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EL PROTAGONISTA

Medvédev, el jardinero fiel de Putin

La lealtad, la disponibilidad y la incapacidad de erigirse en alternativa han sido los factores que han propulsado la carrera política del hasta ahora primer ministro ruso

 

El hasta ahora primer ministro ruso, Dmitri Medvédev. - YEKATERINA SHTUKINA (AFP)

MARC MARGINEDAS
15/01/2020

Para los amantes de la 'kremlinología' y la bizantina política de Rusia, el documental 'Los testigos de Putin', recientemente estrenado en Barcelona, es una herramienta básica para comprender los actuales movimientos en el seno del poder ruso. La cinta recopila el material filmado por el cineasta Vitaly Mansky en los meses anteriores y posteriores a la llegada de Vladímir Putin al poder en el 2000, cuando se le permitió filmar muy de cerca los primeros pasos del hombre que iba a gobernar el país más extenso del mundo durante dos decenios, un acceso inimaginable para cualquier reportero a día de hoy.

Entre los muchos aspectos interesantes de la cinta --laureada con numerosos premios internacionales-- se encuentra también la proximidad de la cámara respecto a otros personajes que jugarían papeles relevantes, incluyendo al futuro presidente y primer ministro, Dmitri Medvédev. El dimitido jefe del Gobierno aparece con los carrillos rellenos, algunos kilos de más y siempre en segundo plano respecto a Putin, brindando con vino para celebrar la victoria de su jefe en las presidenciales del 2000, cuya campaña electoral había dirigido.

LEALTAD Y DISPONIBILIDAD

Todos los observadores coinciden en que la lealtad, disponibilidad y, por consiguiente, su incapacidad para erigirse en alternativa política, han sido los fundamentos que han propulsado la carrera política de Dmitri Anatólievich Medvédev, nacido hace 54 años en Leningrado, hoy San Petersburgo, y convertido, en el 2008, con solo 42 años de edad, en el presidente más joven de la Historia de Rusia.

Porque nadie pone en duda que Medvédev jamás habría llegado a la cúspide del Kremlin si no hubiera sido sometido previamente a una prueba de fidelidad por parte de su predecesor, Vladímir Putin, a quien la Constitución no permitía presentarse a la reelección, como sucede en la actualidad. Solo alguien como Medvédev, de lealtad garantizada, podría calentar la silla a su superior durante cuatro años, mientras este ejercía de primer ministro, para luego intercambiarse los cargos respectivos en el 2012, una vez superado el veto constitucional.

Pese a que Rusia es un sistema presidencialista y el primer ministro está en teoría subordinado al presidente, durante aquellos años todo el mundo supo quién se hallaba al frente del puente de mando. Una escena, tomada por la televisión rusa durante los pavorosos incendios que afectaron al país en el 2010, lo puso bien de relieve. En un informativo, ambos aparecían hablando por teléfono a la vez, ocupando sendas mitades de pantalla, Medvédev desde el Kremlin y Putin junto a un bosque ardiendo. En un momento, el primer ministro interrumpe la conversación y propone, casi en tono de orden, una serie de medidas al jefe del Estado que este acepta de inmediato.