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AUMENTO DEL CRIMEN ORGANIZADO

La mafia aprochecha las revueltas en el sur de Italia para reforzar su poder

El paro económico en esta parte del país, donde más de 4 millones de personas trabajan en negro, ha facilitado la infiltración del crimen organizado en el dinero de ayuda que procede del Estado

 

Protesta de los presos de la cárcel de Poggioreale, Nápoles. - EFE / CIRO FUSCO

ROSSEND DOMÈNECH
02/04/2020

Emergencia sanitaria, social y mafiosa. La primera, algún día terminará, aunque no todo vuelva a ser como antes. La segunda, las revueltas en el sur de Italia, donde muchos pasan hambre por el paro forzado de empresas, en las que cuatro millones trabajaban en negro, pasará del todo. La razón, según las fuentes oficiales, es que las rebeliones se producirían por presiones de la tercera emergencia, las mafias.

¿Me pregunta qué es un ventilador pulmonar? No sabría decirlo, me ocupo de otras cosas. Así respondió Domenico Pallaria de Curinga, jefe de la Protección Civil de Calabria a los entrevistadores de Report, programa de puntero de la RAI. Al día siguiente dimitió, o fue cesado, por no saber nada sobre el aparato indispensable para salvar la vida de los contagiados agudos de covil-19. Su jefa, la presidenta de la región, Jole Santelli, sabía menos todavía. Me dijeron que nombrase a alguien y lo hice, declaró seráfica. Los reportajes nacionales muestran con frecuencia los hospitales a medio construir, o bien construidos y sin aparatos ni pacientes. O sin camas, simplemente.

En un informe del 31 de enero de este año, un mes antes de la declaración del primer caso de contagio, el ministerio de Sanidad ya había apuntado que Calabria es la peor organizada para hacer frente a la que entonces era una eventual epidemia.

A mitad de marzo, se hizo popular un video en el que aparece un padre dando una rebanada de nocilla a su hija. Si mi hija no podrá comerla, asaltaremos los supermercados, decía. Efectivamente, pagó el pato un supermercado de la cadena alemana Lidl, en el que algunos clientes practicaron lo que en los años sesenta se llamaba la compra proletaria: llenas el carrito y te vas sin pagar. No tenemos dinero y tenemos hambre, dijeron.

Para este viernes sendos grupos de Facebook, Noi (nosotros) y Revolución Nacional, han anunciado rebeliones al son de Queremos recuperar lo que nos quitan. Pasadas las primeras semanas de contagios y con el país cerrado, varias farmacias del sur fueron asaltadas, siempre al grito de tenemos hambre. Al comedor social abierto por el alcalde de Palermo, Leoluca Orlando, llegaron de repente 800 personas más de las habituales, sumando 1600 en total. Atentos al sur, puede explotar, decía entonces Giuseppe Provenzano, ministro para el Sur. Añadía que hay que actuar rápido, porque esá en riesgo el orden democrático.

Interior y Copsair (comisión parlamentaria de control de los servicios secretos), ya habían sido alertados días antes por los servicios secretos, que a su vez habían informado al Gobierno, de que existe un potencial peligro de revueltas y rebeliones, espontáneas y organizadas, principalmente en el sur, donde la economía sumergida y la presencia de las mafias son los dos principales factores de riesgo.

Bonos de comida

El temido binomio emergencia sanitaria + emergencia social ha sido atajado por el Gobierno nacional a fines de marzo, aprobando 2.500 millones de euros para los ayuntamientos y 400 millones específicos para bonos de comida a quienes no gocen de ningún subsidio. Puede parecer mucho o poco, pero la realidad es otra: este año ya han sido disueltas cinco juntas municipales por infiltraciones mafiosas, 21 en el 2019, 553 desde 1991 hasta el pasado 25 de marzo. Y uno se pregunta a donde irá a parar lo presupuestado por el Gobierno.

El negocio de las mafias Cosa Nostra, Ndrangheta y Camorra en tiempos del covid-19 apunta a consolidar su poder, según explica Nicola Gratteri, fiscal jefe de Catanzaro y presidente de la Dirección Antimafia de Districto (DDA) . Es el mayor especialista mundial de la Ndrangheta, la mafia de la región de Calabria.

Según el magistrado, la clave sería la usura. El problema de la elite de la Ndrangheta no es la riqueza, sino justificarla, por lo que, prestando bajo forma de usura, incluso con intereses bajos, consiguen a través de testaferros entrar en la economía legal, como restaurantes, pizzerias, hoteles.... Y así se presentan como benefactores, añade Gratteri. A los trabajadores en negro unos 300.000 en el sur, según Istat y sindicatos las mafias pagan 30 euros por día, también en negro. Y cuando llegan unas elecciones pasan a cobrar con el voto.