mokrani.

Para el periodista argelino Mahrez Rabia es el resultado de un Estado rentista asentado en el recurso petrolífero: "Nos han educado para ser un pueblo asistido. Comprando la paz social pensaron perpetuarse", ha denunciado a EL PERIÓDICO. "No podemos abandonar la calle porque en experiencias anteriores ha costado muertos, detenciones y represión. Esta vez nos pertenece", ahonda Mokrani.

FRENAR LA MOVILIZACIÓN

El desafío se mantiene pese a la ausencia de un liderazgo del movimiento, aunque se perciben algunas señales de debilitamiento ante las amenazas continuadas del nuevo jefe del Estado, el general Ahmed Gaid Salah. El hombre fuerte del país combina el dedo amenazante con la coordinación de estrategias para contener las protestas y hacerlas desaparecer de la vía pública. La principal es la convocatoria de elecciones presidenciales para el próximo 4 de julio. Si se confirman, se prevé un boicot masivo y, por tanto, un fracaso del oficialismo en las urnas.

"No se pueden convocar unos comicios sin transición", manifestó Mohcine Belabbas, secretario de la formación política de la eterna oposición, la Agrupación por la Cultura y la Democracia. Belabbas no oculta la profunda inquietud que le produce la falta de voluntad del Ejército de transitar hacia un Estado civil en el que "los militares no dispongan de ningún control sobre los asuntos políticos".

Este líder social propone como único camino hacia la refundación del país, la inmediata dimisión del actual jefe de Estado, la disolución de las dos cámaras y la creación de una instancia de transición pilotada exclusivamente por actores de la sociedad civil. Estas reivindicaciones políticas son compartidas por gran parte de una ciudadanía airada como nunca antes.

CORRUPCIÓN

Una lista negra con nombres y apellidos de presuntos sospechosos de participar en asuntos turbios circula en las redes sociales. Más allá de señalar corruptos, es una forma de enviar señales a la población sublevada para evidenciar que se abren tiempos de cambio. El último arresto ha sido el de la secretaria general del Partido de los Trabajadores (PT), Louisa Hanoune, a quien relacionan con el hermano del expresidente de la República, Sadi Buteflika, y de los ex directores de los servicios secretos, los Generales Mohamed Mediane y Atmán Tartag. Todos ellos ingresaron en prisión acusados de "complot contra el Estado".

Sin embargo, la gran mayoría de la población califica estas detenciones de una "estrategia" de la élite militar para deshinchar la movilización y salvar la imagen del Ejército. "Nos creen estúpidos. Ninguno de los detenidos ha podido actuar solo. Han contado con la complicidad de otros estamentos", denuncia Selma, criada en el seno de una familia militar. Ella cree que "están cayendo cabezas de turco" por decisión del actual jefe de Estado, Ahmed Gaid Saleh, quien está resolviendo "ajustes de cuenta personales" bajo el pretexto de dar respuesta a la reivindicación popular.Cada semana las protestas alcanzan un mayor grado de vértigo y emplazan al poder a dar respuestas que vayan más allá del gesto de cara a la galería o de palabras volátiles. Mientras tanto, la calle seguirá siendo de los jóvenes, los mismos que desde el pasado 16 de febrero, cuando estalló la movilización popular, no volvieron a pronunciar la palabra harraga. Define al que quema la frontera en una embarcación ilegal buscando cumplir su sueño, en Europa. Por el momento, han decidido que se quedan en Argelia.